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Ayer fue mi 12mo cumpleaños y recibí un gran regalo de mi madre. Lo gracioso es que ella no sabe que me dio lo que quería.
Más o menos cuando cumplí 10 descubrí cuánto me podía divertir con mi pene. Casi que lo desgasté. Y entonces recibí un computador. ¿Qué tiene que ver un computador con mi pito? ¡Todo! Ahora bien, mi madre es una excelente persona, pero no tiene ni idea de las cosas chéveres que se encuentran en Internet. Pobrecita ella, pensó que un computador me ayudaría con el colegio; en cambio prácticamente me hizo reprobar. Pronto descubrí los grupos de noticias. Después de ver todos los desnudos y no sentirme muy entusiasmado, di con la dominación. Me imaginaba a mí mismo atado e indefenso ante alguien trabajándome la verga y las bolas. Había encontrado mi lugar. Pronto, todo mi tiempo se iba en buscar porquerías más y más raras. Cuanto más raras mejor. Entonces descubrí el Archivo Eunuco. Pues bien, no tengo 18, pero ¿quién sabrá y a quién le importa? Mi mamá no sabía de Net Nanny ni nada de eso. Así que ahí estaba, ya enganchado a la dominación, y aparece todo este buen material de hombres perdiendo sus partes. Esto fue material masturbatorio que no pude dejar. Todo mi mundo de fantasía cambió de la dominación a la castración. Y entonces leí "Cowboys and Indians". Ahora estaba enganchado a la penectomía. Me imaginaba a mí mismo atado, con algún lindo hombre o mujer, no me importaba cuál de los dos, aserrando lentamente mi pene. Suficiente historia, veamos lo de ayer. Como dije, ayer fue mi cumpleaños, y todos mis cumpleaños mi madre me lleva al doctor para mi chequeo anual. Ahora bien, esto ante siempre fue un dolor de bolas, pero el año pasado todo cambió. Nuestra médica es una mujer guapa, de al menos 30 años. Bien, el año pasado cuando me hubo desnudado me excité. Cuando me tanteó los huevos y el pito, se me paró. Ella y la enfermera se rieron de ello y pensaron que era lindo. Yo estaba más avergonzado que el carajo, pero aun me entusiasmé de que me tocara las partes. Lo que sí me excitó mucho fue imaginarlas quitándome el pene. Así que este año estaba esperando con ganas el chequeo. Por supuesto que protesté y me quejé de ir, pero en el fondo tenía muchas ganas de que me vieran desnudo de nuevo. Tuve un montón de fantasías salvajes con que me encontraran algo mal en la verga y tuvieran que quitármela. Me la froté hasta casi sacarle chispa en los días anteriores a la cita. Cuando llegamos al estacionamiento de la clínica mi pito comenzó a despertarse. Realmente esperaba con ansias esta cita. La sala de espera estaba llena, como siempre. Nuestra médica se especializaba en niños, y parecía que la mitad de los de mi escuela estaban en la sala de espera. Saludé a algunos de los niños y me senté junto a Alicia Cummings. Ella estaba en mi curso y había estado en muchas de mis fantasías. Si tan sólo supiera cuántas veces me había cortado el pene. Para entonces ya lo tenía durísimo. Mi pequeña y sucia mente estaba imaginando toda clase de cosas. Sentí a mi madre empujarme y señalar la puerta. Estaban listos para nosotros. Entré a la sala de exámenes y mamá me siguió. Esto era nuevo. -Quiero hablar con el doctor-, dijo. Esto fue un giro inesperado. No quería que mi madre me viera con una erección, pero no podía hacer que la maldita cosa me bajara. -Bien, quítate la ropa y alístate para el doctor-, dijo mamá. -¡Pero estás aquí! -Gran cosa, ya te he visto el trasero antes-. Sí, me había visto el trasero y ahora me iba a ver el pene duro, pensé. Pero qué carajos, me tengo que desvestir. Ahora era diferente; antes entraba solo, me quitaba la ropa y esperaba a la médica y a la enfermera. Si me veían el pene, era parte de la diversión. Con mi madre aquí podría ser vergonzoso. Vergüenza o no me desvestí, dándole la espalda a mamá. Este maldito aparato todavía no bajaba. La doctora y la enfermera entraron, nos hablaron, y procedieron a examinarme. Lo usual, me auscultaron el corazón, me tomaron la presión, etc, etc. Nada emocionante todavía. Mamá le había dado una mirada furiosa a mi pene parado, pero no dijo nada. Sólo meneó la cabeza. Entonces la doctora comenzó a palparme las bolas. Mi pene subió aún más; ella lo tomó y lo miró detenidamente. -Brian, ¿qué te has estado haciendo en el pene? Está irritado y rojo"-. ¿Cómo responder a eso? -N-n-no lo sé-, tartamudeé. -Eso es de lo que quería hablarle-, le dijo mi madre a la médica. -Su trabajo escolar ha deteriorado, sus notas son malas, y todas las noches lo único que oigo de su cuarto es la cama crujiendo. Creo que se la pasa constantemente jugando con esa cosa-. -Bueno, sí parece haber sido maltratado un poco-, respondió la doctora. La enfermera se rió por lo bajo. Para entonces estaba intentando taparme la parte culpable con las manos. Esto no estaba saliendo para nada como lo había imaginado. -Brian, corre las manos para que el doctor pueda ver-, me regañó mamá. Yo negué con la cabeza y me lo agarré más fuerte. -Enfermera, encárguese de eso, ¿quiere?-, dijo la doctora. La enfermera me tomó las manos y las amarró detrás de mí. Ahora mi pipí rojo y maltratado estaba expuesto de nuevo al mundo. -¿Qué puede hacer, doctora? ¿Dejará de jugar con su pene?-, preguntó mamá. -Sí, en unos treinta o cuarenta años-, respondió la doctora. -¡Pero está suspendiendo en la escuela!-, rogó mi madre. -¡Tiene que hacer algo!- -Bueno, hay una forma segura de detenerlo. -¿Cuál es? -Bien, es algo drástica. -No me importa, tiene que parar. -Es una medida extrema. -¿Cuál es? -¡La remoción! Había estado ahí parado oyendo todo esto sin poner mucha atención. Y entonces oí "drástica", "extrema" y "remoción". Eso capturó mi atención. Mi pene finalmente se estaba ablandando, pero con "remoción" se volvió a parar. Ahora bien, la fantasía es una cosa, y hablar de quitármelo me excitó, pero seguramente mi madre no las dejaría. ¿O sí? -¿Quiere decir cortarlo de raíz? -Ah, le dejaríamos tres centímetros. El pene de Brian tiene unos diez centímetros ahora, así que si le dejamos tres crecerá un poco más. En realidad tendrá sólo lo suficiente para hacer pipí. Tendrá que sentarse, eso sí, pero podrá todavía apuntar. Podríamos amputarle todo, raíz incluida, pero eso es complicado; en cambio, sólo le cortamos la mayor parte y lo mandamos a casa. Tengo entendido que no duele tanto. Estará recuperado en un par de semanas. Esto se ponía serio. Me horrorizaba la idea de perder la verga, aunque nunca había estado tan excitado. La sola palabra "cortar" me excitó. ¿Qué haría mi madre? Quería que detuviera esta locura, pero también quería que dijera "háganlo". -Brian, lo siento, pero tu futuro es demasiado importante como para dejárselo a tu "aparato". Bien, doctora, ¿cómo va a hacer la operación? -No es tanto una operación. Simplemente lo llevamos al quirófano y se lo cortamos. Yo me quedé estupefacto. No podía hablar. Quería rogar por mi pene, ¡no me hagan esto!, y sin embargo, este era mi sueño hecho realidad. Mi pene estaba dolorosamente duro. Estaba ahí parado, apuntando hacia afuera, latiendo y dando saltitos. Tenía mente propia, y quería morir. -Mire eso-, dijo la joven enfermera, -le vamos a cortar el pene y todavía lo tiene parado-. -Eso es normal-, respondió la doctora. -Además nos queda más fácil cortar la cantidad correcta-. -¿De verdad se lo van a cortar?-, preguntó mi madre. -Si quiere que deje de masturbarse, tenemos que hacerlo. -Está bien, si es la mejor manera. Adelante. Así sería entonces. Fantasía realizada. No más pene. Sintiendo miedo y emoción esperé a la siguiente movida. -Ven, Brian, no nos vamos a demorar-, dijo la enfermera. -¿Adónde vamos?-, pregunté. -Al quirófano. Está al otro lado de la sala de espera. -¿No me puedo volver a poner la ropa? -¿Para qué? Te la tendrás que quitar de nuevo. -Pero usted dijo que estaba al otro lado de la sala de espera. -¿Y? -Que la sala está llena de gente. -¿Y? -¡Que me van a ver en pelota! -Sí, y todos te van a ver el pene. Deberías dejarlos mirar, al fin y al cabo es la última ves que podrás mostrarlo. Además les hará algo de bien. -¿Cómo que "bien"? -Bueno, querrán saber qué te va a pasar, así que les diremos que te vamos a cortar el pene para que no te masturbes más. Yo me había excitado fantaseando con humillación y penectomía, pero ¿pasar por una sala de espera llena de niños que ya conocía? Especialmente Alicia Cummings; tal vez ya se había ido. ¿Cómo podría darle la cara a nadie en la escuela después de hoy? Sin embargo, éste fue sin duda el momento más excitante de mi vida. Con sentimientos muy confundidos seguí a la enfermera a la sala de espera. En el preciso instante en que puse pie en ella oí a alguien gritar de asombro y a un niño exclamar -¡mira, mamá, un niño en pelota!-. Todos los ojos se giraron a verme. Vi a Alicia mirando directamente a mi pequeña verga parada. Todos los niños saltaron y nos rodearon. -¿Qué pasa?-, preguntó uno. -Estamos llevando a Brian al quirófano. -¿Para qué? -Le vamos a cortar el pene. -¿Por qué? -Para que deje de masturbarse. Estaba siendo el centro de atención. Poniéndome rojo brillante, pero aún con el pene parado y latiendo. Miré a Alicia y vi que tenía una sonrisa disimulada. Parecía que mi vergüenza la excitara. -Si alguno de los padres cree que esta podría ser una buena lección para sus hijos, pueden dejarlos mirar-, dijo la doctora. -Oh no-, pensé, -no sólo me vieron todos en pelota, además van a ver cómo me cortan el pene-. Esto iba más allá de mis fantasías más locas. Estaba terriblemente humillado, avergonzado, y sin embargo vi que esto era exactamente lo que yo quería. Todos querían ver cómo me lo cortaban. La doctora dijo que el quirófano era demasiado pequeño para que cupieran todos, así que lo harían en la sala de espera. Se fue y volvió con algunas herramientas. No podía quitar los ojos de su mano derecha; tenía unas tijeras. Se arrodilló frente a mí, me lavó el pene con algún desinfectante, y me deslizó una abrazadera por el pene hasta la base. La apretó un poco, se giró a mi mamá y preguntó: -¿Le damos un último orgasmo?- ¡Por favor, mamá, di que sí! No me importaba si todo el mundo estaba mirando, tenía que tener un último orgasmo sí o sí. -Adelante, Brian, vente por última vez-, dijo mi madre. -No puedo con las manos amarradas detrás de mí-, contesté. -Yo lo ayudo-, se metió Alicia, rodeando mi pene con sus tibios dedos. Comenzó a mover su mano lentamente hacia adelante y hacia atrás. Pronto estaba yo empujando con la cadera contra su mano, ella estaba acelerando, y entonces solté mi última eyaculación. Chorro tras chorro, escurriendo por su tibia manita. Pronto se terminó, para siempre. La doctora me limpió de nuevo. Mi pene estaba aún duro como piedra esperando a su ejecución. La doctora me volvió a poner la abrazadera y comenzó a apretarla del todo. Podía sentirla estrujando cada vez más mi pene condenado. Finalmente estuvo todo listo. -Alicia, querida, hiciste un buen trabajo dándole un orgasmo a Brian, ¿querrías hacer los honores?-, preguntó la doctora. -¡Oh sí, por favor!-, dijo Alicia, tomando las tijeras. Esperé, con el corazón golpeando y la verga temblando, mientras Alicia puso las tijeras a unos tres centímetros de la base de mi pene. Observé su mano mientras sus dedos cerraban lentamente las tijeras. Sentí el agudo filo que me comenzaba a penetrar la piel. Ella apretó más fuerte, cerrando las tijeras del todo, y todos oímos un ruido suave al golpear el suelo mi pene. Alicia lo levantó y se lo mostró a todos. La doctora le preguntó si quería quedarse con él; ella dijo que sí así que la doctora lo metió en una botella de algo para conservarlo y se lo entregó. La doctora me llevó al quirófano, me inyectó un analgésico y me cosió. Bien, ese fue mi cumpleaños. Alicia llamó hace poco para saber cómo estaba. Dijo que le parecía divertido salir con un niño sin pene. Especialmente si ella tenía su pene en la casa en un cajón. ¿Quién sabe adónde nos llevará esto? Algún día les contaré cómo nos va a Alicia y a mí...
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