El Niño de Coro (Parte 1)
By: Il Musico (Traducido por Pitter de "The Choirboy)

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Prólogo del original en inglés. Esta no es una historia del tipo "¡hola,! ¡cataplúm! ¡chao!. Es larga. No intente quemarse los ojos tratando de leerla de la pantalla. Le sugiero que la imprima y la goce libremente. Me costó bastante más de un esfuerzo el ponerla por escrito, no sólo por las muchas cosas que son difíciles de expresar, sino también porque mi dominio del inglés es muy limitado y tengo que trabajar con el diccionario. Por favor disculpen mis errores y horrores en el uso de este idioma. Esta es mi primera contribución. Si se advierte suficiente interés en el foro de los relatos, quizá encuentre tiempo y ánimos para seguir escribiendo.


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El Músico.

Traducido por Pitter

Una historia de música, amistad y valor.

¡Hora de levantarse, Peter! La voz de la mamá sonó distante a través de su somnolencia. El conocía su llamada a levantarse con un murmullo indescifrable. Se volvió sobre la cama y trató de desembarazarse de sus sueños y hallarse dentro de un mundo real. Había llegado tarde la noche anterior porque su coro había dado un concierto en una ciudad vecina en la noche, y el volver a casa, desvestirse y acostarse le había tomado también su tiempo. Realmente la escuela no podía comenzar tan temprano, pensó, ¡especialmente después de una noche así! Mejor aún si empezaba más tarde todos los días, digamos a las 10 de la mañana, ¡hora decente para levantarse de día! O mejor aún, no ir a la escuela…

Peter, ¿vas a levantarte o tendré que sacarte de la cama? Casi se había quedado dormido de nuevo. Se incorporó a medias, salió a medias de la cama, y se puso en pie.

¡Ya voy mamá! Se quitó el pijama, lo dejó en un rincón, (ese era su estilo de ordenamiento) y se vistió. Una rápida visita al baño que no fue suficiente para espantarle completamente la modorra, interrumpió su ida a la cocina, donde la mamá ya le había preparado su desayuno. Mientras él comía algo de fruta y pan con jamón, su madre le preguntó cómo había estado el concierto. La cara de Peter se iluminó al contarle a la mamá acerca de él. Habían cantado un programa muy variado, una especie de muestrario de su repertorio. Contenía bastante más de todo desde Ars Nova incluyendo el barroco y obras clásicas, hasta Negro Spirituals, algo de canciones folklóricas de diferentes partes del mundo, e incluso un arreglo coral de una reciente banda sonora de película. No pudo menos que reírse al contarle a la mamá el desbarajuste causado por Tom, un antiguo alumno del último grado que tuvo que cantar un solo de bajo con el coro, y entró a destiempo. El conductor había tratado de guiar al coro para sincronizarse con Tom, porque el solista estaba tan desubicado al cantar, que no parecía mirar al director, y varios de los miembros del coro estaban ocupados leyendo la música y sin mirar tampoco al pobre director. Había sido un gran desbarajuste, y sólo cerca del final de la pieza se pudieron encontrar de nuevo. El auditorio pareció no darse cuenta de nada… Siempre sorprendió a Peter el cómo hubieran podido hacer tal desbarajuste sin que casi nadie se diera cuenta de ello.

Después de desayunar recogió sus útiles escolares y salió. Vivía sólo a una distancia de 10 minutos caminando de su escuela, y solía usar tales caminatas al aire fresco para terminar de despabilarse. Su escuela era una de las más bellas de la localidad, si es que puede una escuela ser bella. Era una institución muy antigua, que desde su comienzo se había dedicado fuertemente a las artes. Tenía todas las clases normales, pero había también academias de pintura, grupos de danza, un círculo literario, el club de poesía, el Grupo de Teatro, y varios diferentes grupos musicales. Había orquestas de cámara, grupos de Rock, una Big Band, varios grupos especializados en el folklore y música tradicional de países tan diversos como Austria y Bali, una orquesta Orff, especialmente para los niños más pequeños, e incluso una orquesta sinfónica completamente dotada con más de cuarenta miembros. Pero lo que hacía más famosa a la escuela era el coro, o mejor dicho, los coros. Puesto que esto era tradicional en las escuelas sólo de niños, incluso en nuestros tiempos de la coeducación, no era posible formar un coro mixto, con voces femeninas, sino que esto se conseguía teniendo un coro sólo de niños compuesto por alumnos de los grados 5º hasta el 7º u 8º, y un coro masculino en que lo niños mayores cantaban después del cambio de voz. Para la mayoría de los conciertos principales, se juntaban los dos coros para complementar las voces, en el estilo de la mayoría de las iglesias británicas, pero con una importante diferencia. Las voces agudas eran cantadas también por niños en lugar de los contratenores tan comunes en Inglaterra, los que le daba al coro una sonoridad más cercana a los coros sólo masculinos alemanes. El papá de Peter había coleccionado una buena cantidad de CDs, entre los cuales había muchos de tales coros, de modo que Peter se formó una buena idea de tales cosas.

La escuela estaba como siempre. Unas pocas cosas entretenidas, muchas no tanto, y algunas horas de completo aburrimiento. ¿Por qué debería uno aprender historia? ¿Qué diantres podía ser tan importante acerca del día exacto en que algún oscuro general comenzó una batalla contra una tribu ya extinta, en algún lugar del mundo? La historia era mucho más interesante cuando se presentaba de modo vívido, pero aun en ese caso era básicamente innecesaria, por lo menos en la opinión de Peter.

En la sala de clases él se sentaba cerca de su mejor amigo Bertrand. El era un francés genuino y eso lo hacía algo especial en la clase, pese al hecho de que él se había mudado a la ciudad cuando era un niño muy pequeño. Pero Peter gustaba de él precisamente porque Bertrand era un excelente amigo. Podía contar con él para cualquier cosa, y Bertrand se había apegado a Peter precisamente porque Peter lo aceptaba como un buen muchacho y no como el "extranjero exótico". Su amistad por supuesto no estaba libre de algunas peleas menores acerca de cosas fútiles, pero siempre ellos rápidamente hacían las paces después de tales incidentes. Puesto que Bertrand vivía bastante alejado y no podía regresar a casa para almorzar, Peter lo invitaba a menudo a su casa. Bertrand era bienvenido allí, con su extraño aire de elegancia, brillante alegría y aparente melancolía.

En la tarde tenían ensayo de coro. Aún cuando el asunto real eran los conciertos, y no los ensayos, Peter gustaba mucho de ellos. Después de una aburrida clase de historia esta mañana, el pasar dos horas cantando Haydn y Mozart era mucho mejor. ¡Más aún, él tenía que cantar algunos solos! Un mes antes, después que el Sr. Holtmann le hubo dado a su coro la buen noticia de que habían sido nominados para un concierto en la catedral, que era para presentar piezas clásicas religiosas, él había conversado con Peter y le había preguntado si se sentía capaz de cantar la parte de solo de soprano en la Misa de Mozart. ¡Peter casi se hizo en los pantalones cuando oyó esto! El había tenido ese problema desde siempre. Cualquier presentación se conectaba automáticamente con varios días anteriores de diarrea, pero ahora, sólo el oír la proposición del director le produjo la reacción repentina en sus tripas. Había oprimido firmemente sus mejillas posteriores, y respondió que con su voz más fresca. "Por supuesto Sr. Holtmann" Así que ahora él estaba obligado, ¡pero lo gozaba enteramente! Esta sería la primera vez que él cantaría un solo importante en público.

Mientras cantaban, y el Sr. Holtmann les hacía repetir las mismas partes corales una y otra vez, la mente de Peter divagaba hacia le presentación que se acercaba. ¿Cómo sonaría la Misa con todo el coro y la orquesta? Ahora estaban los sopranos y los contraltos, en tanto que el Sr. Holtmann tocaba el acompañamiento de piano que apenas trataba de reemplazar las otras voces y la orquesta. La misa aún tenía una parte de órgano, ¿el Sr. Holtmann la tocaría en su destartalado teclado Casio, o se usaría el gran órgano de la catedral? A él le encantaba ese gran órgano con su sonido grandioso, rico y lleno que parecía venir de quizá dónde, y la idea de cantar un solo contra esa cosa le atemorizaba un poco, pero siempre le impulsaba a entrenar su voz y tratar sistemáticamente de obtener una voz más potente sin hacer un sonido forzado. Las técnicas específicas de respiración y las posiciones de la boca y de la lengua le ayudaban mucho para ello. Bueno, casi la mitad de los ensayos del coro estaban dedicados a tales ejercicios, y el Sr. Holtmann les daba algunas clases adicionales dos veces a la semana para capacitarlos para el trabajo de solistas.

Casi al final del tiempo del ensayo, ellos cantaron la pieza completa. Peter cantó su solo de soprano, su compañero Roberto cantó los solos de contralto de modo maravilloso, en tanto que el Sr. Holtmann hizo lo mejor que pudo para ser orquesta, órgano, tenores y bajos, todo al mismo tiempo. ¡Eso estaba empezando a sonar bien!

Se les prometió un ensayo conjunto con los cantantes mayores a comienzos de la siguiente semana, y cuando se fueron a casa, Peter estuvo muy contento de que el día hubiera terminado temprano. El concierto de la noche anterior había estado grandioso, pero seis horas de sueño no eran suficientes para un doceañero. Hizo las pocas tareas que tenía, y luego toda la familia fue a cenar. Este era el único momento que se juntaban todos, su padre trabajando con un horario que le impedía ver a sus hijos incluso para el desayuno, pero que finalmente le permitía volver temprano a casa, y su hermana que asistía a una escuela más alejada, de modo que a ella la transportaba su padre cada mañana, incluso antes que Peter se hubiera levantado. ¡Oh, sí! ¡Su escuela tenía muchas ventajas aparte de la música! Estaba más cercana

Después de la cena, Peter tomó una de esas duchas maratónicas que tanto le gustaban, puesto que le daban la oportunidad de cantar a toda voz, y que su madre detestaba porque hacían que la cuenta del gas se disparara al cielo. Luego se fue a la cama y se quedó dormido como tronco.

***

Había sido un mes difícil. Habían tenido muchos ensayos extra para el concierto de la catedral, y el Sr. Holtmann le había tomado gusto a que Peter cantara el solo y le había dado más trabajo. El debería grabar varias piezas para un conjunto de CDs que la escuela estaba por emitir como trabajo de respaldo, ¡lo que incluía nada menos que todos los Pequeños Conciertos Sacros de Heinrich Schütz! Peter no pudo sino pensar que el Sr. Holtmann lo estaba presionando para grabar tales piezas lo más pronto posible. Sabía que él las cantaba bien, mejor que cualquiera de los otros solistas sopranos, y también sabía algo más. Tenía doce años, estaba en el séptimo grado, y la pubertad no podía estar muy lejana. Después de todo, varios de sus compañeros de curso ya habían dejado de cantar, (y aún no habían recomenzado) y si él pensaba en los compañeros del octavo grado, había sólo dos o tres que aún tenían sus voces intactas. ¡tal mierda, por qué tendría que suceder! ¡Estaba tan feliz con su actual voz! Su padre tenía un juego completo de los Pequeños Conciertos Sacros, cantado por solistas del famoso Coro de Niños Tölz, y Peter no podía dejar de darse cuenta el fuerte contraste entre las maravillosas piezas cantadas por los niños, y las algo desabridas y sin gracia que hacían sus contrapartes mayores. Era muy comprensible que el Sr. Holtmann quisiera que él grabara lo más pronto posible antes que fuera demasiado tarde. De ningún modo era divertido que el profesor lo hubiera "descubierto" sólo ahora, cuando estaba tan próximo a terminar su carrera de soprano.

Pensaba todo esto mientras estaba sentado en el trono del cuarto de baño, tratando de controlar la revolución dentro de sus tripas. Esta tarde era el concierto en la catedral, con su primer gran rol en el solo, y él tenía esto, peor que nunca. Era tan alocado; él SABÍA que se sabía su parte, el SABÍA que él podía, (y debía) cantarlo bien, pero de todos modos tenía su revoltura. Realmente estaba vacío ahora, desde la mañana no había sido capaz de comer nada, a menos que tuviera una real urgencia, de modo que se sentía muy débil. Dentro de su vientre, en algún lugar había un rumor que le hacía temer que se haría en los pantalones camino a la catedral. Se levantó, tomó su uniforme coral y bajó. Papá ya estaba esperándolo. El lo conduciría hasta allí y asistiría también al concierto. Desafortunadamente la mamá no podría asistir, pues su hermanita estaba con sarampión y la mamá tenía que hacerle de enfermera. Peter se sentía tan débil que tuvo problemas para caminar hasta el auto. Este era siempre el peor momento; luego que estuvieran en camino, por alguna extraña razón, se sentía mejor.

Era como siempre: Cuando ya estaban instalados y listos para comenzar el concierto, la debilidad desaparecía y él se sentía excelente. El auditorio abajo esperaba en silencio, los músicos afinaban sus instrumentos, el Sr. Holtmann les daba a los cantantes las notas de partida, y sí, ¡el gran órgano era ejecutado por el organista de la catedral! ¡Grandioso! ¡Eso era lo que a él más le gustaba! ¡Eso era su vida! La emoción casi lo sobrepasaba cuando el órgano y la orquesta empezaban la primera parte del concierto, que era la Misa de Haydn. Peter no tenía parte de solista allí, pero el solo de soprano lo cantaba su mejor amigo Bertrand, el cual tenía una voz algo más suave pero muy dulce, muy adecuada para esta música. Los solos de contralto los cantaba, por supuesto, Robert. La escuela no tenía un contralto mejor que él, y de algún modo los contraltos niños eran un poco escasos, de modo que Robert tenía bastante trabajo. El se acomodaba muy bien con eso y cantaba todo con una maravillosa y profunda voz de pecho que le había deparado muchos aplausos. En tanto que Peter cantaba las partes corales, y escuchaba durante las partes de solista y orquestales, reafirmó de nuevo su decisión: el canto sería su vida ¡no había otro camino!

Después de la Misa de Haydn, cantaron el famoso "Ave, verum corpus" ese pequeño y tardío trabajo de Mozart, el cual, aún siendo bastante simple, era muy emocionante cuando se lo cantaba bien, y que a menudo se usaba como relleno para separar piezas entre dos obras más grandes de un concierto. Lo cantó suavemente, reservando su voz para los solos que vendrían a continuación.

Y entonces comenzó la Misa de Mozart. ¡Qué música más jubilosa, brillante y festiva! Peter estaba ahora inmerso en la música; era parte de ella. Se dio cuenta apenas cuál era el coro, la orquesta, el majestuoso órgano, los solistas bajo y tenor, Robert, o su propio canto solista, ¡era sólo una música encantadora que resonaba en la vieja gran catedral! Lanzó su voz en el aire, puso gracia en las notas según se lo inspiraba el momento, vio la amplia sonrisa en la cara del Sr. Holtmann, y supo que lo estaba haciendo bien. ¡SI, esto sería su vida, él había nacido para cantar! Nunca lo había sabido tan bien como ahora.

Era costumbre que nadie aplaudiera en la iglesia. Pero toda regla tiene su excepción, y el aplauso rugió cuando terminó la música. Peter estaba algo cansado, pero sus mejillas se sonrosaron, y se sintió grandioso cuando el Sr. Holtmann lo felicitó por su ejecución, cosa que el profesor no hacía muy a menudo. Cuando se encontró con su padre, algunos minutos después, vio signos de lágrimas en el rostro del hombre. Papi, ¿has estado llorando? le preguntó como en chanza. Papá lo tomó por la cintura y lo alzó en sus brazos. No me preguntes si fue Mozart o tú, pero sí, no pude evitarlo.

Una vez en casa, se sirvió una opípara cena, en compensación por todo lo que no había comido antes en el día a causa de su diarrea, que ya había desaparecido completamente. Luego se duchó y se fue a la cama, pero no pudo dormirse tan pronto después del concierto. De modo que, allí estaba, aún saboreando el éxito que había tenido esa tarde, y al mismo tiempo sabiendo que en pocos meses más, a lo sumo un año, todo se acabaría. Entraría en el rango de los coristas mudos, y quizá un año más tarde comenzaría de nuevo a aprender desde cero, a cantar como tenor o bajo. A producir sonidos oscuros y desabridos. ¡mierda! Se agarró las bolas y las tironeó fuertemente. ¡Esas pequeñas cositas eran las culpables! Las golpeó con el puño ¡ouch! Ellas quieren cortarle su carrera de soprano, y ¡cuando las castiga, es él el que siente el dolor!. ¡Mundo cruel! Hizo un gesto en la alcoba oscurecida. ¿Sería esto el comienzo de la adolescencia? ¿Preocuparse por sus propias bolas y derrotarlas por su intención de quebrar su voz? Peter comenzó por recopilar los hechos. Tenía un poco más de doce años. De acuerdo al profesor de biología, la edad promedio para el comienzo de la pubertad era de 12,6 años. Hmmm… La pubertad estaba precedida por un crecimiento brusco. El había estado creciendo bastante últimamente, en realidad tanto que cada vez que las amigas de su madre venían a visitarla decían "¡qué grande está este niño!" generalmente él respondía "después de ir a la escuela y antes de acostarse, ¿qué otra cosa mejor podría yo hacer sino crecer? ¡es mi hobby!" Cada mañana, cuando se estiraba después de levantarse, él podía sentir que sus músculos estaban un poquito cortos para sus huesos, y que el primer estirón de cada día le dolía de modo algo nada refrescante. Claramente no estaba lejos de la pubertad. ¡mierda! Se agarró de nuevo las bolas y las tironeó. Sí, también estaban creciendo. Súbitamente se dio cuenta que últimamente había sucedido muy a menudo que al correr las atrapaba entre las piernas y eso le dolía mucho. Cuando andaba en bicicleta, a menudo tenía que acomodarlas en alguna posición de modo que no se le atravesaran en el camino. Ninguna de esas cosas le había sucedido en los años anteriores. ¡Las bolas deberían haberle estado creciendo, y él no se había dado cuenta hasta ahora! ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! ¡Su voz estaba en peligro! Allí había estado él, cantando su parte solista principal por primera vez, y ¡podría ser la última! Se calmó un poco, y las soltó. De modo que la pubertad pronto empezaría. Eso quería decir que le crecería pelo por todas partes. Una tontería, pero no terrible. Le crecería la barba. Eso en relidad era divertido. Se imaginaba su cara adornada con una tupida barba… ¡no estaba mal! Y tendría que buscar a las muchachas. Absurdo. Esos seres alocados, ¿cómo podrían ser atractivas para nadie? ¡Los muchachos que andaban tras ellas debían ser verdaderamente tontos! Siempre que uno jugaba con muchachas, ellas comenzaban repentinamente a reírse y se salían del juego. ¡No! ¡eso no era para él! Por lo menos no se podía imaginar qué había de atractivo en ellas. ¿y después? Al ser un adulto, cantando como tenor o como bajo, quizá con una voz bastante mala, casándose con alguna mujer como su madre, teniendo hijos… ¡puros problemas! ¿Y todo eso provocado por esas pequeñas cosas tontas allí entre sus piernas? Les dio otro tirón. ¡ouch! y otro ¡OUCH! El sabía de los castrati italianos de los siglos anteriores. De acuerdo a los historiadores, generalmente eran apartados de sus padres, castrados a la fuerza, y luego forzados a seguir la carrera de cantante. ¡qué locura! Realmente no podía imaginárselo. Lo más probable era que tales niños pidieran ser castrados. ¡tenían suerte! ¡Si hubiera tenido la oportunidad, no habría dudado un momento! Se imaginaba la situación. Todos sus compañeros tendidos en esas camas de hospital, con ruedas, desnudos desde la cintura para abajo. Las camas formando una larga hilera. Lejos al frente se veía el médico de la escuela. Castraría a un niño, pondría los testículos en un depósito a su lado, y luego dicha cama se haría rodar y se acercaría la siguiente. El siguiente niño separaría las piernas, el doctor lo castraría, y así se continuaría. Todos ellos estarían cantando sus mejores canciones durante el procedimiento, interrumpiéndose el coro sólo cuando algún niño se quejara al hacérsele el corte, pero la mayoría resistiría el dolor, casi sin interrumpir su canto. Peter separó las piernas imaginándose acostado en tal cama de hospital, apacible en sus blancas sábanas, sintiéndose fresco y suave. Sus pies tocándose, sus rodillas casi tocando el colchón. Ahora, él podía ser transportado al lugar en que el doctor estaba haciendo su trabajo. Sonriente, el doctor cogería sus bolas. Peter las cogió. El doctor ahora las tiraría un poco apartándolas del cuerpo. Peter las tironeó. Entonces el doctor rápidamente las cortaría sacándolas. Peter casi sentía el bisturí del doctor cortándolo. Se imaginaba cómo le dolería, en tanto que el doctor las lanzaba a un depósito, el que finalmente estaba medio lleno con una sopa sanguinolenta de testículos y escrotos. Pero entonces su voz estaría a salvo para siempre, no tendría que preocuparse por la pubertad, no tendría necesidad de cortejar muchachas alocadas… ¡Qué lindo sería! ¡Valdría la pena por el dolor involucrado! Invadido por tales dulces sueños, se quedó dormido.

***

Al día siguiente Peter charlaba con Bertrand acerca del concierto. Felicitó a su amigo por su ejecución, pero Bertrand no quería oír nada de eso. "Tú eres mucho mejor, Peter, ¡y tú lo sabes! ¡Tu dúo con Robert fue muy bueno!" En eso llegó Robert, con una extraña expresión en sus ojos. El sensitivo Bertrand lo notó primero. "Robert, ¿qué te pasa? ¿estás enfermo? Robert respondió en voz muy baja, casi como en un susurro. "No realmente, pero todo ha terminado ahora." ¿qué es lo que ha terminado? ¿qué quieres decir? Con una voz aún más baja, Robert dijo: "¿no lo notaron ayer?" Peter puso cara de buen entendedor y comentó: "Quieres decir, cuando no pudiste alcanzar el La? Vamos, eso le sucede a cualquiera. ¡Casi nadie se dio cuenta! ¡cantaste grandioso!” Entonces Robert no pudo controlarse ya más y rompió en lágrimas, casi a gritos, ¡He estado tratando de controlarlo por meses, pero ya no puedo más! ¡mi voz está en quiebre! Y en realidad, hablando así tan alto, la voz se quebraba en medio de la frase. Peter quedó profundamente conmovido por esta revelación. Era casi increíble que la gran ejecución del día antes hubiera sido la última de Robert, por lo menos como contralto. El no había relacionado esa simple falla de entonación con el quiebre de su voz, pero seguramente, así era como comenzaba. Bertrand estaba tratando de confortar a Robert en el sentido de que el mundo no se vendría abajo, que aún no se acababa la vida, que Robert seguramente llegaría a ser un buen bajo o algo así. Peter era más pragmático, tomó la mano de Robert y la oprimió firmemente. "Te felicito. hiciste un gran trabajo al controlarte, ¿lo sabe el Sr Holtmann? "Yo creo que lo sabe, pero no se lo dije. Si no, él se dará cuenta rápidamente". Robert trató de sonreir. Tendrá que encontrar otro contralto para completar la grabación de Schütz. Y se limpió sus lágrimas.

Esa tarde, Peter y Bertrand salieron a andar en bicicleta. Ellos hacían eso muy a menudo, haciendo largas excursiones por los campos circundantes. Por supuesto ellos no podían obtener permiso de sus padres, puesto que ambas madres se habrían preocupado por todos los percances que podrían sucederle a sus retoños. De modo que ellos tramaron un subterfugio para desembarazarse de las cadenas. Peter le diría a su madre que iba a la casa de Bertrand, lo cual hacía generalmente en bicicleta, y Bertrand le diría a la suya que iba donde Peter. Ellos se juntaban a medio camino, y de allí se iban a explorar el mundo. Este esquema les había funcionado siempre, las madres se sentían controlándolos, y los niños estaban libres. Hoy día habían tomado un camino por el sur que los llevaba a través de un bosque pasando junto al lago. Ellos ya había estado varias veces allí, y conocían un lugar donde ellos podían probar su modelo de barco en aguas poco profundas, charlar, y nadar sin ser molestados por otras personas. Estaban solos allí, sólo con la compañía de los pájaros cantores. El camino era casi una prueba para sus bicicletas de montaña,. pero era mucho más bello que pedalear a lo largo de la carretera. Era un día caluroso, de modo que cuando llegaron al lago después de un viaje de casi una hora, la primera cosa que hicieron fue quitarse sus ropas y lanzarse al agua. No se avergonzaban uno del otro, se zambullían desnudos en ese lugar, puesto que eran lo bastante pequeños y recién habían desarrollado su sistema para librarse del control de sus madres. Después de todo, un traje de baño húmedo los habría delatado ante sus madres. Después de refrescarse en el lago, y haber tenido una batalla acuática en la cual Peter casi ahoga a Bertrand, pero luego le había ayudado a salir, nadaron hacia la playa y se tendieron boca abajo sobre el pasto. El mundo estaba muy bien, los pájaros cantaban, el sol brillaba cálidamente sobre sus espaldas. Pero Peter tenía sus preocupaciones, y él interrumpió a los pájaros, comentando: "pobre Robert, yo puedo entenderlo bien". Bertrand replicó: "ese es nuestro destino, ir a la escuela, tener algo de suerte, aprender a cantar, entrar al coro, pasar varios años allí, tener más suerte y ser seleccionado como solista, cantar unas pocas veces, y… perder la voz. Esperar un año, aprender de nuevo a cantar, quizá puedas ser un mediocre bajo o tenor… ese es el camino de la naturaleza, no podemos hacer mucho en contra de eso. El corazón de Peter se aceleró al decir con firmeza. Oh, sí. Realmente si queremos podemos hacer algo. Bertrand se movió como si lo hubiera pinchado un cactus. "dices…" e hizo una señal como de tijera. "¿qué otra cosa? replicó Peter… El sol quemaba sus espaldas en tanto que la idea ardía en sus mentes. Peter escuchaba los pájaros como a través de una espesa capa de niebla, solitario en sus suposiciones de qué sería lo que Bertrand estaba pensando. Ellos eran los mejores amigos, no tenían secretos que esconderse entre ellos, pero nunca habían hablado de tales cosas. Bertrand fue el primero en hablar de nuevo. "¿realmente dejarías que te castraran, Peter? ¿los dejarías hacerlo? El replicó: Ese no es realmente el asunto, ¿quién, crees tú, querría castrar a un niño de coro solamente porque él lo quiere? ¿crees que puedes ir a un doctor y decirle, doctor, por favor, córteme mis cocos, que quiero mantenerme cantando como soprano en el coro de la escuela? ¡Al que verías a continuación sería un loquero, que te encadenaría en la casa de locos donde tu voz cambiaría de todos modos y nunca podrías cantar como tenor! ¡las casas de locos no tienen coros!. No, Bertrand, creo que la única manera de hacerlo sería ser uno su propio doctor. Peter había lanzado todo esto muy rápido; no podía evitar apasionarse acerca de eso. Tantas horas había gastado pensando en eso, que ahora finalmente podía decírselo a su amigo.

Bertrand se puso de pie, caminó hasta el agua, hizo una taza con sus manos, la llenó de agua, se devolvió y lanzó el agua a la cara de Peter. ¡Despierta, Peter! ¡estás soñando! ¿o es que necesitas un loquero ahora? Peter lo tomó con una sonrisa, Quizá tengas razón. Estoy tan loco como una vaca en un salón de ballet. Pero, ¿acaso un poco de locura no es bueno? ¿no estamos todos locos? Pasamos gran parte de nuestro tiempo ensayando, dando conciertos gratis, cantando música que data en su mayor parte de cientos de años. Mis vecinos juegan fútbol, basketball, van a fiestas, escuchan rock y pop, tienen sus orejas con aros, ¿no están locos ellos? Estoy seguro que ellos están mucho más locos de lo que yo lo estoy. ¡Bertrand, mi vida es el canto! Tú me dijiste que lo hice bien, y te creo. Si yo no hago algo, en pocos meses más todo se acabará. ¿Tu crees que estoy loco sólo porque quiero seguir cantando? Seguro, podría llegar a ser tenor. pero ¿cómo puedo saber si después de todo esto mi voz será siquiera decente? Se puso de pie y colocó sus manos sobre los hombros de Bertrand. Mirando a los ojos de su amigo, dijo: El canto es mi vida. Estoy seguro de eso. Si no puedo cantar después que mi voz se quiebre, yo podría matarme. Estoy lo bastante loco como para hacer eso. Y quizá esté lo bastante loco como para evitar el riesgo. Peter miró hacia abajo a lo largo del esbelto cuerpo de su amigo. Claramente Bertrand estaba menos desarrollado que él. No había por qué asombrarse, también era varios meses menor. Tendría más tiempo para decidir tales asuntos. Bertrand cogió las manos de su amigo, las quitó de sus hombros y dijo, estremeciéndose un poco: Sea lo que sea que hagas, cuenta conmigo. Pero por favor, ¡hazlo cuidadosamente!

No se habló nada más. Los niños se vistieron y pedalearon de regreso a casa por la angosta senda del bosque. Una vez en la ciudad, hicieron su usual cicletada como siempre lo hacían al regresar de sus aventuras. Peter ganó por estrecho margen. Se separaron donde siempre lo hacían y cada uno se fue a su casa. Nada había cambiado entre ellos.

***

En los siguientes días, Peter hizo una exhaustiva investigación sobre los cantantes castrati, las técnicas de castración, y temas relacionados. Se pasó muchas horas en la biblioteca de la escuela, hurgando por las enciclopedias, libros de historia de la música, y escarbando en Internet. Como siempre, la mejor fuente de información resultó ser Internet. Los libros parecían estar obsoletos, aunque también allí encontró algo de buena información. Había mucha información equívoca, pero después de una semana o algo así, el tenía gran parte del tema aclarado. Encontró que casi todos los cantantes castrati eran italianos. Esto no era extraño, porque la mayor parte de la música de ese tiempo era italiana, y el idioma italiano todavía estaba presente en la música actual. ¡Más interesante era el hecho de que la idea de castrar a los niños de coro hubiera comenzado en la Capilla Sixtina, aparentemente bajo la supervisión directa del Papa! Desde ese comienzo católico en el Renacimiento, la práctica se extendió, y en el barroco casi todas las óperas italianas tenían por lo menos un rol para un castrato, y a veces varios. Muchos castrati cantaron en Inglaterra, pero todos ellos eran italianos. Más tarde la moda cambió, y los cantantes castrati lentamente desaparecieron, pero en la Capilla Sixtina continuaron cantando hasta comienzos del 1900. El ultimo castrato fue un cierto Sr. Moreschi. ¡Moreschi, Moreschi! Tendría que revisar la colección de CDs de su padre; ¡algo recordaba de haber visto ese nombre allí! ¿podría ser?

La cosa más interesante la encontró en Internet. Un profesor de música antigua había publicado un artículo acerca de los castrati. Describía su historia, y luego iba a cómo los británicos redescubrieron su gusto por las voces blancas, llevando a un renovado interés por los contratenores y falsetistas durante las últimas cuatro o cinco décadas. Mencionaba que un lote de cantantes pop actuales ocultaban su identidad sexual, porque esto parecía atraer público. El autor llegaba a la conclusión de que los cantantes castrati serían hoy día aceptables nuevamente. Había escrito textualmente: "¡Nuestro tiempo está maduro para revivir la tradición de los cantantes castrati! Peter había leído este párrafo varias veces. ¡Este era su futuro! ¡Se había obsesionado con la idea de ser el primer castrati de esta nueva y brillante era!

Menos atractivos eran los métodos para hacer tales cantantes castrati. ¡Aquellos viejos italianos debían haber sido gente brutal! A Peter se le erizó el pelo cuando leyó sobre los métodos usados. El más común, según encontró, era poner el niño en un baño caliente, esperan un rato para que las bolas se soltaran, y luego triturarlas con una herramienta o con fuertes dedos, hasta que quedaban molidas como pasta. Peter se imaginaba haciéndose eso a sí mismo. Si apenas el tironearlas ligeramente le provocaba escalofríos de dolor, ¿cómo se sentiría eso? Una vez se las había golpeado, y casi entró en shock cuando no pudo controlar su respiración. Luego pasó varios minutos vomitando por el dolor. Incluso días después aún le dolían, y ese golpe había sido mucho más suave como para causar tal daño. También pensó en todo el desbarajuste en su escroto después de tal procedimiento. Probablemente se llenaría con la mezcla de la pasta de las bolas y de sangre. No, no parecía atractivo. Algunos niños habían sido castrados simplemente cortando sus bolas, ya fuera extirpando toda la bolsa, o extrayendo las bolas a través de pequeñas incisiones. Pero mucho morían por las infecciones. Bueno, ahora existían los antibióticos, y sobre todo, incluso sabía que los instrumentos debían esterilizarse para evitar tal peligro, el cual probablemente, era desconocido entonces. Pero aun no veía modo de hacerse tal cirugía a si mismo… Mucho más útiles le fueron algunas páginas web que encontró, que describían la castración de los animales de granja. Por ejemplo, una de ellas explicaba que cuando se cortaban los cordones de las bolas, era buena idea rasparlas suavemente con el cuchillo en vez de cortarlas. De acuerdo a ese artículo, esto reducía la pérdida de sangre. El artículo también sugería tironear los cordones en vez de sólo cortarlos, pero de nuevo esto no se veía atractivo. En varios lugares Peter halló menciones de una abrazadera denominada Burdizzo, que se usaba para aplastar los cordones a través del saco, sin ningún corte. Peter había jugado consigo mismo, había sentido los cordones de sus bolas, y sabía que eran mucho menos sensitivas que las bolas mismas, de modo que la idea de castrarse a sí mismo por este método le pareció mejor. Podría ser capaz de hacerlo. ¿pero después? Las bolas morirían y se apagarían dentro de su bolsa aún viva. ¿cómo se manejaría eso? Toda clase de toxinas fluirían hacia su cuerpo. Temió un problema mayor por eso. ¿y cómo podría conseguir una herramienta Burdizzo? ¿una del tamaño adecuado para un niño? Frunció el ceño. Dicho sea de paso, ¿quizá el Sr. Burdizzo sería uno de esos italianos hacedores de castrati? Nuevamente frunció el ceño. Bella coincidencia. Un nombre italiano para tal herramienta.

Pero el método que le pareció de uso más fácil para el proyecto de hacerlo él mismo fue el de estrechar todo el saco. Halló varias referencias a una herramienta que aplicaba anillos elásticos para castrar animales. De acuerdo a las fuentes, las bandas de goma cortaban todo el flujo de sangre y hacía que la bolsa con todo su contenido se secara, hasta que caía algunas semanas después. Este sistema le pareció limpio, fácil y seguro, pero Peter sabía lo bastante como para entender que si había alguna fuga a través de la cual algo pudiera pasar desde las bolas hacia el cuerpo, las toxinas de la carne muerta pasarían, poniéndolo en gran peligro. Por lo tanto, si lo hacía, tenía que hacerlo bien.

***

El día de la primera sesión de grabación de Peter había llegado. Ahora él debería grabar dos piezas de solo de soprano, una que contenía dos sopranos, y tres que grabaría con Robert. A pesar de estar ya entrado en la pubertad, ese niño mostraba un increíble control sobre su voz, y aún cuando no podía hablar sin problemas, aún podía cantar con voz suave. A veces la voz se le quebraba, pero eso no le sucedía muy a menudo, de modo que él podía repetir la grabación cuando sucediera, Parecía que Roberto era uno de esos raros niños que podían mantenerse cantando decentemente, durante el cambio de voz, y que hacían una suave transición hacia la siguiente etapa. Pero el Sr. Holtmann de ningún modo había presionado a Robert para grabar sus piezas de solo de contralto para los CDs de Schütz antes que fuera demasiado tarde, de modo que ahora ellos estaban haciendo las piezas con una combinación de voces. Pronto Robert se libraría de este trabajo, en tanto que para Peter estaba recién empezando. El otro soprano en nuestra sesión era Bertrand. El Sr. Holtmann no había estado muy convencido de la adecuación de Robert para este tipo de música, la cual requería voces más bien dramáticas que suaves. Pero después de oir a Bertrand cantar a duo con Peter, se decidió. El contraste entre esas dos voces, el modo en que ellos se complementaban entre sí, ¡eso era excelente! Por lo tanto, Bertrand entró en el rango de de los cantantes Schütz.

Peter estaba a la espera de sentir sus indigestiones de nuevo, como le pasaba antes de cada concierto. Pero recibió una grata sorpresa: ¡no sucedió nada! ¡La conexión mente-tripas parecía funcionar sólo para los conciertos en vivo, y no para las grabaciones! ¡Tanto mejor…!

Las grabaciones del primer Pequeño Concierto Sacro hubo de repetirse tres veces. Incluia precisamente a Peter, con un bajo continuo que consistía en un cello y un pequeño órgano positivo. Afortunadamente era un órgano de verdad, y no el Casio del Sr. Holtmann. Primero el profesor había querido usar su teclado, puesto que era portátil y cómodo. Pero cuando sus muchachos lo amenazaron con ir a la huelga, cedió y arrendó ese órgano positivo para las grabaciones. Era todo un embrollo el meterlo en el estudio de grabación, puesto que la portabilidad de tal aparato era muy limitada, pero valió el esfuerzo. A pesar del órgano real, Peter tuvo problemas en la primera entrada. El primer Pequeño Concierto Sacro era una pieza muy dramática, y requería una ejecución de primera clase para coger la atención de la audiencia. ¡Después de todo, sería la primera cosa que un potencial comprador del juego de CDs escucharía! Peter había escuchado la grabación de los niños de Tölz en los CDs de su papá, y los había tomado como modelo, pero encontró difícil imitar dicho canto, y más bien trató de poner su propia expresión en él. Pero él estaba lo bastante bien preparado como para necesitar la presencia del público para dar lo mejor de sí. En un estudio de grabación, rodeado de cables y micrófonos, sólo con el Sr. Holtmann y el cellista, al que ni siquiera conocía, resultaba un poco difícil entregar tan buen canto como lo habría hecho en una sala de concierto. Pero lentamente, el salón, atestado y todo, empezó a formarse en su mente, y alcanzó su acostumbrada calidad.

El segundo concierto fue un éxito desde el primer intento. El Sr. Holtmann sonrió al escuchar cómo la cinta maestra hablaba por ello. Entonces Peter tuvo un relajo mientras Robert grababa el tercer concierto, que era para un solo de contralto. Peter se sentó en la sala de control, cerca de Bertrand, escuchando el monitor, y observando el trabajo del sonidista. El mezclador era fácil de entender, pero ¿cómo ese muchacho recordaba lo que había en cada canal? ¡Había más de una docena de micrófonos! Pero aparentemente lo hacía, y el sonido era bueno. Sólo Robert no estaba tan bueno. El sonaba con carraspera. El Sr. Holtmann hizo repetir la pieza una y otra vez. Robert estaba al borde del colapso, a juzgar por su cara. Pero entonces empezó a hacerlo mejor, cantando con un volumen muy bajo, cerca del micrófono, con una voz que aunque aún era de contralto, no sonaba del todo como de niño. Pero al final resultó interesante.… Pobre Robert. Peter comparó lo que había oído con lo que recordaba de los CDs de su padre, y había un mundo de diferencia. El niño en esa grabación había cantado con una voz muy profunda, pero aún totalmente de niño. La mente de Peter vagabundeó de nuevo, como lo había hecho tan a menudo durante las últimas semanas. No quería que eso le sucediera a su propia voz. Tenía que continuar con su plan. ¡Tenía que hacerlo! ¡Y pronto, antes que fuera demasiado tarde! Al quinto intento de Robert la pieza quedó OK, salvo por un quiebre de su voz cerca del final. Se repitió de nuevo, y esta vez finalmente todo resultó. El Sr. Holtmann decidió hacer un descanso antes de seguir. Robert estaba sentado allí, viéndose cansado y desesperado. Peter se le acercó, le palmoteó la espalda, y trató de levantarle el ánimo. ¡Lo hiciste muy bien después de todo! Robert intentó una sonrisa, pero parecía más bien tragicómica. "Gracias, amigo, pero estuvo bastante bien para un payaso y no para un cantante. No puedo continuar con esto". Y volviéndose al profesor, "estoy haciéndole perder el tiempo. Tendrá usted que rehacer estas grabaciones con algún otro. El Sr. Holtmann replicó: Quizá tengas razón con alguna de ellas, pero definitivamente no con todas. Tú sientes que tu canto ya no es bueno, pero créeme, aún es bastante atractivo, a pesar de tus problemas! Guardaremos por lo menos algunas de tus grabaciones en CDs. y las de hoy definitivamente están entre ellas. Ahora, vamos a grabar los dúos, y tómalo con calma, Robert. Las palabras de aliento hicieron maravillas, y esas grabaciones resultaron bastante buenas. La intensa voz de soprano de Peter haciendo dúo con Robert, algo tiritón, pero de un cálido contralto, se destacaría en los CDs. Cuando ya estaban listas, Bertrand casi había olvidado que él también entraba en la grabación. Entró un poco en calor, y prosiguieron hasta el final del dúo entre la voz brillante de Peter y el tono calmado y suave de Bertrand. El Sr. Holtmann la había repetido, sólo para asegurarse de tener la mejor versión, pero el afiatamiento entre esos dos niños era tan bueno que una segunda versión era igual a la primera. No quedaba nada que mejorar, y era un muy adecuado final para una sesión de grabación.

***

Esa tarde Peter no cantó mucho bajo la ducha. Ya había hecho lo suficiente en el estudio de grabación, y además su mente estaba muy lejos, perdida en la selva de sus intenciones. El tenía que hacerlo, mientras más pronto, mejor. El reloj estaba sonando. Tenía muchos temores acerca de eso. ¿Sería capaz de mantener el secreto ante sus padres? ¿por cuánto tiempo? ¿qué sucedería después? ¿cómo reaccionarían ellos? ¿Acaso lo encerrarían en la casa de locos? ¿y qué pasaba si ya fuera demasiado tarde, si algunas hormonas ya hubieran comenzado su labor destructiva? No, descartó rápidamente eso. Su voz aún estaba clara y estable, podía hacer lo que quisiera con ella. En realidad nunca se sintió más en control sobre su voz. Ahora, si él se colocaba las bandas, ¿cómo las escondería en el vestidor de la escuela? Podía confiar en Bertrand, y probablemente también en algunos otros de sus compañeros, pero no en todos. Si el confiaba su secreto, alguien podría hablar. ¿Y si sucedía algo malo, como una infección o algo así? Y la cuestión más difícil, ¿lo haría siquiera, o siempre se acobardaría? Bajo el agua caliente, su saco se relajaba y lo palpó. Esas tontas cositas, ligadas a su interior por esos cordones. Produciendo jugos que harían quebrarse su voz. ¡NOOOOO…! ¡Tenía que deshacerse de ellas! ¡Tenía que hacerlo! ¡Esas cosas de ahí abajo eran extrañas, enemigas, querían destruirlo! ¡El tenia que destruirlas a ellas antes!

Peter cortó el agua y envolvió su cuerpo en la toalla. Se fue a la cama y buscó en su caja de cachureos. El siempre guardaba cualquier cosa que pudiera serle útil para confeccionar sus modelos de barcos, acomodar su bicicleta, y cientos de otras cosas. Claro, él tenía una buena colección de bandas de goma allí. Escogió una bastante larga y fina. Se tendió en la cama y escuchó. Su hermana ya estaría dormida, y sus padres conversaban en la sala de la planta baja. No había peligro. Cogió sus bolas con una mano, las tiró tan fuerte como le fue posible y luego pasó la banda de goma por sobre ellas. La apretó, la dio vuelta y la puso de nuevo sobre el saco. Otra vuelta y otra pasada. La banda era lo bastante larga para dar cinco vueltas en torno a su escroto. Se veía bien, sus bolas aún conectadas a su cuerpo justo por un delgado tubo de piel, profundamente comprimida por la banda de goma. Podía hacer girar sus bolas, y realmente no le dolía nada. Se sentó en el borde de la cama. ¡Ouch, casi se sentó sobre las bolas! Eso sí dolía. Se puso de pie y trató de caminar un poco. Se sentía muy dificultado, con sus bolas atadas que bailaban y se quedaban atrapadas entre sus piernas a cada paso. Se tendió de nuevo sobre la cama y se quitó la banda de goma.

Peter no era el tipo de muchacho que se rindiera fácilmente. Realmente podía ser muy perseverante siempre. Jugó un poco con sus bolas, que sintió más pequeñas al estar sueltas que atadas. Obviamente las había atado demasiado abajo. ¿Si colocaba la goma más cerca de su cuerpo, quizá dejaría suficiente piel en torno a ellas para dejarlas que flotaran libremente? Lo intentó, pero no ganó mucho. No había suficiente piel para tal cosa. Su piel estaba muy tirante bajo la banda, y eso podría provocarle problemas para que cicatrizara. En tanto, de todos modos sus bolas aún se atravesaban en el camino al caminar o sentarse. Y prefirió no pensar en andar en bicicleta. Hizo un tercer intento, esta vez tirando las bolas hacia delante, y atándolas con muy poca piel, pero muy cerca de su pene, dejando bastante piel debajo de la atadura. Ahora las bolas atadas parecían levantarse cuando estaba de espaldas, pero podía sentarse perfectamente bien, manteniendo sus piernas algo separadas. Intentó caminar, y no tuvo problemas. Pensó incluso que en esa condición podría andar en bicicleta. Peter ahora estaba seguro. Esa era la forma de hacerlo. Se tendió de espalda en la cama mientras se concentraba en la sensación. Sus bolas se estaban enfriando, ¡pero las sentía como si estuvieran cálidas! ¡Extraño, sonrió! Entonces comenzó a sentir un cosquilleo en las bolas, igual que como a veces sentía en la pierna cuando se sentaba quieto por demasiado rato. Bueno, ¡sólo una banda ha sido suficiente para detener el flujo de sangre! Un poco más le daría un factor de seguridad. Tomó las bolas atadas en su mano. ¡Así era como se verían después de todo! ¡Realmente, no estaba del todo mal! Quitó la banda de goma, y sintió que la sangre se precipitaba de nuevo en su escroto. Un poco tiempo más de vida. Se deslizó en su pijama y se metió en la cama. Rápidamente se quedó dormido, habiéndose asegurado que el aspecto técnico de su plan estaba resuelto.

***

Al dia siguiente después de clases, Peter invitó a Bertrand a dar una vuelta en bicicleta. Bertrand estaba como siempre, ansioso por ir. Tales paseos hacia el mundo exterior, libres como sólo los niños de su edad pueden estar, lejos del control de cualquier adulto, era una de sus actividades favoritas. Así, se encontraron a medio camino entre sus casas, después de haber dicho a sus madres la usual historia y se fueron. Ellos pedaleaban por el sendero habitual subiendo una cercana colina. Era algo trabajoso el pedalear en subida por la empinada pendiente, pero era muy divertido, especialmente cuando Peter propuso una carrera por la última repechada hasta la cumbre, y Bertrand ganó. Era un poco más liviano que Peter, lo que aparentemente valía mucho. Peter llegó con la lengua afuera, más que su amigo. Se tendieron de espaldas en el pasto y contemplaron el paisaje. La ciudad en la parte baja, los bosques, el lago más alejado, los caminos, más cerros. Cerros más altos. Siempre que subes un cerro, hay otro más alto, justo detrás. Nunca puedes llegar hasta el tope en el primer intento. Pero puedes seguir intentándolo. El ser el primero en subir un cerro da una buena chance de ser el primero en subir uno más alto. ¡Peeeeeeteeeer, regresa! ¿dónde estás? Bertrand ondeaba su mano delante de la cara de Peter. Ultimamente pareces estar ausente del tiempo. ¿estás enamorado o qué? Bertrand sonreía ampliamente. Peter enfocó su mirada y miró a la cara de su amigo. ¿recuerdas nuestra conversación junto al lago? ¡Por supuesto! ¿Le dijiste algo a alguien acerca de eso? ¿Por supuesto que no! ¡Tú sabes que puedes confiar en mi! ¿Aún quieres tratar de ganarte una admisión a la casa de locos? Yo quisiera evitar a los siquiatras, pero correré el riesgo. ¿Todavía quieres ayudarme? Lo prometí. Bertrand se detuvo por un momento. ¿quieres que consiga un hacha y te corte algo? Ten cuidado, tengo muy mala puntería. ¿o quieres que robe el cuchillo cocinero grande de la mamá? ¡es de éste porte! y mostró las dimensiones de una herramienta de considerable tamaño. Peter sintió que un escalofrío recorría su espalda. Sus tripas empezaron a rumorear como lo hacían antes de un concierto. Por el momento la única ayuda que necesito, es que no le digas una palabra a nadie. Lo haré yo mismo, pero puede que necesite ayuda si algo sale mal. No tengo idea de qué clase de ayuda, eso lo decidirás tú. Si muero, tendrás que explicárselo a todos, y tratar de convencerlos que no estaba loco. Si todo va bien, tendrás que escudarme algo en la sala de vestidores, de modo que nadie pueda verme. ¿Podrás hacerlo? Ahora Bertrand parecía ausente. Seguro que puedo, pero… ¿realmente te cortarás tus huevos? ¡Eso debe doler como el diablo! No quiero cortar nada, solamente voy a matarlos. Bertrand se rió. ¡Ve a la farmacia y compra un poco de veneno para huevos! ¡los untas y esperas! De nuevo se puso serio. ¿cómo harás eso? Peter hizo una señal de estrangular algo imaginario. Bandas de goma, dijo. Bertrand entendió. ¿y cuándo? Quizá pronto, no lo sé realmente. Las tripas de Peter estaban en revolución. Sentía una sudoración fría en su pecho. Estaba tendido de espaldas y se abrió la camisa. Oh, diantres, ¿alguna vez conseguiré controlar este problema psicosomático? Sabía muy bien que era una conexión de la mente loca con el cuerpo, pero no podía controlarla. Realmente, era peor que el cambio de voz.

Unos pocos días después, el anochecer pilló a Peter buscando en su caja de cachureos los elásticos más fuertes y mejores. Descartó los que mostraban signos de degradación, y seleccionó una buena docena de los que estaban en perfectas condiciones. Al dia siguiente se lavarían sus jeans, de modo que tendría que usar un par de pantalones limpios, y escogió el más bolsudo que tenía. Habría tenido dificultad en usar jeans estando con las bolas atadas, de modo que ahora era el momento para proceder, puesto que podría usar el pantalón suelto por varios días. Fue al baño, llevando los elásticos consigo. Se desvistió, y mantuvo las bandas en su brazo. Abrió el agua caliente y se metió a la ducha. Su última ducha como niño normal. Cantó el primer concierto de Schütz mientras se lavaba cuidadosamente de la cabeza a los pies. Sus genitales recibieron una atención especial. Usó en ellos gran cantidad de jabón, por lo que pudiera suceder. Incluso retrajo su prepucio para lavarse, algo que no hacía muy a menudo porque era un poco difícil de hacer. Pero con el propósito de evitar problemas, en este día especial, lo hizo. Siguió con el segundo concierto de Schütz, mientras dejaba que el agua corriera por su cuerpo y por los elásticos. Música antigua, siempre grabada. Continuó con el primer concierto del segundo libro, que estaba entre los que estaba ensayando ahora para la segunda sesión de grabación. Aún no podía recordar todo el texto, que estaba en alemán, pero algún "la, la, la" le llenó el vacío. El agua descendía rápidamente. Hoy día, durante el ensayo del coro, un cantante soprano tuvo su primera falla de voz. ¡Era aún más joven que Peter! ¡pobre! ¡y cantaba tan bien! Ahora quedaría silencioso durante algunos meses o un año, y luego comenzaría como tenor. Peter estaba lejos, perdido entre las estrellas y las galaxias. Así que ese era el fin. El fin como niño normal. El fin del temor del quiebre de su voz. Si todo iba bien, comenzaría una brillante carrera, haciendo surgir la nueva era de los castrati. Pero podría ser el fin de su vida. Podría acabarse su libertad, si lo encerraban en la casa de locos. Pero aun eso no sería para siempre. Quizá sus padres lo sacaran, pero él no esperaba eso. Estaba muy seguro que estaba haciendo lo correcto. La única cosa correcta. Peter cortó el agua, se secó, incluyendo los elásticos. Sus tripas estaban en revolución. Tuvo el deseo de sentarse en el trono, pero sabía que eso era psicológico. Se fue a su dormitorio. Se tendió en la cama. Su corazón palpitaba tan rápido como podía. Su respiración era corta y rápida. Cogió sus bolas, las levantó como unos días antes había hallado que era mejor, y colocó una banda de goma en torno a ellas. La apretó tanto como pudo, y la envolvió ocho veces en torno a su escroto. Tiró un poco de la piel hacia fuera de la atadura, de modo que la piel no quedara tirante en su lado del elástico. En el lado de las bolas, la piel estaba un poco tirante. Eso estaría OK. Se sentó. No había problema, con las piernas extendidas. Se puso de pie. Las bolas atadas se echaron hacia atrás. Caminó unos pocos pasos. No había problemas. Estaba en la ubicación correcta. Se retrajo un poco el prepucio, pero esto no sería problema. Después que las bolas y los elásticos salieran habría piel para reponer. Se tendió de espaldas en la cama, se puso un segundo elástico sobre el primero. Y luego un tercero. El anillo de goma ahora se sentía bastante duro, y sus bolas estaban empezando a enfriarse. Con rabiosa determinación, agregó otra banda. ¡Esta dio diez vueltas alrededor! ¿Sería suficiente este para producir un sello perfecto? No lo sabía. Agregó aún otra banda, y luego se sentó y se paró y caminó de nuevo. Todo parecía perfecto. Colocó las bandas sobrantes a su alcance bajo la cama, se puso el pijama, y se metió a la cama. Habría preferido no usar el pijama, pero estaba siempre la posibilidad de que la mamá tirara de los cobertores para hacerlo levantarse, y esto habría sido una catástrofe, si ella encontraba las bolas atadas. El pijama por lo menos podía ofrecer alguna protección contra este riesgo.

Peter estaba acostado allí, con sus piernas separadas, las plantas de los pies tocándose. No hacía mucho tiempo había soñado con su castración en esta misma posición. Ahora era real. ¿Qué era mejor? ¿la realidad o el sueño? Probablemente el sueño. La realidad le estaba empezando a doler. No había sentido ninguna incomodidad mientras se aplicaba las bandas elásticas, pero ahora le parecía que le apretaban más y más. No era un gran dolor, sino sólo incomodidad. Las bandas de goma apretaban. Podía sentir los latidos de su corazón, ahora más calmados que unos minutos antes, en el área comprimida. Sus bolas se estaban empezando a sentir calientes, tal como el otro día. Las tocó. ¡Estaban frías y húmedas! Hizo un gesto. ¡Ustedes dos. pequeñas bastardas! ¡les llegó la hora! ¡ahora ya nunca podrán hacer que mi voz se quiebre! ¡estoy a salvo! Le dolía algo más. Peter pensó en la escuela, y en el coro. Algún día tendría que decírselo al Sr. Holtmann. Y tendría que buscar dónde y cómo tomar lecciones de canto. Ya no había ninguna escuela de canto para castrati en ninguna parte del mundo. En los buenos tiempos del barroco, sólo en Nápoles había tres, si los libros de historia estaban en lo correcto. Bueno, como pionero en esta área, tendría que encarar muchas dificultades.

Sus tripas empezaron de nuevo a darle problemas. ¿Era una cosa psicosomática, o sería el dolor que radiaba de sus bolas hacia arriba? ¿o era alguna toxina de sus bolas moribundas que se filtraba hacia su cuerpo? Se preocupó por esto. Cogió dos elásticos más y los agregó a los ya existentes. Esto mejoraría el sello, si es que hubiera cualquier fuga, Lo hizo en la cama; no había necesidad de mirar. Ya tenía bastante práctica haciendo esto. Su corazón latía en el área comprimida, sus bolas atadas se sentían calientes, pero estaban frías, le dolía algo más, pero no tan insoportablemente. Peter lentamente se quedó dormido.

Se levantó durante la noche. Se sentía un poco afiebrado, con un poco de dolor de cabeza y náuseas. Ahora no era definitivamente la misma sensación que tenía antes de un concierto. Su problema psicosomático siempre desaparecía al dormirse, y esta sensación no. Su escroto ya no le dolía, pero la sensación de pulsación aún estaba allí. ¿Sería algún jugo que aún se estaría filtrando por las ataduras y envenenando su cuerpo? Peter cogió los elásticos restantes y se los colocó. Sonrió a pesar de su estado. Ahora ya no podía haber nada pasándose, ¡los elásticos estaban próximos a cortar su bolsa! Durmió a medias, medio amodorrado hasta que la mamá llegó con su especial llamada para levantarse.

Salió de la cama muy cuidadosamente, pero no tuvo problema para sentarse. No le dolía. Tomó una respiración profunda y se quitó el pantalón del pijama. Se asustó cuando vió su escroto. Casi se le detuvo el corazón. ¡estaba casi negro! se veía muy extraño, el área rojiza hinchada en torno a la atadura, luego las bandas de goma de diferentes colores, y esa fea y negro-azulada masa muerta. ¡Oh, sí! estaba muerta, no cabía duda. Peter la tocó; Estaba fría, y parecía de goma. Sintió el contacto en sus dedos, pero no en el escroto. Lo que sentía abajo estaba aún caliente, junto con la sensación pulsante. Peter se forzó a ser razonable, Se puso su ropa interior, Las bolas muertas buscaron su ubicación al frente. Era muy visible. Se puso sus calcetines, camisa y luego, muy cuidadosamente se enfundó en sus bolsudos pantalones. Aún siendo bolsudos, tenía que tener especial cuidado al cerrar la parte delantera. Pero se podía; no le dolía si se movía con cuidado, y la soltura hacía difícil notar algo anormal, a menos que alguien mirara con mucho cuidado. Parecía estar OK. Con sentimientos encontrados, bajó a la mesa del desayuno.

Más tarde en la escuela, Bertrand notó a primera vista que su amigo no estaba en forma normal. ¡hola, Peter! Te ves como si hubieras estado vomitando toda la noche. ¿es que has pasado la noche bebiéndote el whiskey de tu papá? Peter respondió: Casi. En realidad he estado un poco enfermo. Pero ahora ya está hecho. Esto lo dijo muy bajo. Bertrand abrió la boca, pero antes de decir nada la cerró de nuevo. Tomó la mano de su amigo, le dio un firme apretón, y eso fue todo.

La mañana pasó lentamente. Los amigos no hablaron acerca de lo que tanto los motivaba. A Peter le habría encantado salir a pedalear con Bertrand para tener una larga conversación con él, pero no se atrevía a andar en bicicleta en su actual condición. Todo movimiento brusco le dolía. Además, la tarde estaría ocupada con un ensayo del coro. La charla tendría que esperar.

Después de terminado el ensayo, cuando los niños estaban por retirarse, El Sr. Holtmann llamó a varios de ellos. Thomas, Peter, Johnny, Bertrand, Jimmy, Brian, ¿quieren quedarse un momento por favor? ¿Qué pasa ahora?, pensó Peter. Si cualquier otro profesor pide que un alumno se quede, suelen ser malas noticias. Pero generalmente no es así con el profesor del coro. Pronto se vio que Peter estaba en lo cierto. ¿Alguien de ustedes conoce la obra de Benjamin Britten "Viernes por la Tarde"? preguntó. Brian dijo ¿se refiere usted a esa colección de canciones con acompañamiento de piano? Correcto, replicó el profesor, y quiero que ustedes seis lo canten en dos semanas más. Es una noticia muy apresurada, pero todos ustedes saben leer la música bastante bien, lo que es una buena razón para haberlos escogido. ¿les gusta la idea? En vez de responder, Peter empezó a cantar una de las piezas de la obra. El Sr. Holtmann lo miró asombrado. ¿Ya lo conocías? Peter dejó de cantar. Es uno de los favoritos de mi papá, lo tiene en CD, y lo toca tan a menudo que no necesito leer la música para cantarlo. Los niños se rieron. También el profesor se sonrió. ¿Es un trato? ¡Un trato! exclamaron los seis cantantes. El Sr. Holtmann sacó seis paquetes de hojas de música, y se los pasó a los niños. Estuvo media hora repasando la obra y asignando los roles de solista, y luego los niños fueron despachados. Ya había durado bastante tiempo.

Cuando estuvieron en la calle, Bertrand preguntó a Peter, ¿Realmente lo hiciste? ¿qué? Nuestro secreto. ¡Bah! Peter había olvidado sus dolores. Rápidamente respondió. Oh, sí. lo hice, anoche. Entretenido en la clase del coro, , me olvidé. ¿entonces no te duele? Me dolió un poco, pero ahora está perfecto. Bertrand cogió la mano de Peter como lo había hecho en la mañana. Te felicito, le dijo, y si necesitas mi ayuda, házmelo saber. Y partieron. Peter caminó lentamente a su casa. Ese era un amigo real. Nada de preguntas tontas. Sólo apoyo y ayuda. Qué bueno tener a Bertrand. Solo, no habría sido fácil llevar esa carga.

***

Las siguientes dos semanas estuvieron plenas de trabajo. Estaba la escuela, los ensayos normales del coro, el trabajo adicional para la grabación de Schütz, más los ensayos para "Viernes por la tarde" de Britten. Peter casi no se acordó que tenía hobbies tales como la construcción de modelos de barcos. Ya no había tiempo para tales juegos de niño. Se sentía ahora como un cantante profesional. Pero el mundo seguia adelante. La voz de Bertrand era maravillosa para la música de Britten, era excelente en las suaves y melosas tonalidades necesarias para gran parte de esta música, en tanto que Peter hacía los solos más brillantes y dramáticos. Los otros cuatro niños, que estaban en sexto grado, tomaban parte principalmente en los "tuttis", salvo por una pieza en que cada uno de ellos tenía una corta parte de solista. Los seis formaban un coro de cámara miniatura, dividido en dos grupos de tres. Era un asunto a pequeña escala, con un sonido muy íntimo. El Sr. Holtmann les aseguró que sería mejor que usar todo el coro de niños, puesto que ellos cantarían la pieza para la inauguración de de una exhibición de pinturas, en presencia de los artistas, autoridades, y público interesado. Si lo hacían bien, les prometió Holtmann, harían un pequeño tour, cantando la pieza en las casas de retiro y lugares similares en que los recitales cortos por conjuntos pequeños serían bienvenidos. Y por supuesto, siempre estaba abierta la posibilidad de presentar la pieza en un gran concierto que comprendiera a todo el coro, como una forma de intermedio entre dos piezas mayores.

Con todo este trabajo Peter tuvo poco tiempo para pensar en su auto mutilación. Se examinaba cada mañana bajo la ducha, y realmente se divertía por los cambios de color en su atado escroto. Desde casi negro se puso pardo oscuro, amarillento, también hubo diversos tonos de verde, ¡a menudo se podían ver varios colores al mismo tiempo! Ahora no le dolía nada, sólo estaba la sensación de presión de los elásticos, pero incluso esta sensación ya estaba casi desapareciendo, a medida que se acostumbraba a ella. Pero tenía que tener cuidado con los tirones y los movimientos bruscos, puesto que le provocaban bastante dolor en la pìel cercana a los elásticos. Aún caminaba con mucho cuidado, pero habia aprendido a hacerlo a la velocidad normal sin provocarse dolor. Se sentía muy bien, todas las señas de náusea y fiebre habían desaparecido durante el primer día.

El lunes tenían clase de deportes, de modo que había que tener cuidado con el problema de la sala de vestidores. Peter temía que Bertrand pudiera mostrar señales de asombro y delatar su secreto, en lugar de esconderlo, de modo que pensó que era mejor mostrarle a su amigo cuál era la situación. Cuando le preguntó a Bertrand si él iría a pedalear con él ese sábado, el otro niño sólo le preguntó "¿puedes?" Como Peter le aseguró que sí podía (aún cuando el mismo no estaba seguro) acordaron una vuelta a su lugar junto al lago. En realidad era un poco difícil para Peter conducir su bicicleta. Al mantener las piernas juntas sólo apretaba demasiado; Separándolas el pantalón le apretaba las bandas de goma hacia abajo, lo que no era mucho mejor. Fue una pequeña tortura, y cuando los niños hubieron llegado al lago y se hubieron asegurado que no había nadie cerca, Peter rápidamente se quitó los pantalones y su ropa interior para dejar que se refrescara y relajara su maltratado escroto. La piel tensa estaba enrojecida por todo el tironeo. Bertrand le dio una mirada y rápidamente se apartó. ¡Aaaaaj, eso es desagradable! Peter sonrió. Sí, sé que soy un muchacho desagradable. Bertrand volvió a mirar. "No, no tú, sino tus bolas son desagradables" ¿por qué no te las cortas? Ya no sientes nada ¿verdad? Ahora se hizo presente el científico en Peter. Si hago eso, corro el riesgo de infección en la herida. y si los elásticos se salen, puedo desangrarme hasta morir. ¿quieres eso? Bertrand le aseguró a su amigo que él no quería eso, y luego se desvistió, se encaramó a un árbol que colgaba sobre el agua, e hizo un elegante salto al lago. Peter deseaba haber tenido una cámara para tomar una foto de su elegante amigo tirándose ese piquero. Era un puro gozo estético. Bertrand salió del agua sacudiéndose la cabeza y salpicando por todas partes. ¡Ven, perezoso, refresca tus negras bolas! y se subió al árbol y saltó de nuevo. Peter estaba dudoso. ¿se arriesgaría? Se suponía que sus bolas se secarían. Por otra parte, él aún se duchaba todos los días, ¿qué malo podría hacer otro baño más? Se quitó su camisa y sus calcetines, y lentamente caminó hacia el lago. Bertrand se acercó, y empezó a salpicar agua sobre Peter. ¡Ven, entra, te estás portando igual que mi abuelita! Eso bastó. Peter se sumergió en el lago, cogió a su amigo por los pies y lo dio vuelta, la cabeza bajo el agua. Lo dejó irse, y Bertran salió, tosiendo un poco de agua, pero riendo. Comenzó una batalla acuática, tras la cual los dos niños fueron nadando lejos en el lago. Peter lo gozó completamente. Era la primera vez desde que se autoelasticó, que realmente no sentía nada que lo lastimara. Todo flotaba en torno a él sin peso. Los amigos nadaron lentamente de regreso, cansados por el largo trayecto. Cuando estuvieron en la playa, Bertrand se tendió boca abajo, en el pasto, en tanto que Peter se sentó con una amarga sonrisa. ¡Hoy no le era posible tenderse boca abajo!

***

Llegó la tarde de la inauguración de la exposición de pinturas. "Viernes por la tarde" estuvo bien escogida, pues realmente ese día era viernes. Bueno, era al anochecer, no en la tarde, pero qué importaba. Peter se sintió extraño en su ropa de coro, puesto que después de todo él ya no era un niño real. ¿o sí lo era? ¡difícil pregunta! No sabía cómo resolver ese dilema. pero lo que sí sabía era que su escroto le estaba picando como loco. La picazón parecía ubicarse dentro de las bandas de goma. Probablemente alguna piel muerta junto a la piel viva le estaba porovocando eso. Quiso quitarse los elásticos y rascarse allí, pero… ¿si algunas toxinas salían e infectaban su cuerpo? De modo que mantuvo las bandas y esperó que la madre naturaleza decidiera lo que sucedería. Su escroto ya se estaba poniendo blanquecino y se sentía como cartón. Trató de liberar su mente de eso y concentrarse en la música que debía ejecutar.

Se había colocado una tarima cerca del piano. Los seis niños coristas cantarían allí, puesto que no había un escenario en la sala. Estaba bastante silenciosa, hombres canosos de smoking y damas maduras con trajes muy escotados tenían una pequeña conversación, bebían vino, y admiraban las pinturas que, después de todo, a Peter no le parecían grandiosas. Algunas líneas divertidas, unas pocas salpicaduras de color; él podría haber hecho varias de ellas en una hora. Probablemente el artista obtuvo bastante dinero por ellas. ¡vaya!

La función estaba por comenzar. Un anciano de pelo blanco, vestido con un smoking negro habló acerca del artista, de las pinturas, de la maravilosa inspiración que el maestro necesitaba para hacerlas, del gran honor para la ciudad que albergaba la exposición, y cosas así. Peter se aburría, su escroto le picaba. A veces casi se rió cuando el anciano dijo algo especialmente estúpido. Luego presentó al Sr. Holtmann y sus niños, refiriéndose a ellos como los mejores solistas de voz blanca de la famosa escuela que había hecho tanto por el arte. Así tanto. Peter trató de desligarse de su aburrimiento y concentrarse en la música. Afortunadamente "Viernes por la Tarde" comenzó con un coro, bueno para calentar el cuerpo y ponerse en forma. El Sr. Holtmann había tenido cuidado de advertir a la audiencia que hicieran el favor de no aplaudir antes que todo terminara, precaución muy necesaria para tal auditorio, la mayor parte del cual no tenía mucha idea de la música seria. Así, con la partida coral podrían proseguir ininterrumpidamente con el primer solo de Bertrand, que él entregó con su suave y encantadora voz, manteniendo siempre la entonación. Bien hecho. ¡Ese era su mejor amigo! ¡él podía cantar! La siguiente pieza fue también de Bertrand, con el coro de cámara imitando al cucú como fondo. La voz de Bertrand estaba hecha para esto. El último cucú terminó, y se habría podido oir la caida de un pelo. ¡Una delicia! Los seis niños cantaron la siguiente pieza con un texto algo trágico, acerca de un pobre zorro al que le disparaban por sus fechorías. Luego vino Bertrand de nuevo, con un solo lento y movido. El Sr. Holtmann apenas tocaba las teclas del piano, pues ésto era sólo de Bertrand. La audiencia estaba inmóvil, se habían olvidado de las tontas pinturas, el canto dominaba el salón. La siguiente pieza, "Debo casarme el domingo". Peter sonrió al cantarla ¡Yo nó! ¡No hay casamiento para mí! Extraña coincidencia. Luego fue el turno de Peter con un solo corto y rápido, seguido de otro lento y más intenso que él entregó con todo su arte. Aparentemente el público no esperaba tal voz aquí. La expresión de sus caras impulsó a Peter a cantar aún mejor. Estiró el último verso, y luego entró a un final rápido.

La pieza siguiente, muy lenta y cambiante, era nuevamente de Bertrand. Peter sabía que él cantaba bien, y que tenía una voz más potente que la de su amigo, pero para este tipo de música el sonido suave y dulce de su amigo era la más indicada. ¿Podría preservarse tal voz? Probablemente no. Sólo un niño joven podía cantar de ese modo. Todo el coro de cámara cantó la siguiente pieza al unísono, y luego vino una bella canción en la cual todos los niños tenían pequeños solos. ¡Para algunos de los de sexto grado éste era el primero! ¡Aunque fuera corto, siempre valía! Y luego llegó la última parte, una pieza coral muy corta, de ánimo oscuro, que demostró de nuevo cómo Benjamin Britten era capaz de conmover al público con una música tan sencilla. Peter podía ver las lágrimas que caían de algunos ojos, ¡y se suponía que era un público sin gran conocimiento musical! Los niños pusieron dramatismo en su canto, y el profesor los apoyó con el piano. Las últimas notas del piano cayeron en pianísimo, las voces de los niños se desvanecieron en el silencio. Silencio. Varios segundos de puro silencio. Y luego la audiencia estalló en vítores, aplaudiendo como locos. Los niños permanecían en sus tarimas, como en trance, oyendo aún las últimas notas, permaneciendo en el aire a pesar de los aplausos. El Sr. Holtmann se paró del banquillo del piano, saludó con una reverencia, y se volvió hacia sus niños y le dio una señal de hacer también un saludo. ¡Y entonces sucedió! ¡La tarima se vino abajo, enviando a los seis niños sobre el piano y al suelo! Algunas damas gritaron, varias personas corrieron a auxiliar a pararse a los niños, y les dieron también su saludo. La mayor parte de ellos se rieron, Jimmy puso cara amarga, puesto que tenía una rodilla ensangrentada. El piano había sido demasiado duro. Pero Peter puso todo todo su empeño en controlarse. También había caido sobre el piano, y tenía un fuerte dolor en su entrepierna. Le dolía intensamente. El profesor miró a sus niños y vio que Peter tenía problemas, ¿Estás herido? Creo que no, respondió Peter, pero me duele mucho. Me golpeé el pecho en el borde del piano. Iré al baño a comprobarlo. Bertrand se ofreció rápidamente. Iré contigo, Peter, así el Sr. Holtmann podrá cumplir sus deberes diplomáticos aquí. El profesor sonrió agradecido y los amigos salieron. En el baño ellos estaban solos, y Bertrand le dijo con bravura. Vamos ahora lo que le sucedió a tu pecho. Peter tuvo que sonreir pese a su dolor, se quitó su uniforme coral y se bajó los pantalones. ¡Mierda! exclamaron los dos niños casi al unísono. La ropa interior de Peter estaba con sangre. Cuidadosamente la quitó. Las cosas parecían un poco menos terribles. Su muerto escroto se había soltado en la parte de atrás, dejando una pequeña herida. Algunas de las bandas de goma se habían corrido y se habían deslizado dentro de la herida. Peter las levantó y las colocó sobre las otras. Tuvo que hacer algunas contorsiones para conseguirlo. El área estaba muy afectada, pero ya había dejado de sangrar. Bertrand preparó algunos gruesos apósitos de papel higiénico, y Peter cuidadosamente los instaló en su calzoncillo manchado de sangre. Muy cuidadosamente se subió los pantalones y se puso la ropa coral. Aún le dolía, pero la situación estaba bajo control. Los niños volvieron a la sala de la exhibición.

Por el camino de regreso a casa, otras bandas elásticas se deslizaron de nuevo hacia la herida. Pero el dolor no fue realmente intenso. Peter creyó que de ahí en adelante tendría que quedarse así. Pese a su preocupación por cierta pérdida de sangre por allí, trató de actuar normalmente, pero se movió con mucho cuidado para evitar otro rasgón semejante. Después de la cena se fue rápidamente el baño, descartó el apósito de papel higiénico y examinó la situación. La herida estaba cerrada, y su muerto apéndice estaba algo oloroso. Aunque la mayor parte estuviera firmemente fijo, Peter consideró sus opciones para cortarlo ya. Pero cuando los elásticos se hubieran salido. ¿Se habría sellado ya lo bastante el área para arriesgar esto? Realmente deseaba finalmente separarse de sus bolas muertas, pero no quería correr ningún riesgo. ¿Y estaría en condiciones de hacer él mismo el corte? No lo sabía. ¿Sería Bertrand capaz de ayudarle? Por el momento Peter tomó una ducha algo corta, y se fue a la cama. Escondió su ropa interior ensangrentada. La descartaría mañana en un lugar seguro. Si tenía suerte, la mamá no se daría cuenta que él tenía ahora un par menos de calzoncillos, ¡pero por supuesto sí se habría enterado de las cosas con sangre en la lavandería!

Peter se quedó en pie por un rato. ¡Vaya un día! La satisfacción de hacer que la gente escuchara una buena música en lugar de malas pinturas, la revelación de la voz de Bertrand para la música de Britten, y luego ¡el comienzo del fin de su procedimiento! Deslizó sus manos dentro del pijama y palpó en torno a su escroto. Estaba firme como un nudo de papel maché. La piel por sobre los elásticos se sentía muy normal, y la goma estaba allí como si recién la hubiera colocado. Nuevamente tiró las bandas de goma que se habían deslizado hacia la herida. Luego con mucho cuidado palpó en torno a la herida. Se había formado una delgada costra. Estaba empezando a sanar. Trató de deslizar un dedo entre las bandas y su piel. Pudo hacerlo sólo un poco, puesto que las bandas estaban muy apretadas. Pero sentía como que todo el tejido dentro de las bandas estuviera vivo, y que la piel muerta comenzaba justo fuera. Sin embargo era difícil decirlo.

Repentinamente se sobresaltó. ¡No había tenido sus retortijones de tripas ahora, a pesar del concierto en la exposición!. ¿sería porque no era un concierto "real"? ¿o porque la estrella verdadera con la mayor parte de los solos era Bertrand y no él? ¿o es que finalmente estaba consiguiendo controlar su problema? ¡Sea lo que hubiera sido, era realmente bello ser capaz de cantar en público sin esa cochina sensación!

***

El año estaba próximo a terminar. Eso siempre significaba más trabajo. Además de los conciertos usuales con el repertorio conocido, la continuación de la grabación de Schütz, y las varias grabaciones adicionales de "Viernes por la Tarde" y los otros trabajos que ya le eran conocidos, el Sr. Holtmann había planeado una serie de Conciertos de Navidad. Este tipo de música había sido siempre la favorita de todos los niños del coro, pero unas pocas debían ser reensayadas bastante. El profesor había escrito algunos arreglos de "Los Doce Días de Navidad", y piezas similares, especialmente ajustadas a la capacidad de varios de sus cantantes. La voz de Peter había desarrollado una gran potencia últimamente, y él estaba en condiciones de cantar cómodamente no sólo tan alto como los famosos Do altos, sino incluso considerablemente más alto. El Sr. Holtmann hacía buen uso de esto y escribió algunas partes para Peter que llegaban hasta el Fa superior. Peter lo intentó, necesitó algún esfuerzo, pero le fue bien posible. Estuvo orgulloso de ello. También estaba ganando fuerza en el canto de notas bajas de su rango, y esto le puso en la envidiable situación de ser capaz de cantar bellamente por casi tres octavas. La mayoría de los niños podían apenas hacerlo, y algunos incluso menos. A pesar de esto, su voz era genuina de soprano. Mientras que él podía alcanzar la mayor parte del registro de contralto, siempre sonaba bien en los más altos. Puesto que Robert, el solista contralto estrella por dos años finalmente había tenido que abandonar, el Sr. Holtmann había escogido tres niños del sexto grado que tenían bellas voces de contralto, y mostraban suficiente potencial de desarrollo para esforzarse para el canto de solista. Era divertido. Los tres eran muchachos muy delgados bastante altos para su edad. Aparentemente el tipo de voz tenía mucho que ver con la constitución física. Los tres se esforzaron por hacer un buen trabajo, puesto que sabían muy bien que sólo uno sería escogido para los roles importantes de canto solista.

Peter casi había dejado de tener cuidado respecto de su operación. Su escroto se había estabilizado de color y se había encogido un poco, transformándose en una pequeña masa dura. Ya no necesitaba mucho espacio, y se estaba separando lentamente de su cuerpo, a medida que las bandas de goma se incrustaban en la ranura que se estaba formando. A veces, cuando él hacía un movimiento brusco, la piel le producia un poco de comezón, le dolía un poco, y salía un poco de sangre, de modo que Peter siempre se ponía un pequeño apósito de papel higiénico allí para evitar el tener que descartar más calzoncillos. Ahora no estaba andando en bicicleta, pero esperaba poder recomenzar a hacerlo pronto. A veces Bertrand le preguntaba cómo iban las cosas, pero el buen talante de Peter le denotaba claramente que todo estaba bien. Habían pasado casi seis semanas desde que hiciera esa locura. Los ensayos, conciertos, y para su desazón, también gran parte del trabajo escolar, le dejaban poco tiempo para pensar en ello.

***

Faltaban tres días para la Navidad cuando Peter se despertó sintiendo algo mojado entre las piernas. Era algo tarde en la mañana, la mamá lo había dejado dormir puesto que no había clases, salvo el ensayo del coro temprano en la tarde, y los conciertos y las sesiones de grabación casi cada atardecer. Peter se sentó en la cama, y notó que no sentía el acostumbrado bulto entre las piernas. Se quitó el pijama, y miró su escroto que colgaba de una muy delgada parte de la piel que conectaba con su pene. Todo lo demás se había separado. La docena de bandas de goma se habían amontonado sueltas en torno a esto, formando una montón sobre la piel que se estaba reformando. ¡Había llegado el momento! ¡Ya no podría caminar con esto! Con algo de temor y muchas expectación se volvió a poner el pantalón del pijama y se fue al baño, sosteniendo discretamente su escroto. Le dolía si lo dejaba colgando. Cerró la puerta y se sacó el pijama. Ubicó un par de tijeras cortauñas. Su madre tenía una botella de alcohol desnaturalizado en el baño. Peter llenó la taza de la botella con alcohol, metió en ella la tijera, la apoyó en la botella, y luego se sentó en el borde de la tina de baño. Se quitó las bandas de goma, una por una, vuelta por vuelta. Estaban como pegadas entre sí después de tanto tiempo. De modo que eso era. Una herida rosada, supurando una pequeña cantidad de líquido claro. Los tejidos se habían hinchado e inflamado un poco, pero nada terrible. En el borde delantero, el escroto aún estaba sujeto por una delgada capa de piel que se veía ligeramente parda, coriácea y seca. La piel viva estaba muy enrojecida en la parte junto a las ataduras. Peter sacó las tijeras del alcohol, tomó una respiración profunda, y sujetó la piel muerta. Su corazón latía como loco. Cortó por la piel. Estaba realmente muerta, no sintió nada allí. Aún cuando lo había esperado tanto tiempo, siempre le resultó algo chocante el ver sus bolas completamente desprendidas. Rápidamente las lanzó al toilet. ¡Cataplún! ¡Eso era! ¡Ahora él era, finalmente, un castrado real y completo, sin que cupiera duda! Recordó la frase que había leido en Internet. "Nuestro tiempo está maduro para revivir la tradición de los castrasti" ¡Aquí estoy, pensó, listo para recomenzar la resurrección!.

Peter hizo ahora un apósito de papel higiénico, lo mojó el alcohol, y lo oprimió contra su herida. ¡Ouch! ¡no debería haber hecho esto! El dolor fue tan intenso que casi gritó. Lanzó el papel al toilet, e hizo un gesto. Por lo menos todos los microorganismos que podría haber habido allí habían sentido el mismo dolor. Le ardía como fuego. Después de un rato, se levantó, cerró y guardó la botella de alcohol, limpió las tijeras por si las necesitaban, y miró dentro del toilet. Allí estaba su oscurecida y encogida bolsa, con su seco contenido aún adentro, flotando entre algunos restos de papel que se desintegraba. Orinó encima de ella y descargó el agua. Qué extraño, todo había sido tan fácil… Sólo algunas bandas de goma y seis semanas de tiempo. Se volvió a poner el pijama, recogió las doce bandas de goma, y las lavó. Después de todo, aún estaban buenas y podrían usarse para sujetar muchos modelos de barcos mientras se secaba el pegamento. Volvió a su pieza, guardó las bandas de goma en su estuche, y se acostó de nuevo, donde saboreó debidamente su victoria.

Cuando Peter finalmente se vistió y bajó las escaleras para desayunar, se sorprendió por lo liviano y ágil que se sentía. Después de todo, las bandas de goma habían sido bastante incómodas. Ahora estaba como cuando había sido un niño muy pequeño, sin sentir nada entre sus piernas. Podía juntarlas sin atrapar nada entre ellas. Era una muy refrescante sensación.

Por la tarde fue a la escuela para el actualmente diario ensayo de coro, y cuando se encontró con Bertrand, su amigo notó inmediatamente que Peter estaba radiante. ¿buenas noticias? preguntó Bertrand. ¡Victoria! respondió Peter. Ellos se estrecharon las manos. Los otros niños en torno a ellos no tenían idea de qué se trataba. Peter sonrió pensando en lo que dirían si lo supieran…

Después del ensayo, los niños se fueron a casa, a tomar un descanso antes de la noche. Deberían dar el concierto de Navidad en el City Hall. Una docena de villancicos, algunos de ellos en arreglo del Sr. Holtmann, cantados a capella por los niños del coro, seguidos de algunas selecciones del Oratorio de Navidad de Bach, para lo cual estaría en el escenario el coro completo de la escuela, incluyendo a los alumnos mayores. Peter estaba esperando sus usuales náuseas y retortijones, pero nada pasó. La única explicación que encontró esta vez fue que el éxito de su plan era tanto más importante que este único concierto, que su mente no le comunicaba la situació a sus tripas. ¡Tanto mejor! ¡Y él tendría que cantar su parte más difícil esta noche, puesto que los arreglos del Sr. Holtmann requerían todo lo que él pudiera hacer! Bueno, él les mostrtaría a todos lo que era capaz de hacer con su voz. ¡Se sentía del ánimo perfecto para ello!

Y así lo hizo. Junto con Bertrand, entregaron una espeluznante ejecución de la versión de Holtmann de la "Noche de Paz". No la cantó demasiado forte, porque habría podido sobrepasar a Bertrand, que cantaba la línea de la melodía principal en tanto que Peter llevaba la de contrasoprano compuesta por el profesor. El Sr. Holtmann realmente sabía que Peter podía cantarla y el niño así lo hizo. El público se quedó congelado, rehusándose al comienzo a creer en lo que estaban oyendo. Eso era el comienzo. La mayor parte del público había ido por lo menos al concierto de Navidad de cada año, muchos eran entendidos en música, pero ¡nunca habían escuchado una voz así, de tal intensidad en los altos, sin ser excesivamente fuerte! El aplauso después de esta simple canción fue apoteósico.

También notable fue la ejecución de "Los doce días de Navidad". Aquí, doce niños tuvieron solos intercalados entre los tutti del coro. El profesor había escogido cuidadosamente a los solistas, produciendo un entrelazamiento de sonido colorido y contrastante que despertó una ovación. Después de algunos villancicos menores y conocidos llegó la canción austríaca en que Peter podía sentirse libre ante el coro, cantando algunos pasajes intensos, muy adornados, en que él se tomó la libertad de apartarse considerablemente de la composición del Sr. Holtmann. Lo hizo en forma magistral. ¡Este era su concierto! ¡En su dia! Al final, cuando tenía que doblar desde un sol al do alto, para la cuerda que cerraba, tuvo la idea de que él podía hacer aún más que eso, y mientras los altos del coro cerraban con el do alto, el dobló una octava hacia arriba, complementando la cuerda con el sol superior. ¡Esa nota, cantada precisa como navaja, y limpia como sólo un niño podría hacerla, nunca había sido escuchada antes en ese salón! El Sr. Holtmann mantuvo al coro estirando la nota, e hizo un decrescendo hasta el nulo, ¡y ese tono aún parecía presente, permanecía en el salón, limpio y puro, increiblemente alto! En tanto que la audiencia aplaudía como loca y la cortina descendía, el Sr. Holtmann dio algunos pasos hacia Peter y lo abrazó. Peter vió lágrimas en los ojos del anciano profesor. No esperaba haber sido capaz de impresionarlo tanto, y se sintió confundido al verse tratado en esa forma delante del resto de los niños. Pero lo aceptó como un cumplido, y los otros niños no hicieron cuestión de ello. La segunda mitad del concierto, los corales de Bach cantados por todo el coro, era sólida, pero se mantuvo dentro de los márgenes usuales. Peter pensó que este orden era inadecuado. Lo mejor debería venir al final, y eso era él cantando los arreglos del Sr. Holtmann. Sin embargo, después del concierto se encontró con sus padres y su hermana, que habían todos asistido, y tuvo de nuevo que soportar más felicitaciones. La mamá lo felicitó como siempre lo hacía, pero su padre se habia dado cuenta de lo especial que había sido su desempeño, y se lo dijo así. Llevó de nuevo a Peter a la realidad cuando le dijo sonriente, "Gózalo mientras puedas, porque esto no durará para siempre". Peter no respondió. Estaba haciendo trampa. ¿Cuándo lo descubrirían? Tenía la esperanza de que no fuera muy pronto.

***

Ya era enero. Los últimos días habían sido muy calurosos, pero ahora estaba mucho más frío como para ir a nadar desnudo con Bertrand. Habían pasado semanas sin ir a pedalear por el área circundante, construir modelos de barcos, probarlos en su lugar secreto en el lago, charlar y cantar sólo por el placer de hacerlo. Bertrand ahora también tenía ya doce años; su cumpleaños había sido el primero de enero. ¡Qué fecha más loca para haber nacido! Su madre había pasado el año nuevo en la clínica doce años antes… Eso había sido todavía en Francia. Peter pensó en su joven amigo. Sólo unos pocos meses de diferencia en edad, ¡pero era tan inocente! Bertrand le había pedido a Peter ver su cicatriz, y Peter había tenido la amabilidad de mostrársela. Su amigo le había dicho: "Entonces ahora ya no necesitas mi ayuda". Peter le había asegurado que la ayuda de Bertrand en los vestidores había sido crucial y continuaría siéndolo. En realidad, Bertrand había desarrollado un reflejo para escudar a Peter de las miradas furtivas mientras el castrado se desvestía en las cabinas más remotas después de la clase de deportes. Quizá alguien notara la cercanía de Bertrand con Peter, pero después de todo eran buenos amigos, y todos lo sabían. Sus compañeros de clase no tenían la edad como para hacer historias de eso. La escuela había recomenzado. Las grabaciones de Schütz aún no se habían terminado, cuando el Sr. Holtmann llegó con buenas noticias. Todo el coro, junto con la orquesta de la escuela ejecutaría El Mesías de Haendel en cinco meses más. Si todo salía bien, harían una gran gira por varias ciudades presentando la obra. Sería una gran empresa, considerando que participaban casi cien ejecutantes y cantantes. El profesor anunció que estaba pensando en los solistas. Mencionó dos bajos muy buenos del último grado, que abandonarían la escuela después de las presentaciones. Un tenor era también del último grado, y el otro era un año menor. Peter conocia a ese muchacho, cantaba muy bien, pero era de un carácter imposible. Para los solos de contralto, el Sr. Holtmann nominó dos de los tres niños que había seleccionado algunas semanas antes. Ellos sonrieron en tanto que el tercero estaba próximo a estallar en lágrimas. Luego anunció los solistas sopranos. ¡Bertrand y Jimmy! ¡sí, Jimmy! El anciano había escogido a ese niño con su pequeña voz en lugar de él. ¡Peter!, Peter sintió que le corría un sudor frío por la espalda, ¡Eso no era posible! ¡Jimmy en lugar de él! ¡El profesor lo estaba sacando de su rol! ¿qué había hecho él para merecer esto? ¿Para no tener un rol de solista en El Mesías.

Cuando terminó el ensayo y los niños se habían retirado, Peter esperó fuera del salón. Cuando Bertrand salió, tomó a Peter por los hombros y trató de llevárselo. Pero Peter se resistió. Ve con ellos, yo tengo que hablar con el Sr. Holtmann. La cara de Bertrand se iluminó. ¡Buena suerte, amigo! Si tienes cualquier problema con esto, dímelo y me rehusaré a cantar. Se fue corriendo. Nuevamente Peter quedó sorprendido por Bertrand. ¡Ese sí que era un amigo! ¡Correría el riesgo de que lo sacaran de sus solos, sólo por ayudarlo!

El salón estaba vacío, y el profesor estaba solo recogiendo sus papeles de música. Peter se acercó y empezó a ayudarle a poner sus papeles en orden. El profesor lo miró. ¿qué pasa, Peter? ¿tienes algún problema? Peter estaba próximo a estallar en lágrimas, pero se controló. Sr. Holtmann, yo quiero cantar El Mesías. No tengo nada en contra de Jimmy, pero él es demasiado nuevo para esto. ¡El puede cantarlo, pero no interpretarlo! ¡Usted sabe que yo podría hacerlo mucho mejor! ¿por qué me echa usted al canasto de la basura? Ahora ya no pudo contener las lágrimas. El profesor le alcanzó su pañuelo, y secó las mejillas del niño. Tomó una silla, hizo sentarse a Peter, tomó otra para él y se sentó.

Peter, yo sé tan bien como tú que puedes. Pero hay un gran problema. Si el concierto fuera a tener lugar la próxima semana, te aseguro que tú serías el solista. Pero hay medio año por delante. Hizo una pausa. Puede que ya no tengas tu voz de soprano para ese entonces. Peter se sintió confundido por un momento. Se había compenetrado tanto de su situación, que había olvidado completamente que el profesor no tenía idea de ello. ¡El mundo le parecía mucho mejor ahora! Sr. Holtmann, yo puedo asegurarle a usted que aún estaré cantando alto para entonces. ¡Absolutamente! El profesor sonrió. Aprecio tu interés, Peter, pero créeme. He dirigido coros de niños por más de treinta años hasta ahora, y sé cómo se desarrollan las voces de los niños en el tiempo. Ahora estás en tu mejor momento, pero en tres o cuatro meses más tu voz se quebrará. Tienes ahora trece años, ¿verdad? y estás casi tan alto como yo. Todavía tengo doce, ¡y yo puedo cantar El Mesías en seis meses más, o en siete o en ocho!. Peter ahora estaba casi enrabiado. Pero el anciano profesor no se entregaría tan fácilmente. Peter, muchos niños de tu edad creen que pueden controlar sus voces. Pero créeme, de repente notarás alguna dificultad, y unas pocas semanas después no podrás cantar nada. Fíjate en lo que le pasó a Robert. Es realmente un héroe. luchó duramente, pero al final tuvo que rendirse. Lo perdí para las grabaciones de Schültz, y tú sabes que ese era mi proyecto favorito. Sonrió. Me gustaría completar la grabación antes de perderte también a ti, por eso es que quiero que te concentres en eso en lugar de perder tu tiempo aprendiéndote El Mesías, sólo para que tu voz se pierda pocas semanas antes de los conciertos.

Peter se sentó en silencio. ¿Cómo podría convencer al anciano profesor? ¿Tendría que pedirle a Bertrand que le ayudara? Parecía inadecuado, después de todo el profesor no tenía malas intenciones. ¿o debería decirle al Sr. Holtmann que él se había castrado a sí mismo? ¿mostrárselo si fuera necesario? No, de ningún modo. Le dijo lentamente: Le propongo lo siguiente, haré todas las grabaciones de Schütz que usted me pida. Usted sabe que también me encantan los Pequeños Conciertos Sacros. Pero me dará las partituras de El Mesías. Las estudiaré en el tiempo libre mientras usted le enseña al pequeño Jimmy. Y si al momento de que empiecen los conciertos aún tengo mi voz intacta, lo cantaré, y Jimmy esperará su próxima oportunidad en uno o dos años más, cuando pueda hacerlo mejor que ahora. ¿de acuerdo? ¿es un trato? El profesor se rió. ¡Querido Peter, te mereces un monumento por tu decisión! ¡pues sí! ¡es un trato! ¡y esperemos que sea para lo mejor! Peter se levantó de un salto de su silla. ¡Grandioso! ¡gracias, Sr. Holtmann! y salió rápidamente como tornillo recién aceitado a darle a Bertrand la buena noticia. Tal como lo esperaba, su amigo lo estaba esperando al pie de la escala.

***

Pasaron los meses. La grabación de Schütz se completó en tres CDs. Peter le había dicho a Jimmy acerca de su trato con el Sr. Holtmann, aclarándole que él cantaría El Mesías y que Jimmy debería pensar en una presentación para el año siguiente o algo así. Después de todo, luego que el coro tuviera El Mesías en su repertorio, seguramente sería repuesto en alguna fecha posterior. Peter se había aprendido los solos del Mesías en la casa, haciendo un trabajo muy serio que deleitó a sus padres pero disgustó a su hermanita. ¡Todo el santo día este muchacho estúpido está haciendo bulla con las mismas canciones! reclamaba.

Gozaron gran cantidad de secretos viajes en bicicleta, se aventuraron en las autopistas, y probaron cuán lejos podían alcanzar entre la hora de almuerzo y la de la cena, Pero a menudo ellos iban sólo hasta el lago y hacían regatas de barcos modelos. (Peter usaba un motor eléctrico con baterías NiCd, en tanto que Bertrand jugaba de tradicionalista con un pequeño motor a vapor heredado de su abuelo.) En mayo finalmente hizo suficiente calor como para bañarse desnudos en el lago. Había llovido el día antes, y ahora el sol brillaba cálido en tanto que el bosque se veía vaporoso. Era el tipo de tiempo que la mamá de Peter consideraba peligroso para su salud, pero Peter no se tragó eso. Los niños llegaron a la ribera del lago temprano en la tarde, sudorosos luego de una dura pedaleada en sus bicicletas de montaña por el escabroso sendero del bosque. ¡No había duda que ese día se había hecho para nadar! Peter arrimó su bicicleta contra un árbol, despojó su alto y esbelto cuerpo de sus ropas, y se encaramó al viejo árbol que colgaba sobre el agua. Había crecido bastante en los últimos meses. Se sentó en la rama esperando a Bertrand que fue pronto en seguirlo. Mientras Bertrand se subía, le gritó: ¡salta! ¡la rama no nos soportará a los dos! y Peter se rió. ¡No seas gallina! ¡si no lo haces, estaremos más rápido en el agua. Y Bertrand llegó rápidamente arriba, sentándose de cara a su amigo. Peter comenzó a balancear la rama, aún riéndose, hasta que Bertrand le dijo con una cara cómicamente seria: ¡no seas malo, no destruyas nuestro bello árbol, que nos puede servir aún muchos años! y saltó. Su chapuzón fué seguido rápidamente por el de Peter, que había perdido el equilibrio cuando Bertrand saltó. Los niños salieron a la superficie, riendo, e inauguraron su temporada de baños con una movida batalla acuática. Poco después, salieron del aún frío lago y se tendieron boca abajo en el pasto, gozando del sol sobre sus desnudos cuerpos por primera vez en el año.

¡Era tan bello tenderse allí! Los pájaros cantaban más fuerte que nunca, la naturaleza desbordaba de vida, llena de verde, el sol estaba hermoso, el mundo era bueno, la vida era excelente. Los niños estaban en silencio y gozaban de todo ello.

Después de un rato, Bertrand habló. Peter, creo que yo estoy listo para eso. Peter se dio vuelta para dejar que el sol calentara su fría barriga. ¿listo para qué? Bertrand sugirió: para el gran evento. ¿quieres decir, para El Mesías? por supuesto que estás listo para ello, tienes que estarlo. La primera presentación será la próxima semana. ¡No, tonto! dijo Bertrand y le dio un golpe a su amigo en las costillas. ¡No me refiero a eso! Peter volvió descuidadamente la cabeza y vió una extraña expresión en la cara de su amigo. ¿Entonces, qué quieres decir? Estaba muy intrigado. Bertrand dijo en voz muy baja: Quiero seguir tus pasos. Ser un castrato. ¡Eso sí fue una sorpresa! Peter nunca había esperado que nadie más tomara la misma decisión que él había tomado, mucho menos su mejor amigo. En realidad, últimamente él había estado pensando mucho en su auto castración, como algo que estaba en un pasado muy lejano, y era algo ya establecido, que no valía la pena pensar en ello. Se sintió un poco culpable. ¿Estaba seduciendo a su amigo hacia una vida especial que quizá no sería la mejor para él? Pero por otra parte, ¿podría haber una vida mejor para un niño cantante de pleno corazón? Un especialista había declarado: "nuestro tiempo está maduro para la resurrección de la tradición de los castrati" Debería haber un futuro brillante, no sólo para él, sino también para Bertrand, si finalmente escogía ese camino, ¡y también para muchos otros! Después de todo, la voz de Bertrand había llegado a ser mucho más brillante, mucho más intensa en los últimos meses, y había perdido mucho de su suavidad de niño pequeño. Seguramente sería bueno preservarla. ¿te quedaste mudo? le dijo Bertrand volviéndose de espaldas, puesto que también sentía el frío del pasto mojado en su barriga, Ya lo he decidido, de modo que no trates de disuadirme de eso. Habrá espacio para los dos en los escenarios, y podemos seguir cantando juntos como en los Pequeños Conciertos Sacros, El Mesías y todas esas otras obras.

Peter miró el cuerpo de su amigo. Bertrand había empezado dar sus estirones, y estaba alto y delgado, aunque no tanto como él. Los genitales de Bertrand se veían aún mucho más como los de un niño pequeño, aún cuando el tenía ahora ya más de doce años. Peter hizo un gesto al compararlo con su propio pene. Eran casi iguales, pero aunque Peter era más alto, al compararlos se veía pequeño. Y no había nada detrás de él… Peter gustaba de su cuerpo como era, no tenía complejos por ello. Pero su amigo tampoco se veía mal, aunque esas dos cosas en la arrugada bolsa contraída por la ación del agua fría, parecían como una amenaza de males por venir. ¿Es que no me vas a hablar nunca más? ¿o es que estás durmiendo con los ojos abiertos? Bertrand de nuevo le dio un golpe en las costillas, ¿me ayudarás?

Peter volvió lentamente de su viaje mental. Si estás seguro, cuenta conmigo. ¡Pero realmente no esperaba que fueras a dar ese paso! ¡Yo pensé que yo era el único suficientemente loco como para hacer tal cosa! Hizo una pausa, luego sonrió ampliamente y dijo. Todavía tengo mis queridas doce bandas de goma. ¿las quieres? Pero la cara de Bertrand se oscureció y dijo No me gusta esa manera de hacerlo. Tu bolsa se veía horrible. Y debe haber sido muy incómodo el caminar por ahí con esa cosa muerta por tanto tiempo. Cosassss, corrigió sonriendo Peter. Bertrand de nuevo le dio un golpe en las costillas y continuó. Y el accidente de la exposición, fue muy desagradable. No, prefiero un método más limpio de hacerlo. Peter hizo un gesto de nuevo, y preguntó con la voz más inocente que pudo sacar, ¿tu madre tiene aún ese cuchillo de cocina de este tamaño? e hizo el mismo gesto que Bertrand había hecho meses antes cuando se lo ofreció. Bertrand se rió. Seguro que sí, pero trata de no cortarme mis piernas con ese instrumento, o por lo menos, no las dos. De nuevo se puso serio. ¿podrías hacer ese trabajo? Peter pensó un poco. Luego replicó, Yo no soy cirujano, y eso es cirugía. Lo más probable es que te mate. Los amigos se quedaron en silencio tendidos de espalda. El sol de la tarde les bronceaba su desnudez.

Repentinamente Peter dijo, imitando al profesor de matemáticas. Estimado Bertrand, ¿has hecho tu tarea? Bertrand miró hacia arriba sin comprender. Quiero decir, ¿has leido acerca de la castración, qué efectos produce, y cómo puede efectuarse? Bertrand movió su cabeza. No, estimado profesor, por favor, dígamelo, dijo imitando la voz de un niño de primer grado. Peter se rió con una risa brillante, y comenzó a explicar: Yo podría coger el cuchillo de cocina grande de tu mamá y cortar tus cosas de un solo corte. Muchos cientos de años antes se hacía así con algunos esclavos. La mitad de ellos morían por la pérdida de sangre, y la mayor parte del resto por las infecciones. Bertrand dijo: paso, prosigue. Peter prosiguió. Podrías preferir el método usado por las escuelas de castrati italianos. Puedo hacértelo. Es sin sangre y bastante seguro. Bertrand lo miró, y Peter continuó: te sientas en la bañera con agua caliente, de modo que tu bolsa se afloja y se ablanda, y luego uso el alicate de mi papá para triturar tus bolas hasta hacerlas jugo. Peter rápidamente cogió una de las bolas de Bertrand y la apretó moderadamente. Bertrand lanzó un fuerte quejido. Esto es por pegarme en las costillas todo el tiempo. ¡estamos empatados! Peter se rió. Bertrand sobó sus maltratadas bolas. ¡Maldito! ¡Eso vale por muchos golpes en las costillas! y le dio a su amigo otro golpe. Pero, ¿es que realmente ellos hacían eso? Por supuesto que lo hacían, respondió Peter, y los niños sobrevivían bastante bien. Aparentemente nadie se preocupaba porque les doliera. Deben haberlo recordado por toda la vida. Pero quizás ellos drogaban a los niños. Después de todo tenían opio, y grandes cantidades de vino. ¡Bertrand, esa es la idea! Tómate el whiskey de tu papá, agrega el cognac si es necesario, y puedo aplicarte ese tratamiento mientras estés tan borracho como el señor Brown los lunes por la mañana. La referencia al mozo de la escuela, muy conocido por sus excesos de fin de semana, fue muy divertida, pero Bertrand estaba impaciente. ¡Vamos, vamos, profesor de las habilidades brutales! Peter continuó, recordaba bien las opciones disponibles. ¡También puedes gastar tu mesada en comprar un Burdizzo! Es un aparato como un alicate. Podré romper los cordones de tus bolas con él. Seguro que duele menos que triturar las bolas. Bertrand pensó por un momento, y luego preguntó. ¿Y qué pasará con mis bolas? Ellas se secarán, se marchitarán, dentro de tu bolsa. Eso no me parece bueno, no para mí. Prosigue. Peter meditó. De nuevo la cirugía. Haciendo un corte en cada lado de tu bolsa, y sacando las bolas. Puedes elegir entre retorcer los cordones (Bertrand tiritó al escuchar ésto) o rasparlas con la hoja de un cuchillo. No debería sangrar mucho, pero de todos modos es un problema. Y es muy fácil pescarse una infección. Bertrand preguntó, ¿puedes cortar limpiamente los cordones? Supongo que debe doler mucho menos. Seguro, respondió Peter, pero sangrarías hasta morir… Silencio… Prosigue, dijo Bertrand débilmente. Lo siento, ya no queda mucho más. Usa mis bandas de goma. Es un método lento pero probado. Peter sonrió. Hubo una larga pausa, con cada niño perdido en sus pensamientos. Bertrand comentó después de un rato: Y además están todos esos tontos adultos, diciendo que la vida de un niño es fácil y libre de problemas. ¡Como si nunca hubieran sido jóvenes! Por de pronto, mi bola izquierda todavía me duele. Quisiera poder pagarte con la misma moneda. Hizo un gesto y le dio de nuevo un golpe a Peter. Después de una pausa agregó: Peter, mientras lo pienso, prepara tus útiles de cirujano. Y afila también tu cartonero.

En la cara de Bertrand había una cansada sonrisa.

***

Al siguiente día en la escuela, apareció otro problema que Peter había olvidado completamente tener en cuenta. El profesor de la clase anunció que ese día correspondía el examen médico anual con el médico de la escuela. En el descanso antes de este difícil acontecimiento, Bertrand le dijo a Peter: Bueno, me escapé de problemas por esta vez, pero, ¿qué harás tú? Peter se había pasado la mitad de la clase de historia pensando en una solución, y le contó a Bertrand sus planes. La enfrentaría, pero no podrían saber la reacción que tendría el doctor.

Peter sería uno de los primeros niños en ser llamados a la sala del examen. Debía quitarse su camisa, y el doctor le haría respirar, mantener la respiración, toser, y otras cosas, mientras auscultaba con su estetoscopio. Peter no podía evitar el reirse durante esta situación, y le preguntó, ¿está buena la música, doctor? El doctor se dio cuenta que era un chiste, y le contestó, ¡Oh, sí! pero con el canto se siente la respiración. Y los timbales están fuera de ritmo. Sonrió. Después que el doctor miró en la garganda de Peter, le dijo: ahora, bájate los pantalones. Este era el momento que Peter temía. En los años anteriores, el doctor había tratado de retraer su prepucio. Cuando Peter estaba chico, era imposible hacerlo, en tanto que en los años posteriores el doctor pudo hacerlo, pero le dolía algo. Siempre le había dicho a Peter que tratara de hacerlo él mismo, porque debía soltarse más. El último año el doctor había hallado que su prepucio estaba muy bien, de modo que Peter esperaba escapar ese día al examen. No había sido así. Debía aplicar su plan.

No puedo hacer eso, doctor. El doctor alzó las cejas. ¿por qué no, Peter? No tienes por qué ser tan vergonzoso. Yo veo muchos niños desnudos todos los días. Sólo necesito comprobar tu fimosis. Peter prosiguió con su plan. Mi religión no me permite que un extraño vea mis partes privadas. ¡oh, diantres, la idea parecía no muy buena ahora! El doctor no se convencería tan fácilmente. ¡El año pasado no tenías tales limitaciones! ¿acaso tienes una religión nueva? Esto se estaba complicando. Peter improvisó. No, pero la regla no vale para niños bajo los doce años. Por eso que no tuve problemas el año pasado. Pero ahora tengo más de doce, ¡casi trece! El doctor dio por terminado el asunto. Bueno, no intentaré forzar tus creencias religiosas, sólo dime, ¿puedes retraer tu prepucio fácilmente? Peter se sonrojó al contestar. ¡Oh sí! Yo puedo, y sé que debo lavarme bien allí. Bien, dijo el doctor, y sonriendo agregó: realmente no tienes por qué avergonzarte de ello. Ahora estás entrando a la pubertad, y pasando por una serie de cambios que son perfectamente normales. Peter debió esconder una sonrisa burlona al pensar en lo equivocado que estaba el doctor… ¡él, entrando en la pubertad! Este pensamiento le hizo recuperar su labia, de modo que cuando el doctor le dijo que se sentara en el borde del banco para comprobar su reflejo en la rodilla, Peter hizo lo que siempre había hecho en tales ocasiones. Se controló a si mismo, trató de evitar que su pierna saltara cuando el doctor golpeara su rodilla con su pequeño mazo, y luego saltara tres segundos más tarde. Cuando el doctor amenazó con golpear tan fuerte que no pudiera suprimir el reflejo, se rió y dejó que las cosas volvieran a lo normal.

Después de su propia revisión médica, Bertrand llegó donde Peter muy excitado. ¡Peter, es el momento de proceder con lo que hablamos ayer! ¡El doctor me dijo que estoy entrando en la pubertad! Peter respondió confundido: Me dijo lo mismo a mi. Bertrand miró a su amigo, y luego ambos se rieron. ¿Realmente? preguntó Bertrand. ¿y él es el doctor…? ¿seguro que te tironeó tu pirulín y no miró lo de abajo? Peter le dijo a Bertrand que había escondido su situación al doctor. El próximo año seremos dos en tan extraña religión, chanceó Bertrand. Pero sea como sea, quiero hacerlo pronto. Tengo casi doce años y medio. Se puso serio. Peter, mis padres saldrán de casa desde el viernes por la mañana, hasta el lunes. Estaré sólo. Mi madre hizo todo una función con eso, porque cree que puedo incendiar la casa, o que puede sucederme algo peor. Miró a Peter a los ojos. ¿me harás esa cosa tan mala el viernes por la tarde? Puedo quedarme dos días en cama, y nadie se dará cuenta. Peter miró largamente a su amigo. ¡Eso sí que era ser valiente! Pensó en una excusa. Te dije que yo no era cirujano, respondió vagamente. ¡Peter, nadie más lo hará, y tú prometiste ayudarme! ¡No te acobardes ahora! Ayer me diste toda una charla acerca de cómo hacerlo!

¡Explicarlo es una cosa, pero hacerlo es otra muy diferente! Te lo hiciste a ti mismo, y nunca lo habías hecho antes… de modo que, ¿por qué no intentar una cirugía en tu mejor amigo? ¡Después de todo, el método de cortar y raspar me parece la mejor opción para mí!. ¡Estaré listo y muy bien para el Mesías del siguiente jueves! Peter aún no se convencía. ¿podría hacerlo? ¿no se desmayaría a la vista de la sangre? ¿Y qué pasaría si sucedía algo malo?

Bertrand habló de nuevo. Lo he planeado todo. Lo harás en mi casa. Si todo sale bien, me quedaré en cama hasta el domingo. Si sucede algo, y hay peligro, llamarás al servicio de emergencia y luego desaparecerás, y les haré creer que lo hice yo mismo. En este caso, me llevarán a la casa de locos, pero a ti no, ¿te parece? Peter se demoró en responder. Nunca he usado una aguja de coser en mi vida. ¿y si te dejara abierto y sangrando? ¡No es una buena idea! Pero Bertrand había pensado en todo. Considérame como un modelo de barco. Tengo medio frasco de pegamento de cianoacrílato en mi estuche. ¡No me cosas, sino que encólame! ¡Seguramente duele un poco menos también! Esa era una idea brillante. Peter recordó claramente cuán bien ese pegamento unía los dedos si no se tenía cuidado. De acuerdo. Pero, ¿qué clase de anestesia podremos usar? ¿el coñac de tu padre? Peter hizo un gesto. Bertrand dijo imitando al profesor. Estimado Peter, el alcohol no es para los niños. Y nuevamente serio, creo que realmente aguantaré el dolor. Nooo, exclamó Peter. ¡eso te volvería loco! Bertrand sólo se rió. Ya estoy loco. ¿no te has dado cuenta? ¿puedo volverme más loco que esto? Peter también se rió. No lo creo así. Bertrand comentó: Con respecto a aguantar el dolor, me hiciste una práctica ayer. Y le dio un golpe en las costillas. Después del ensayo de coro de esa tarde, los dos amigos se fueron a la casa de Bertrand. Sus padres no estaban allí, puesto que estaban preparando su viaje, de modo que los niños estaban libres para buscar instrucciones claras en la red. No había mucho acerca de castración de niños coristas, mucho menos instrucciones claras, pero finalmente encontraron algo de información completa con fotografías, acerca de la castración de animales de granja. Te consideraré como un cordero, dijo Peter mientras estudiaba la pantalla. Bertrand se puso aún más silencioso mientras proseguian. Peter ahora tenía una imagen clara de lo que debería hacer al dia siguiente. Que sea lo mejor.

***

La siguiente mañana encontró a Bertrand muy meditativo en su pupitre escolar. Uno de los profesores se dio cuenta y en tono de broma le preguntó si estaba enamorado. Con la mente ausente, Bertrand asintió. En ese caso, haz el favor de dejar los asuntos amorosos para después de clases, y ahora, ¡pone atención! Bertrand estuvo de acuerdo; lo dejaré para la tarde. Estuvo bueno que el profesor no mirara en ese momento a Peter.

Después de clase Peter sólo le preguntó: ¿siempre estás seguro? Firmemente, respondió Bertrand. Te veré a las 3 PM, y trae tus herramientas.

Justo después de almuerzo, Peter recogió sus cosas. Tomó varias de sus herramientas de construcción de barcos, tales como unos alicates de punta larga, tijeras, algunos cordeles cortos y por supuesto, su cartonero. Agregó también su pegamento cyano a la caja. Nunca se sabe lo que se pueda necesitar. Cogió una gran bolsa plástica para basura de la cocina, y metió todo en su mochila. Le dijo a la mamá que iría a ayudarle a Bertrand con su nuevo modelo de barco, y partió en su bicicleta. Pasó por varias farmacias, comprando un par de guantes quirúrgicos de látex, un rollo de tela adhesiva, un gran paquete de algodón estéril, un frasco de desinfectante que no ardiera, (recordaba muy bien cómo se sentía el alcohol), y un tubo de crema para heridas. Todo eso estaba bien. Compró cada cosa en diferente lugar, temeroso de que de otro modo pudiera despertar sospechas. Luego se fue a la casa de Bertrand.

¡Te olvidaste de la marca de la cruz roja! le lanzó Bertrand, asomándose a la ventana. Se rió. ¡silencio! dijo Peter mientras subía por el sendero. Bertrand desapareció para ir a abrirle la puerta y dejarlo entrar. ¿Está todo listo? preguntó. ¡Sólo faltabas tú para comenzar! dijo Peter. Estaba satisfecho de que su amigo estuviera de tan buen ánimo, a pesar del hecho de que estaba esperando lo que seguramente sería el momento más difícil en su vida. Ahora, todavía podía volverse atrás; un poco más tarde ya no podría decidir nada más. Peter tomó el control: Ahora, ve y toma una buena ducha. Bastante jabón, especialmente… tú sabes dónde. Pon el agua tan caliente como puedas soportarla. Mientras tanto prepararé las cosas. Bertrand obedeció y salió. Peter quitó las sábanas de la cama de Bertrand, dejando sólo el colchón. Dejó todas esas cosas en el rincón de la pieza. En el closet halló un juego de sábanas limpias. Puso una de ellas sobre el colchón, luego extendió la bolsa de plástico sobre ella, a los pies de la cama. Debería ser suficiente para contener todo lo que caiga, pensó. Acercó la mesa de noche hasta el extremo de la cama. Sacó la radio-reloj de Bertrand y limpió la superficie con un algodón mojado en desinfectante. Luego Peter abrió su cartonero, escogiendo el cuchillo aserrado. Nuca había usado mucho esta hoja, de modo que estaba muy afilada. Mojó otro poco de algodón y con él limpió la hoja. Acercó el canasto de la basura a la mesa. Aún había allí virutas de madera del último barco de su amigo. Tiró los algodones usados allí, y mojó otro más grande, lo envolvió en torno a la hoja del cuchillo, y colocó la herramienta sobre la mesa. Repitió el mismo tratamiento en las otras herramientas. Comprobó que la boquilla del pegamento estuviera libre, y colocó el tubo sobre la mesa. Luego se sentó y pensó en lo que tenía que hacer, mientras esperaba a su amigo y futuro colega. Peter estaba perdido en sus pensamientos cuando apareció Bertrand, desnudo como el día en que nació. Estaba asorochado por el agua caliente. ¿Está bien, doctor? preguntó Bertrand. Peter miró a su desnudo amigo, y sonrió. ¡Casi te cociste! Usted me dijo que usara agua bien caliente, doctor. ¡Está bien! se rió Peter, ¿y deja de llamarme doctor! ¡a lo sumo soy un carnicero! De repente se arrepintió de haber dicho esto, pues notó que su amigo estaba un poco tembloroso. Evidentemente estaba preocupado, y estaba usando su labia para conseguir controlarse. Peter decidió facilitar lo más posible las cosas a su amigo.

Ven y tiéndete aquí. Pon tu traste sobre el plástico, para mantener la cama limpia. Bertrand se sentó sobre el plástico. Echate hacia atrás. El lo hizo así. Los pies de Bertrand aún estaban apoyados en el suelo. Peter tomó una de sus cuerdas, suavemente llevó una de las piernas de Bertrand hacia el lado, y ató su tobillo a la pata del catre. Bertrand protestó. ¿Realmente necesitas atarme? ¡No me voy a arrancar! Peter sabía lo que estaba haciendo. Si no te ato, me golpearías los dientes, aún sin querer hacerlo. Bertrand no respondió. Peter ató el otro tobillo de su amigo, apartando sus piernas en un ángulo de noventa grados. Era extraño, habían sido los mejores amigos por mucho tiempo, se habían bañado desnudos juntos varias veces, pero manca él había visto a su amigo desnudo en tal posición. Otros niños a menudo jugaban al doctor. El y Bertrand nunca habían hecho eso. ¿Quizá porque él era una suerte de doctor? Peter frunció el ceño. Fue hacia la esquina, cogió el cobertor grueso, lo dobló en seis partes y lo puso sobre la barriga de Bertrand. Así no te helarás, le dijo, pero en realidad era para evitar que Bertrand viera lo que estaba haciendo allí. Ahora Peter tomó una tira de tela adhesiva y cuidadosamente aseguró el pene de su amigo sobre su barriga, fuera del camino. La punta de su prepucio resultó muy conveniente para ello. Puso una generosa cantidad de algodón entre las piernas de Bertrand, para absorber la sangre. Luego abrió la bolsa de los guantes y se los puso.

¿Listo para proceder? preguntó. Sí, doctor. Si me quejo demasiado fuerte, sólo amordáceme, le insistió Bertrand. Estaba respirando pesadamente, y estaba apareciendo la transpiración en su piel. Peter tomó otro poco de algodón. Se sentía incómodo con esos guantes puestos. Lo humedeció en desinfectante y cuidadosamente presionó el escroto de Bertrand mientras aplicaba el desinfectante en toda el área. ¿arde? preguntó. No, sólo empuja. ¡Ese soy yo, tonto, y no el matabichos! Peter se rió. Bertrand también trató de reir. Estaba respirando con más facilidad ahora.

El momento había llegado. Peter tomó el cuchillo y desenvolvió el apósito. Cogió el escroto de Bertrand, puso tirante la piel, y empujó la hoja del cuchillo contra él. El cuerpo de Bertrand se estremeció, y un segundo después dijo fríamente: ¡ouch! ¿hay algo malo? preguntó Peter. ¡Si Bertrand se arrepiente ahora será un problema! Duele, pero puedo soportarlo. ¡Bravo pequeño Bertrand! Peter empujó la hoja un poco más, completando la incisión. Las piernas de Bertrand temblaron de nuevo, y un apagado "Mmmmhh" escapó de su cerrada boca. Peter trató de deslizar la bola izquierda de Bertrand fuera de la abertura, pero había algo entremedio. Esperaba esto, por lo que había leido en Internet, pero de todos modos esperaba que hubiera sido más fácil. De nuevo cogió el extremo del escroto, lo tiró y empujó la hoja del cuchillo en la incisión. No podía ver nada, porque la sangre cubría la herida. Peter no esperaba que sangrara tanto sólo de la piel, y suavemente empezó a estimar qué tanta sangre estaba perdiendo su amigo. Si llegaba a ser tanto como una taza, llamaría a emergencia. Pero por fortuna era aún mucho menos, lo bastante para tapar la visión, pero no más. La membrana parecía ser más resistente que la pìel misma; Peter tuvo que empujar bastante para atravesarla. Cortó también una ranura en la membrana. El agudo cuchillo era una herramienta muy adecuada para tal propósito… sólo tenía que tener cuidado de no profundizar demasiado. Ahora él oprimió de nuevo, ¡y al abrirse la incisión se pudo ver una cosa blanquecina! Apretó un poco más, la cosa salió por la abertura, pero llevando algo de masa tras ella. ¿está demasiado mal? preguntó Peter, mientras cogía el testículo y soltaba el saco. El testículo trató de volverse al interior, pero Peter lo sujetó. Cortó algo del tejido fibroso que lo tiraba hacia adentro. No había otra reacción de Bertrand que su respuesta ¡duele! Ahora el testículo estaba más suelto. Peter lo tiró y vió que ahora sólo el cordón lo conectaba. ¡El cordón era mucho más grueso de lo que Peter había esperado! Expuso todo lo que pudo de él, lo que realmente no era mucho, y comenzó a rasparlo con el cuchillo, desde dentro de la herida hacia abajo. El cuerpo de Bertrand se retorcía al hacerlo, y emitía sonidos que hacían evidente que le dolía mucho. Bertrand encontró de nuevo su voz. ¿Qué estás haciendo ahora? puedo sentirlo en mis tripas. Estoy haciendo ese raspado. Ya casi lo tenemos. Continuó raspando, y Bertrand apretaba sus dientes para evitar sus gemidos, pero no podía evitar el triritar y retorcerse. Las amarras estaban haciendo su trabajo.

Finalmente el testículo estuvo libre en la mano enguantada izquierda de Peter. ¡Lo tengo! dijo. Déjame verlo. pidió Bertrand. Después; no te muevas ahora. fue la corta respuesta de Peter. El resto del cordón se había retraido. De la herida salía sangre, No mucha, pero salía. ¿debería dejarla sangrar por un rato? Difícil pregunta. Peter puso el testículo en una palangana. No había pensado en un lugar mejor. Después de eso tendría que limpiarla. No debía olvidarlo.

Ya era hora. Peter preparó otro apósito con desinfectante y limpió la sangre. ¡Se siente frío! dijo Bertrand. ¡Es mejor que el alcohol, te lo aseguro! Peter estaba seguro de esto. Ahora venía el trabajo de precisión. Tiró ligeramente la piel a la posición en que la herida quedaría horizontal. Limpió la piel, y tomó el tubo de pegamento cyano. Aplicó una línea muy fina al borde de la herida, y luego juntó la piel de modo que quedara como en su posición natural, manteniendo sus dedos enguantados sin tocar el pegamento. El cyanoacrilato se seca en cuestión de segundos. Peter esperó un poco más de tiempo, luego limpió por encima con otro apósito impregnado de desinfectante. Así, la pasada de infecciones quedaba algo más cerrada. Si ya no había entrado, ya no lo haría fácilmente. El cordón y las capas interiores de piel se tendrían que cuidar por si mismas, pero después de todo, lo mismo se hacía con los animales del campo, y los castrati italianos habían perdido mucho más que sangre después de sus castraciones. ¿Cómo te sientes? preguntó Peter. Débil; La respuesta realmente había sido débil. Un lado está listo. ¿quieres descansar antes de seguir con el otro? No, sigue ahora mismo. Mientras más rápido esté listo, mejor. ¿serán todos los niños franceses tan valientes? Peter recomenzó el procedimiento en el otro lado. Las reacciones de Bertrand fueron mejores ahora. Ya fuera porque estaba aprendiendo a controlarlas, o porque estuviera demasiado débil para hacer un alboroto. ¡Peter pensó que hasta podría desatar las piernas de Bertrand sin riesgo! Pero mejor permanecer a la segura. Teniendo la experiencia, esta vez cortó lo bastante profundo en el primer intento. Curiosamente el cordón izquierdo era mucho más corto que el derecho, de modo que tuvo que hacer el raspado casi todo dentro del saco. Cinco minutos después, también había sellado ese lado. Recogió el apósito de entre las piernas de Bertrand, tratando de estimar la cantidad de sangre que había absorbido. No había sido excesiva. Pero había habido más sangramiento dentro del escroto de Bertrand. Tendría que controlar a su amigo.

¡Listo! dijo Peter, se quitó los guantes y desató las piernas de Bertrand. Justo a tiempo. susurró el pobre niño. Ya no podía aguantar más tiempo. Peter estaba preocupado. ¡alégrate, amigo, tu voz está a salvo! ¡Larga vida a la nueva era de los castrati! Bertrand sonrió, y trató de comenzar su primer solo del Mesías. "Había unos pastores", pero tendido de espaldas y con una presión sanguínea reducida, no estaba precisamente en condiciones, y sonó pobremente. ¡Cállate, pastorcillo, y deja tu voz para el jueves! Peter aplicó algo de crema en las heridas encoladas de Bertrand y puso apósitos sujetos con tela adhesiva en ellas. Ahora, álzate con mucho cuidado, le ordenó. Levantó el cobertor de la barriga de Bertrand, y le ayudó a tomar la posición normal en la cama. Luego sacó la bolsa plástica, que no tenía mucha sangre, e hizo la cama por encima y en torno a Bertrand. Trata de relajarte mientras limpio, le dijo. ¡Déjame ver mis bolas! pidió Bertrand. Se inclinó sobre el borde de la cama para mirar en la palangana que Peter le había acercado. "Eeeeck" dijo, al mirar la masa sanguinolenta. "Sí, eeeck" confirmó Peter, y llevó la palangana, las herramientas y todo lo demás al baño. Sacó las partes eliminadas, las vació al toilet y descargó el agua. ¿Cuántas veces más haría esto en su vida? No le gustaba para nada; era un trabajo sucio y desagradable. Pero si algún otro niño quería mantener su voz, y le pedía ayuda… ¡lo haría de nuevo!

Peter descartó los apósitos usados por el toilet en porciones pequeñas para evitar el taparlo, lavó las herramientas, incluyendo los guantes supuestamente desechables. Se podrían usar para la construcción de modelos. Frunció el entrecejo. Siempre había sido muy ahorrativo. ¿por qué tendría que descartar cosas que le habían costado dinero y que aún estaban usables?

Volvió al dormitorio, hallando a Bertrand más sereno. ¿Aún te duele? Sí… aquí… y también acá. Bertrand señaló su estómago. Sólo mantente quieto, le dijo Peter. Bertrand así lo hizo. El moverse le dolía mucho.

¿Qué haremos con esas sábanas? preguntó Bertrand después de un rato, señalando a la esquina donde estaban. ¡No te muevas! ordenó Peter. Mañana veremos eso. Yo pensaba que las lavaríamos o que las volveríamos a poner y guardar las que estás usando ahora. Yo sólo las puse para evitar gérmenes en las que estaban usadas, pero cuando tus heridas hayan cerrado, ya no importará. Si no te meas o te cagas en la cama podremos guardar éstas mañana. Bertrand intentó un gesto. Puede que me cague; me siento bastante enfermo. Eso es por el sangrado y la tensión. Tu sabes que yo solía sentirme enfermo cuando tenía que cantar. La tensión sola puede causarlo. Peter cogió la mano de su amigo y palpó el pulso. Estaba un poco más rápido que el propio, pero no demasiado más. Andante con moto, dijo. Eso está bien. Bertrand se rió. Pero sólo por un momento. ¡Ouch! ¿Realmente me cortaste las bolas o hiciste alguna otro desaguisado conmigo? Puedo sentirlas aquí, y puso su mano sobre su abdomen. Tú las viste. dijo Peter, quédate quieto. y cuidadosamente retiró los cobertores, descubriendo a su amigo. Hora de control. Las piernas de Bertrand fueron apartadas ligeramente, tanto como lo permitía la cama. Peter estuvo contento de ver el escroto del niño algo mejor de lo que lo había dejado. Ya no sangraba más, y no estaba lleno de sangre como Peter había temido. Sólo las áreas de la incisión estaban inflamadas, pero esto debería ser normal. Cubrió de nuevo a su amigo. Todo bien, dijo. A menos que empiece una infección, esto debería progresar muy bien.

Peter bajó e inspeccionó la cocina. El refrigerador estaba bien abastecido, y había fruta, pan, bastante queso de diferentes tipos, y otros productos. Los padres de Bertrand habían tenido cuidado por su bienestar durante todo el fin de semana. Peter tomó una botella de agua mineral y un vaso, y subió. Perdiste bastante sangre, de modo que debes beber algo más de lo usual. Vació un poco de agua en el vaso. ¡No, espera! Bajó de nuevo, y luego de buscar un poco halló un paquete de pajitas para bebida. Lo tomó y colocó una pajita en el vaso. Así no necesitas esforzarte. Y ayudó a su amigo a beberla, en pequeñas cantidades. Cuando el vaso estuvo vacío, lo volvió a llenar y lo colocó en la mesa de noche. Sólo siéntete libre, le dijo.

Pasaron las primeras dos horas. Los niños divagaban acerca de su futuro. Cuán bello sería cantar juntos. Para siempre. Pero también ¿cómo se lo dirían a sus padres? Algún día tendría que suceder. La vida no era tan fácil.

Peter le ofreció a Bertrand prepararle algo de comer, pero Bertrand se sentía demasiado enfermo para comer algo. Sólo tráeme una naranja, bien pelada, ¿quieres? Siento que sólo puedo comer cosas frescas. Peter pudo entender esto muy bien. Era la misma sensación de cuando se sentía enfermo antes de un concierto. Bajó, peló una naranja, y se la llevó, junto con algunas cosas extra. Muy lentamente, Bertrand las comió.

Ya se estaba haciendo tarde. Peter tenía que volver a casa, o de otro modo la mamá sospecharía. Le habría encantado quedarse allí por la noche, cuidando a su amigo, pero eso no era posible. ¿Cómo te sientes? Tengo que irme luego. Bertrand sabía que esto tendría que suceder. Creo que estaré bien por la noche. Si algo malo sucede, llamaré a emergencia. ¡Trata de mantenerme fuera de la casa de locos si sucede eso! El hizo un gesto de desagrado. Peter tuvo que reirse. Diles que yo lo hice, de modo que podremos tener una pieza juntos allí, chanceó, mientras comenzaba a recoger sus herramientas.

¡Peter! ¿qué pasa? Aún necesito algo más de ti antes que te vayas. ¿Qué pasa ahora? pensó Peter. Por supuesto, ¿qué necesitas? Necesito mear, ¿cómo puedo hacerlo ahora? Gran problema. Peter preguntó, ¿Crees que puedes caminar, o debo traerte algo para que hagas aquí? … creo que puedo caminar… lentamente, pero ese no es el problema. Extraño, pensó Peter. ¿Qué más? preguntó. ¡Todavía tienes mi pene firmemente pegado a mi barriga, tonto! ¡No quiero mearme en la cara! ¡Termina tu trabajo! Bertrand se rió lo mejor que pudo, y Peter también se tentó de la risa. Si ese era el problema, había dejado puesta la tela adhesiva para no molestar la herida. Ahora levantó los cobertores, desprendió el borde de la tela, dejó que el pene de su amigo colgara hacia abajo y rápidamente desprendió la tela. ¡Baaah! exclamó Bertrand. ¿no puedes hacer nada sin hacerme doler? Lo siento, tú lo pediste. En este caso es mejor rápido que lento. Ahora, levántate, lentamente. Y ayudó a Bertrand a ponerse en pie. La cara de su amigo le indicó que le dolía al caminar. Peter escoltó a Bertrand al baño, y lo dejó hacer su asunto solo. Bertrand era de ese tipo de persona que no puede orinar si alguien lo está mirando.

Bertrand caminó de regreso sin necesitar ayuda. Aún funciona, dijo arrugándose. Está bueno saberlo, respondió Peter, este cuchillo es largo, casi tan largo como el cuchillo cocinero de tu mamá. Te podría haber cortado la plomería. Bertrand se acostó lentamente, Peter le dio una última mirada a sus heridas, hallando que todo estaba como debería estar. Ya se estaba empezando a oscurecer.

***

Peter no pudo dormir mucho esa noche, ¿cómo le estaría yendo a su amigo? ¿estaría bien? ¿habría comenzado una infección? ¿Se habría visto forzado a llamar a emergencia? O… ¿se estaría muriendo? NOOO, ¡no pienses en eso! El había hecho esa cirugía. La cirugía era para los cirujanos. No para niños escolares. Era más que un juego. Las bandas de goma, OK, eso era fácil y seguro. ¡Pero la cirugía no lo es! Ahora se daba cuenta que debería haberse puesto algún tipo de máscara. ¡Podría haber infectado a su amigo con su respiración! Peter se revolvió en su cama, atormentado por esos pensamientos. Eran las 2 AM cuando finalmente se durmió.

A la mañana siguiente salió para ver a su amigo justo después del desayuno. Cogió su bolso con las herramientas, sólo para hacer creer que realmente estaban construyendo un modelo de barco. Pedaleó tan rápido como pudo. Bertrand le había dejado las llaves, de modo que Peter entró silenciosamente. Quiso subir al dormitorio, para ver cómo estaba Bertrand, cuando una voz brillante lo llamó desde la cocina. ¡Eso sonaba bien! Peter fue allí y halló a Bertrand de pie en la cocina, usando sólo una camisa, sin nada debajo, con un suculento desayuno ante él. ¡Te ves muy bien, puedo darme cuenta! ¿estás listo para una vuelta en bicicleta? bromeó Peter. Bertrand puso cara amarga. ¡No menciones esa palabra! ¡no puedo sentarme! ¡debo estar de pie todo el rato! Lo siento, dijo Peter, pero eso es parte del juego. Veo que tienes hambre. Por supuesto, después de comer sólo una naranja desde el desayuno de ayer. ¿Qué? ¿no almorzste ayer? Bertrand lo miró sin esperanza. No podía comer nada, estaba demasiado nervioso. Se rió, y Peter también. Estaba feliz de ver a su amigo tan bien y de buen humor. Peter miraba mientras Bertrand se atiborraba de pan, frutas, y cantidades de queso. Después de todo, era francés. Cuando Bertrand terminó, Peter dijo: Ahora, sé un buen niño y vuelve a la cama. ¿Me tendrás guardado allí todo el día? Bertrand demostraba su disgusto. ¿quién sabe? sonrió Peter, pero por el momento, tómalo con calma. Después que subieron la escala, Bertrand separó sus piernas, se tendió en la cama y Peter jugó de nuevo al doctor y examinó a su amigo. El apósito que había colocado sobre el escroto de Bertrand aún estaba en su lugar, pero suelto. Lo sacó muy cuidadosa y lentamente, para evitar el abrir algo. Estás aprendiendo a ser más suave, comentó Bertrand. Las heridas se veían muy pequeñas sobre la encogida piel. La hinchazón se había reducido, pero quedaba algo. ¡y los colores! Amarillo, café, azul, violeta, todo estaba allí, incluso se podía hallar un tono verdoso. ¡Habría sido divertido tomar una foto de ese paisaje! dijo Peter. Bertrand le ofreció la cámara digital de su padre, pero era un modelo antiguo en blanco y negro. No era buena para fotografiar colores. De todos modos, Peter fue a buscarla, Bertrand le explicó como usarla, y Peter tomó unas pocas fotos. Luego conectó la cámara al computador de Bertrand, lo encendió y descargó las fotos. Bertrand le dio las instrucciones necesarias desde la cama. Cuando las imágenes aparecieron en la pantalla, Bertrand tuvo que reirse. Nunca se había visto a si mismo desde ese ángulo… Más aún, la cámara tenía un lente gran angular, de modo que la perspectiva estaba muy distorsionada, y ¡el escroto ligeramente hinchado se veía más grande que la cara de Bertrand! Peter comprimió los archivos de las imágenes, usando una clave en el archivo comprimido, de modo que la imagen quedaba a salvo de ojos inquisidores. Cuando se fue para almorzar, horas más tarde, le dijo a su amigo: Intenta vestirte. Recuerda que el lunes tienes que ir a la escuela. Debes practicar el caminar completamente vestido. Bertrand estuvo de acuerdo, y Peter se fue.

Cuando volvió temprano en la tarde. halló a Bertrand de nuevo en la cocina, aún desnudo de la cintura hacia abajo. Hizo un gesto. ¿vas a adoptar el estilo de vida nudista? le preguntó. Se siente mucho mejor así; ¡se siente tan libre! fue la respuesta de Bertrand. Peter se rió. ¿Irás a la escuela así el lunes? ¡Es una brillante idea! ¡imagínate la cara de la señorita Kerrington! Se rieron al pensar en la anciana profesora de arte, que ni siquiera toleraba que un niño dejara abierto un botón de su camisa. Era una encantadora dama, como una madre, o más bien como una abuelita, pero todo tenía que estar muy ordenado en su clase, o ella se amargaba.

Cuando Peter dejó a Bertrand ese día, ya estaba seguro que no habría ninguna infección. La hinchazón seguía disminuyendo, y Bertrand estaba comenzando a sentarse sin gran incomodidad. Pero terminó el día sin vestirse.

Cuando Peter visitó a su amigo en la mañana del domingo, halló la casa silenciosa. Subió la escala y fue a la pieza de su amigo. Allí estaba, durmiendo como marmota. Peter contempló al durmiente niño. Era extraño, ¿por qué los niños que duermen se ven como ángeles? Hasta su hermana, esa perversa bestia, era extremadamente amorosa cuando dormía. ¡Y allí estaba su amigo desde largo tiempo, compañero de tantas aventuras, amigo en las buenas y en las malas, con quien compartía los grandes planes y los mayores sueños, con esa misma angelical expresión en su cara mientras dormía! Ya era bastante tarde en la mañana, pero ¿para qué despertarlo? Después de todo era domingo. Peter encendió el computador, conectó la WEB, y verificó la página de su colegio. Siguió los vínculos a los "eventos", por supuesto estaba la entrada para El Mesías del jueves. Mencionaba tres solistas, él y Bertrand. No mencionaba a Jimmy. ¡Pobre! ¡Había ensayado duro y había desarrollado bastante su voz, y ahora quedaba fuera del juego. ¡Algo habría de hacerse! Peter puso el programa de música "Allegro", y buscó entre los archivos existentes. Allí estaban, todos los solos y duos de soprano de El Mesías. Bertrand los había puesto. ¡De modo que ése era el modo de aprendérselos! ¡vaya un chatero! Peter sonrió. El se los había aprendido directamente de las partituras. Pero tenía que admitir que el entrarlos a ese software era una buena forma de aprendérselos, con menos posibilidades de saltarse algún bemol o tomar el tiempo equivocado. Cargó el archivo que contenía la última aria de soprano "If God be for us". Tuvo una idea. Hizo un respaldo de ella, luego hackeó una línea de contrasoprano de su propia invención. Era un juguetón adorno sobre la línea de soprano. Este agregado lo había tenido escondido en su cabeza por meses, y ahora lo tecleó rápidamente en el programa. Cargó el programa mezclador, puso el volumen muy bajo, y dejó que el computador ejecutara el aria. Lo detuvo. Algo estaba muy malo. ¡Por supuesto, había olvidado apretar la tecla correcta! Hizo un gesto y corrigió el error. Ahora lo ejecutó de nuevo. ¡Eso era! Corrigió unas pocas notas, hizo unos pocos cambios. Podría cantarlo, pero apenas, y sólo lo bastante largo para que el Sr. Holtmann no lo sintiera. Pero el concierto sería en la catedral, con un gran órgano, que estaba afinado correctamente, de modo que… ¡sin problemas! Peter puso de nuevo el duo. Era grandioso. ¿Qué habría dicho el Sr. Haendel si lo hubiera oido? Bueno, habría descartado cualquier modificación propuesta por alguien. Pero eso no es gran problema, puesto que el Sr. Haendel había muerto hacía ya 250 años atrás… ¡Hora de mejorar su música!

Bertrand estaba agitándose. Peter aumentó el volumen y tocó de nuevo la pieza. Bertrand abrió sus ojos. Cuando el dúo hubo terminado, Bertrand dijo con voz soñolienta: Pobre Haendel, ¿Qué hora es? ¡Es casi la hora del almorzar, dormilón perezoso! y no me critiques ahora mi trabajo, antes que te hayas levantado por completo. Se rieron. Bertrand se estiró perezosamente. ¡Oh! ¡dormí excelente! Tiró el cobertor hacia atrás, luego se inclinó hacia su escroto e hizo algunas contorsiones para mirarlo. Se ve como si nunca hubiera estado allí, dijo. ¿Ya no te duele? preguntó Peter. No del todo, sonrió Bertrand, mientras se sentaba cuidadosamente aunque sin problemas. El saco escrotal se había encogido hacia arriba, pliegue vacío de la piel, las heridas apenas se veían, la hinchazón había desaparecido, e incluso los colores estaban aparentemente empezando a desvanecerse.

¡Hoy día te vestirás! ordenó Peter. Por supuesto que lo haré, doctor, respondió su amigo, con un gesto. Pero primero déjeme hacer pipí, antes que usted me fuerce a entrar en alguno de esas cosas, y así diciendo, fue a ello. Peter pensó en todo eso. ¡Qué bien había resultado para Bertrand! ¡Mucho mejor que para él mismo! El había estado yendo por una y otra parte por seis semanas con las ataduras, sus bolas muertas, y con todos los problemas que le había provocado, constantemente temiendo infecciones o toxinas que se infiltraran en su cuerpo, ¡y allí estaba ese muchacho, que había pasado por todo sólo en dos días!

Bertrand salió del baño y se vistió. No parecía tener problemas. Cuando estuvo listo, Peter lo invitó ¿estás listo para dar una vuelta en bicicleta hoy dia? Bertrans se le acercó y dio un golpe a Peter en las costillas. Esa era su única respuesta a su proposición. Peter se rió, pese al hecho de que el golpe de Bertrand había sido bastante fuerte. Ahora ni siquiera puedo devolverte el golpe, le dijo en chanza. Bertrand se rió. Bajaron a la cocina, donde Bertrand se sirvió un tardío desayuno. Luego Peter lo dejó para ir a almorzar a su casa, volviendo pronto en la tarde. No podía dejar solo a su amigo ahora. Lo encontró sentado ante el computador. Le devolvió las llaves, que ya no necesitaría más. Bertrand comentó: Esa voz alta que le agregaste no está tan mala después de todo, sino que sólo en el computador suena mal, pero, ¿realmente puedes cantar eso? ¿o es un chiste? ¡Eso era un ataque frontal contra el ego de Peter! Sólo respondió, ¡tócalo! Bertrand empezó el playback y Peter cantó su línea de contrasoprano. Después de unos cuantos compases, Bertrand agregó su voz, cantando la línea de soprano. Cuando hubo terminado, Bertrand dijo excitado: ¡Ahora, de nuevo, pero sin el computador! Lo hicieron. Cuando terminaron, Peter sólo miró por la ventana. Bertrand asintió. Aprobado, pero tengo una proposición sucia. Agreguemos a Jimmy. El quería tanto cantar esta pieza. El debe cantar la parte de soprano conmigo. Sea como sea necesito ayuda para cantar esto contra ti, Bertrand sonrió, en tanto que Peter se daba vuelta lentamente. ¿siempre lees mi mente? le preguntó en voz baja. Eso era lo que estaba pensando cuando escribí la parte de contrasoprano esta mañana, mientras estabas dormido. Ambos decidieron no pedirle permiso al Sr. Holtmann. Sólo lo harían, para bien o para mal. ¿Estás seguro que tu nueva línea vocal no interferirá con los instrumentos? preguntó Bertrand. Peter también tenía la respuesta para esto. Lo inventé al escuchar El Mesías en los CDs de mi papá, de modo que ¡estoy seguro!

El lunes por la tarde era el primer ensayo general, con todo el coro, los solistas, bajo y tenor, y la orquesta de la escuela. Sólo faltaba el órgano, reemplazado por el Casio del Sr. Holtmann. Fue casi un desbarajuste, pero después de una hora o algo así, todos empezaron a sincronizarse. Peter se sorprendió de ver a Robert entre los bajos del coro. Se veías extraño allí con esa cara aún de niño, pero algunas espinillas le daban el derecho de estar allí. Su voz era ya bastante estable, alcanzaba las notas bajas sin problema, pero casi no tenía volumen. Estaba allí más bien para acostumbrarse a su nuevo puesto en el coro.

Cantaron sólo una vez toda la obra, incluyendo los solos y las partes orquestales. Pero debido al problema inicial, las instrucciones, las explicaciones y demás, esto se convirtió en un ensayo maratónico, que duró por más de cuatro horas. Durante todo este tiempo Jimmy mostró un desusado afán, muy desusado incluso para él. El Sr. Holtmann pareció no darse cuenta de ello. Su atención estaba ocupada por muchas más cosas.

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Jueves por la tarde. El gran dia. La catedral estaba rebosante de gente. El Mesías siempre había sido muy taquillero, y mucha gente venía aún cuando nunca hubieran ido a ningún otro concierto. Peter estaba un poco pálido. De nuevo había tenido sus retortijones de tripas durante dos días. ¿Le acompañarían durante toda su carrera musical? La única cosa fuera de lo común era su secreto acuerdo con Bertrand y con Jimmy. ¿sería suficiente para justificar la diarrea? Difícil. Pero era un hecho: la tenía.

Los músicos estaban afinando. El ruido se estaba aquietando. El organista se sentó ante el teclado. El coro estaba listo, con sus vestimentas. El Sr. Holtmann dio la señal de entrada. Todos lo hicieron, y ordenadamente fueron "cada uno a su propio lugar", tal como una frase del mismo Mesías lo decía. El auditorio estaba en completo silencio ahora, a excepción de alguna ocasional tos. El Sr. Holtmann entró, y la gente comenzó a aplaudir. ¿Era una costumbre el no aplaudir en la iglesia? aparentemente había desaparecido.

Comenzó la primera pieza, una sinfonía, solamente para la orquesta. Peter sintonizó su mente en Haendel. Las tripas quedaron olvidadas. Estaba en su habitat, su vida. Luego seguía una parte de tenor. La cantó ese desagradable muchacho del undécimo grado, pero su voz era muy buena. Otra parte de tenor, luego todo el coro. ¡Aaaah! ¡cómo sonaba! ¡Peter gozó tanto con el canto en el coro como haciendo sus solos! ¡Esa música! Las obras más conocidas de Haendel ejecutadas por todo el coro, a toda orquesta, y con un verdadero gran órgano! ¡Era tan bueno como podía ser! ¡Por muy problemáticos que pudieran ser los ensayos, de algún modo en los conciertos sólo estaba la música, y funcionaba!

El siguiente solo de contralto fue una revelación para Peter. ¡Robert había hallado un seguidor que se lo merecía! ¡Ese niño, cuyo nombre no podía recordar, cantaba grandioso! ¡Ejecutó el prestissimo sin una falla, y sonando bellamente en todo momento! Todo esto mientras aún estaba en la primera parte de El Mesías, que era algo débil comparada con la tremenda intensidad de la última parte. Peter gozó esos solos cantados por otros, gozando el canto de las partes corales, y esperando sus propios solos. El primer solo de soprano fue de Bertrand, "There were shepherds" Peter sonreía mientras su amigo lo cantaba suavemente. Recuerdo de los tiempos en que Bertrand no podía cantar de otro modo. Pero en los últimos meses habría podido poner un sonido más vigoroso y brillante si hubiera querido hacerlo. Después del siguiente coro llegó finalmente el primer solo de Peter: "Rejoice greately" una pieza algo difícil, llena de coloratura. Peter se destapó. Halló bastante fácil el mantener su voz audible por sobre los instrumentos, algo que le habría sido difícil algunos meses entes. ¡El crecimiento del pecho le ayudaba! Cuando estaba terminando su aria, la audiencia interrumpió con sus vítores y "bravos".

Luego seguía la música. Peter cantó, oyó cantar, eso era parte de la música. Unos pocos solos más para él, otros pocos para Bertrand, varios más para los demás solistas. Entre ellos las partes corales. Varias veces los aplausos interrumpieron la música. Luego el gran "Hallelujah", conocido para casi toda alma del mundo, aunque poco conocimiento pudiera tener de la música barroca. De aquí en adelante ya nada podía detener el éxito, cada parte llevaba a la siguiente. ¡Un punto alto lo dio el aria del bajo. "The trumpet shall sound", en que un niño pequeño, probablemente no mayor que diez u once años, tocaba la trompeta! No cabía duda que lo hacía muy bien. De nuevo los súbitos aplausos interrumpieron, y luego siguió la música, Y luego tenía que llegar "If God be for us", la pieza en que los niños habían preparado su sorpresa. Jimmy, Bertrand y Peter se adelantaron, ante la línea del coro. El Sr. Holtmann no entendió nada; debió haber pensado que estaban compitiendo por el privilegio de cantar la última aria de soprano de la obra. En el coro de la escuela los solistas siempres permanecían en sus filas. Hizo un gesto desesperado, tratando de ordenar a los niños que volvieran a la línea. Pero Peter juguetonamente puso sus brazos sobre los cuellos de los otros niños. Jimmy a la izquierda y Bertrand a la derecha, y el anciano profesor se dio cuenta que era algo especial, algo planeado. Querían cantar juntos. Entonces, así sería. Cambió su expresión a una sonrisa y comenzó la parte. Y ellos cantaron. ¡Y cómo lo hicieron! La voz de Peter fluía hacia el cielo, armonizando el alto de la ya alta línea de soprano que cantaban los otros dos, sus ojos perdidos en el infinito, una sonrisa en la cara. Ni se esforzaban. Jimmy cantó la línea de soprano en forma estable, con una expresión acerada. Temía el castigo por tomar parte en el complot… ¡pero bien lo valía! Bertrand sólo cantaba. Eso era bueno. Cantaría tal música por toda su vida. Pero cuando vio las lágrimas que corrían por la cara del profesor, también sonrió, como para reconfortarlo y sostenerlo. ¡No es que se pudiera ver sonreír mucho cuando alguien canta, sino que se lo puede sentir! ¡y puedes oírlo! Peter había dejado sus brazos sobre el cuello de los otros niños durante toda la parte, y cuando terminaron, los tres niños sólo saludaron brevemente y regresaron a sus lugares en las filas del coro. Los vítores, aplausos, bravos, y la frenética ovación forzó una pausa de varios minutos antes que el coro pudiera seguir con las últimas dos partes, concluyendo su gran presentación de la gran obra del gran compositor. El aplauso final fue pesadamente largo, que parecía que no terminaría nunca.

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Al siguiente día Peter se encontró con una desagradable sorpresa. Cuando regresó de la escuela, aún con el ánimo alto por el éxito de la tarde anterior, su madre lo estaba esperando con cara agria. Peter, necesito hablarte. ¡Vamos a tu pieza! ¿Es que ella estaba disgustada por el desorden que había dejado allí, los calcetines sucios bajo la cama, manchones de cola sobre el piso, o algo así? Entró a su pieza, la mamá tras él, y cerró la puerta. Peter, recibí una carta del doctor de tu escuela. Me dice que te comportaste muy extraño y no le permitiste completar la revisión médica. El corazón de Peter casi se detuvo. De modo que eso era. La casa de locos, para allá voy. ¿Me dirás por qué hiciste eso? ¿Exactamente qué pasó?

Peter pensó. Pudiera ser que se librara de esto. Mamá, él siempre mete sus dedos en mis partes íntimas. Estoy cansado de eso. De modo que le dije que de aquí en delante, mi religión no me permite eso. ¿Acaso eso es imperdonable? Se sintió aliviado cuando su madre se rió. Peter, muchos niños de tu edad se ponen vergonzosos con su cuerpo. Pero eso no es necesario. Puedes mostrarle al doctor todo lo que él necesite ver. Mira, y ella le pasó la carta, El doctor dice que tu vergüenza es normal, pero él está preocupado porque el año pasado aún tenías la fimosis, de modo que recomendó un control. Peter leyó la carta. Era exactamente lo que el doctor había escrito. ¡Mamá, yo ya no tengo fimosis! ¡Se lo dije al doctor, pero parece que no me cree! La mamá respondió. Muéstramelo, y estará todo bien. ¡Oh, nooo! ¡Esto se estaba empeorando! ¡Pero mamá, ya tengo casi trece años, no me hagas desvestirme delante de ti! Realmente él no había estado desnudo delante de su madre por varios años hasta entonces. Pero la mamá no se tragó ese argumento. No hagas tanto alboroto por eso, Peter. Ya te dije, es normal que te sientas vergonzoso de tu cuerpo a esta edad, pero realmente no tiene por qué ser así. ¡Yo soy tu madre! Peter no hizo nada. ¿qué podría hacer? ¿saltar por la ventana? No le sería de mucha ayuda. Vamos Peter, o me muestras que todo está bien o tendré que anotarte para un control en la clínica.

Peter estaba a punto de llorar. ¡No había nada que pudiera hacer! ¿Quizá pudiera hacer que su madre lo inspeccionara y luego escapar de casa antes de finalizar? Nada que ver. Mejor sería correr el riesgo. Sin decir palabra, se bajó los pantalones, buscó su pene a través de la abertura de su calzoncillo, lo sacó y usando sus dedos empezó a retraer su prepucio. Le dolió algo, pero pudo hacerlo. ¡Entonces la mamá, con un movimiento rápido y repentino, tiro su ropa hacia abajo! Derrotado. Totalmente derrotado. El fin del mundo. La vista de Peter se nubló a medida que sus ojos se llenaban de lágrimas. Se sintió débil. La tensión fue demasiada para él, y estalló en llanto como un niño, primero al sentarse, y luego al caer en la cama. Le tomó un buen rato a la mamá de Peter recuperar el habla. ¿Quién te hizo esto? fue lo único que pudo preguntar. Aún sollozando, Peter trató de controlarse, algo aliviado por el hecho evidente de que el choque había sido mayor para la mamá que para él. Calladamente dijo: Lo hice yo mismo, mamá. La reacción fue inmediata. ¡Peter, realmente no tienes por qué proteger al insano que hizo esto! ¡No importa si fue un profesor, un amigo, o quien sea! ¡sólo dímelo! ¡por favor, dímelo! Peter estaba empezando a controlar sus lágrimas y empezaba a ver claro nuevamente. Realmente, mamá, lo hice yo mismo. Yo quería llegar a ser un cantante profesional castrado. ¡Detente, Peter! ¡No puedo creer ni una palabra de toda esa basura! ¡Dime quién lo hizo, o tendré que encontrarlo de otra forma! Peter de nuevo rompió en lágrimas. ¡Mamá, realmente, lo hice yo mismo! Y, llorando, le contó toda la historia de sus sueños, sus deseos, sus planes, y sus acciones. Sólo dejó fuera de la historia a Bertrand.

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Ese fin de semana estuvo tenso en casa de Peter. Sus padres no lo dejaron salir. Cuando Bertrand vino el sábado en la tarde, la mamá de Peter lo hizo devolverse con el pretexto de que Peter estaba enfermo. Peter estaba encerrado. Hizo algún trabajo en su último modelo de barco, pero no consiguió nada con eso. Ya no lo gozaba. Varias veces fue interrogado por su madre, por su padre, por ambos en conjunto. Sólo su hermana estaba como siempre, y él halló que su forma de importunarlo era lo mejor de ese deprimente lugar. El domingo tuvo unos pocos minutos en que no fue vigilado cuando la mamá y el papá aunaron sus esfuerzos para deshacerse de un predicador ambulante, y rápidamente encendió el computador y envió un mensaje a Bertrand. "Mis padres supieron todo acerca de MI. El doctor me echó al agua. Estoy encerrado. ¡Esto es peor que la casa de locos! Peter." Eliminó la copia de respaldo y apagó la máquina. Esperaba que Bertrand entendería lo que significaban las mayúsculas "MI." No se atrevió a escribir que él no había hecho irse a su amigo, temiendo que alguien más pudiera leer el correo y hallara lo de Bertrand. Volvió a su barco, pero ya no le interesaba. Buscó en la partitura de El Mesías, pero tampoco le llamó la atención. Sólo miró hacia fuera por la ventana y dejó pasar el día.

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El lunes fue a la escuela como siempre. ¡Por lo menos su confinamiento no era perpetuo! No era muy a menudo que él quisiera ir a la escuela… En cuanto Bertrand se encontró con Peter, le dijo: ¡Oye, te ves viejo y plomizo! ¿Tan malo estuvo? ¿te castigaron? No, pero me interrogaron una y otra vez acerca de quien lo hizo. No pueden creer que lo haya hecho yo mismo. Después hicieron un lote de llamadas telefónicas. Algo va a pasar. La preocupada cara de Peter trató de sonreir. Ven a visitarme a la casa de locos, ¿quieres? Bertrand se rió. Si ellos te encierran allí, yo iré a rescatarte. ¡Eres demasiado bueno para ellos! Y abrazó a Peter por la cintura. ¡Qué alma tan noble era Bertrand! ¡nunca perdía su labia! Peter se sintió un poco mejor.

A la hora de almuerzo, la mamá de Peter le dijo: Peter, espero que no tengas algún asunto urgente para esta tarde, ¿verdad? Bueno mamá, yo quería ir a la casa de Bertrand. El necesita que le ayuden con su barco, ¡Es muy sofisticado! Lo siento, Peter, pero tendrás que posponer eso, porque tienes una cita con la doctora Brown. Peter puso cara amarga. Mamá, ¿todavía no crees que ya no tengo más la fimosis? Su madre rió brevemente. No, Peter. No tienes que mostrarle a la doctora Brown tus partes íntimas. Ella es psiquiatra. ¡Una loquera! ¡Nooo! ¡Y peor aún, mujer! ¿es necesario? ¡Mamá, no estoy loco! ¡no necesito un loquero! ¿Quieres encerrarme en la casa de locos? La mamá dio la vuelta, y abrazó a su hijo. Peter, yo nunca haría una cosa así. Sólo quiero asegurarme que no tengas algún problema mayor. La doctora Brown es una dama muy amable, créeme. Y muy competente. Ella sabrá qué hacer. Peter se sintió como un asesino camino a la silla eléctrica.

Cuando la Doctora Brown los recibió en la tarde, Peter pensó que realmente ella podría ser razonable. Se sintió algo confiado acerca de ella. Rápidamente se demostró que estaba en lo cierto cuando la doctora le dijo suavemente, pero con claridad: Señora Andrews, ¿sería tan amable de esperar afuera, por favor? Esto resultó sorpresivo para la mamá, pero ella obedeció. Peter estuvo contento. La doctora sabía cómo se sentía.

Cuando su madre hubo salido y cerrado la puerta, comenzó una larga conversación. Peter, yo sé que no quieres estar aquí. Pero puede ser que necesites algo de ayuda. ¿Tus padres reaccionaron en forma demasiado severa por lo que hiciste? Mi madre parecía no saber qué hacer, y sólo no podía creer que lo había hecho yo mismo. En cuanto al papá, todavía no tengo idea de qué fue lo que pensó de eso. ¿Realmente lo hiciste tú mismo? ¡Por supuesto! ¿acaso no me cree? Sí te creo, sólo quería oirlo de ti mismo. Peter, estás seguro que hiciste lo correcto? no necesitas responderme si no quieres. Sí quiero responder, pero me resulta muy difícil decirlo. Para mí, sí. Aún estoy seguro. Pero mis padres parecen sufrir mucho por ello. ¿Lo hiciste realmente por la razón que me dijeron? No sé qué fue lo que ellos le dijeron. Para conservar tu voz y llegar a ser un cantante famoso. Le dijeron lo correcto. ¿No hay otro motivo? Realmente no, Quizá un poco de miedo de la pubertad y lo que le sigue. Pero principalmente porque la pubertad habría destruido mi voz. ¿Estás tan seguro de que tu voz habría sido destruida? Peter se apasionó. ¡Señora Brown, nueve de cada diez niños que tienen buenas voces como niños adquieren voces malas siendo adultos! ¿no es ya bastante? Muy bien, muy bien. ¿Qué es una voz mala? ¡Una que suena desagradable, que raspa, que no tiene suficiente potencia, que no cubre todo el rango, que no puede mantenerse afinada! ¡Hay tantas! ¡Sólo escuche entre los cantantes pop! La doctora se rió. Ya veo, y tengo que estar de acuerdo con eso. Peter, ¿cómo aprendiste el cómo hacerlo? En libros y en la Internet. Podía haberlo supuesto, ¿alguien te ayudó? No, lo hice solo. No estaba mintiendo, después de todo, Bertrand no le ayudó directamente. Es difícil de creer. La mayoría de las personas de tu edad confían en alguien. Pero no tienes por qué echar al agua a nadie. Peter enrojeció. Se mantuvo en silencio. Esta doctora era buena, y ella lo entendía. Peter, ¿cómo comenzó esa obsesión? Yo soñaba con eso. ¡Y yo había visto a tantos niños perder sus voces! Ya lo veo. ¿Cómo crees que será tu vida de aquí en adelante? Primero, terminar la escuela, supongo. Luego, quisiera tener un buen tutor de canto, para capacitarme como cantante profesional. Y luego… giras de conciertos, grabaciones, lo que sea, ¡siempre que sea MÚSICA! Peter, ¿nunca pensaste en tener una familia? ¡Pero si ya tengo una! No, rió la doctora, quiero decir, como adulto, ¿casarte, tener hijos? Peter se abochornó. Bueno, eso está fuera de lugar ahora, supongo, pero de todos modos no creo que me gustaría. ¿Lo pensaste antes? Sí, algo. No puedo imaginarme corriendo tras las muchachas, luego trabajando en una oficina o algo así. Prefiero la vida libre. Peter, ¿harías de nuevo eso mismo? Peter se rio calladamente. ¡No creo que haya forma de hacerlo de nuevo, Dra. Brown! ¡Ya lo hice bien al primer intento! Ahora la doctora se sonrojó, pero se recuperó rápidamente. ¿Hay algo más que quieras decirme? ¿o preguntarme? ¿necesitas ayuda? Peter se tomó su tiempo. Dra. Brown, hay una cosa que usted puede hacer por mí. ¿Sí? No me envíe a la casa de locos, ¿quiere? Había lágrimas en sus ojos. ¡Oh, Peter, nadie va a enviarte a una clínica así! ¡No estás de ningún modo loco, sino que eres muy especial! ¡Un idealista como hay pocos en el mundo! ¡Y además muy valiente! Ten confianza en mi, que no te encerrarán. Ahora ve, dile a tu madre que entre, y espera afuera!

Peter no podía creer en su suerte. Se puso de pie, y ansiosamente dio un apretón de manos a la doctora. ¡Gracias doctora Brown! ¡muchas gracias! Luego salió, hallando a su madre afuera, y le dijo, sonriendo. ¡tu turno!

Esperó por lo que le parecieron horas. Luego regresó la madre, y volvieron a casa. ¿Qué te dijo la doctora Brown, mamá? preguntó Peter. Básicamente, que no eres el tipo suicida, que no estás loco, y que deberías seguir cantando. Peter dio un salto en el auto. ¡Gracias, señora Brown!

***

Fue algunos días después cuando el Sr. Holtmann llamó a Peter a su oficina. Comenzó a hablar. Peter, lo primero de todo es que quería felicitarte por tu treta del Mesías. Yo estaba muy preocupado cuando ustedes tres se pararon ante el coro, pero el aplauso me demostró que no estuvo mal. ¿Supongo que tú fuiste el instigador de tal cosa? Sí, señor Holtmann. Pensé que sería una bonita sorpresa para usted también. Pues sí lo fue. Realmente pensé que ustedes tres estaban por pelearse, y estuve a punto de detenerlo cuando los abrazaste. Peter sonrió. El mensaje llegó justo a tiempo. ¡En realidad! dijo el profesor, también sonriendo. ¿Dónde conseguiste esa partitura? ¡No la conseguí! ¡la compuse yo mismo, en el computador de Bertrand, el domingo en la mañana antes del concierto! El profesor abrió tamaños ojos. ¡bandido! ¿No sólo cantaste tal cosa sino que también puedes componer? ¿no me estás tomando el pelo? No, señor Holtmann, lo digo en serio. No es tan difícil. Y el computador ayuda mucho para hacerlo bien. El anciano profesor movió lentamente su cabeza. Pero estaba sonriente. Luego de nuevo se puso serio. Peter, le dijo, hay otra cosa que necesito hablarte. Esta mañana he sido informado de tu situación. ¡Finalmente entendí por qué estabas tan seguro de que podrías cantar El Mesías! Dime, ¿estás loco o sólo eres fanático? ¡Tan rápido que viajan las noticias! Dos semanas más, y todo el mundo en la ciudad lo sabría. Bueno, ya no había modo de conservar el secreto. Peter respondió: Mi loquero dijo que no estaba loco, y me dejó libre de todo. ¡De modo que creo que debo ser fanático! Sonrió. ¡Nuestro tiempo ya está maduro para revivir la tradición de los castrati! ¿Ha oído usted antes esa frase? La leí en Internet. ¡Un famoso musicólogo la escribió! El anciano profesor asintió calmadamente. Creo que ese hombre tiene razón. Nuestro mundo está lo bastante loco para reiniciarla. Bueno, ¡que sea para mejor!

***

Durante las primeras tres semanas de las vacaciones escolares, el coro y la orquesta hicieron una extensa gira de conciertos. Era agotadora, pero también muy entretenida. Hubo conciertos todas las tardes, yendo a otra ciudad en las mañanas, incluso a veces con conciertos a mediodía. El Mesías era la pieza presentada en la mayoría de los lugares, y el agregado de Peter pasó a ser parte integrante de ella. Incluso los periódicos hablaban de ese trío. En las tarjetas de programa se anunciaba ahora de diferente forma: "Peter Andrews, contrasoprano" en tanto que sus amigos se mencionaban sólo como "niños soprano". ¿Quizá alguien lo notaría? Además de El Mesías, también se cantó mucho de su otro repertorio. En tanto que se preferían las piezas para todo el coro y la orquesta, algunas veces cantaron "Viernes por la Tarde" y también otras piezas sólo para el coro de niños. Todos juntos, fue un viaje muy exitoso, y también el viaje más extenso para Peter.

Luego comenzó un aburrido verano para Peter. Bertrand había ido a Francia con sus padres. Habría de ser su primer conocimiento real del pais de sus padres, que había dejado aún muy pequeño. Peter pasó su tiempo construyendo barcos, aprendiendo música por si mismo, y escuchando los CDs de su padre. Entre ellos encontró el disco que tenía por meses en mente: "Moreschi, el último castrato". Temblaba cuando puso el disco en el tocadiscos. Comenzó con un terrible ruido de raspado. ¡Después de todo la grabación había sido hecha casi cien años antes, usando una tecnología muy primitiva de grabación de sonido! Y luego apareció la voz de Moreschi. Peter detuvo el tocadiscos. ¡Era espantoso! Se sintió tocado. ¿Esa era la voz de un castrato real? ¡Sonaba más como la voz de una anciana! Volvió a hacer andar el aparato. Sí, la voz era chillona, era imposible afinarla, las notas se atacaban desde el sótano, por más de una octava y a veces más. Era un chiste. Peter puso muy bajo el volumen y leyó el folleto mientras trataba de entender el canto. El folleto presentaba muchas excusas. Moreschi no era un buen cantante, estaba viejo, había estado nervioso, y los ataques de llanto eran cosa común en esa época. Bueno, pensó Peter, ¡él podría hacerlo mucho mejor, en cualquier parte y en cualquier momento! De todos modos, era interesante. Qué divertido, pensó Peter. ¡El último castrato de la vieja era cantando, y el primer castrato de la nueva era escuchándolo! ¡Un fogonazo en la historia! ¿debería anotar la fecha? Quizá su profesor de historia tuviera razón y las fechas fueran importantes. Quizá.

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Finalmente cuando Bertrand regresó, lo primero que los niños hicieron fue pescar sus bicicletas y partir hacia el lago. Peter había estado allí unas pocas veces durante el verano, pero estar solo no era entretenido. En cuanto llegaron se desvistieron, se encaramaron a su árbol y saltaron. ¡Qué refrescante estaba el agua! Nadaron alejándose, y volvieron a la playa. Bertrand había traido la cámara digital de su padre, y sacaron unas pocas fotos.

Mientras yacían en el pasto, repentinamente Bertrand le dijo: Mis padres saben todo acerca de mi castración. Peter lo miró. ¿y fue muy terrible el alboroto? No del todo, dijo Bertrand con desgano. ¡Eso sí que era interesante! ¿y cómo lo supieron? Bertrand se rió. ¿Sabías tu que mis padres son nudistas? No, respondió Peter, ¡pero debería haber sido obvio! Bertrand había sido el que había propuesto originalmente bañarse desnudos en el lago. Peter recordaba a su amigo desnudo desde la cintura hacia abajo en la cocina. ¡Y nunca había visto nada tal como un pijama en el dormitorio de Bertrand! Bertrand continuó: bueno, pues lo son. Por lo tanto, en la Riviera, fuimos a playas nudistas. Hay gran cantidad de ellas. No podía estar vestido todo el día al calor, de modo que también me desvestí. Al comienzo no se dieron cuenta. Luego empezaron a mirar. Después, asombrados, abrieron tremendos ojos. Entonces preguntaron. Pero se dieron cuenta tan de a poco que su reacción fue muy calmada. ¿Y entonces? preguntó Peter. Quisieron enviarme a un loquero. También me dijeron que me pondrían en un tratamiento hormonal. Peter lo miró preocupado, pero Bertrand se le adelantó felizmente. Yo lo rechacé. Si ellos me ponían en un tratamiento hormonal, yo me mataría. De modo que prometieron que no lo harían. La primera vuelta está ganada. Pero a la semana siguiente, dijeron que me enviarían a un loquero. Peter le ofreció ayuda. Diles que pregunten a mis padres por un buen doctor. La doctora Brown mantendrá a tus padres en su lugar. Bertrand se rió con su risa brillante, y Peter se le sumó. El sol brillaba sobre sus espaldas.



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