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El Niño de Coro
Una historia de música, amistad y coraje. Parte tres. Jimmy se recuperaba rápidamente… por lo menos en lo físico. Pero psicológicamente estaba hecho un desastre. En la escuela les hablaba duramente a todos, en la práctica del coro estaba distraído, y Peter no podía penetrar la muralla de defensa que el niño se había erigido. Todos querían ayudarlo, acariciarlo, y por supuesto saber qué lo había movido a hacer lo que hizo. Dos semanas después el pobre Jimmy estaba de regreso en la escuela, sin ninguna mejora. Peter decidió que algo tenía que hacerse. Recordó que la oferta de la doctora Brown, la psiquiatra, aún estaba en pie. Por lo tanto, cogió todo su valor y la llamó. El teléfono fue contestado por su secretaria. Peter le pidió hablar con la doctora Brown directamente, pero la secretaria trató de hacer que le dejare el mensaje, de modo que Peter decidió fanfarronearse un poco. ¿Podría hacer el favor de decirle a Sarah que su amigo Peter necesita hablarle por un asunto urgente? Sonrió cuando la secretaria cambió de tono, le pidió esperar un momento, y luego lo comunicó. ¡El usar los primeros nombres de la gente era una herramienta poderosa! Después de intercambiar saludos, Peter fue directo al meollo del asunto. Dra. Brown, usted me dijo que si tenía un problema podía pedirle ayuda, ¿verdad? Por supuesto, respondió simplemente ella. Eso había sido breve. Peter juntó de nuevo sus ideas. ¿Acaso tiene usted noticias de cierto Jimmy Jansson? Después de una corta pausa, ella respondió. No, nunca he oido tal nombre. Peter tenía la esperanza que ella supiera del caso de Jimmy. Después de todo, ella parecía estar involucrada cada vez que alguien decidía arrancarse alguna parte de su cuerpo. En ese caso, ¿le importaría si yo voy a verla? Hubo otra pausa, y luego ella preguntó que cuán urgente era. Creo que un bastante urgente. Dijo Peter. Jimmy es un niño de 12 años, de mi escuela. Sin decirle nada a nadie, se cortó sus propias bolas hace algunas semanas, y casi se murió, y ahora está en tal estado que tememos que la siguiente cosa que haga es cortarse las venas. Ahora la pausa fue mucho más corta. Vente derecho inmediatamente, ¿puedes traerlo? ¡Qué dicen sus padres? Peter no creyó que pudiera recoger a Jimmy y llevarlo con la psiquiatra tan fácilmente… y no tenía idea de lo que los padres de Jimmy planeaban. Pero pedaleó directamente hasta la oficina de la Dra. Brown. Una vez allí, tuvo que esperar muy poco. La secretaria había recibido la instrucción de hacerlo pasar antes que el paciente que estaba esperando. Peter le relató a la doctora toda la historia de la tontería de Jimmy, tal como la sabía. La doctora Brown tomó nota de todo. Cuando Peter terminó, cerró el informe haciendo notar que se sentía en parte responsable por lo que Jimmy hizo, ¡y lo menos que puedo hacer es tratar de ayudarlo a salir de esto!. La advertencia de la doctora en este momento fue sólo una: No dejen solo a Jimmy. Traten de establecer un círculo de amigos en torno a él. Probablemente no va a querer, porque va a querer estar solo, ¡no se lo permitan! El estar solo es peligroso en su actual condición. No lo fuercen a hablar ni a tomar parte en nada, sino que acompáñenlo siempre. ¡Y tráemelo aquí tan pronto puedas! ¡No te preocupes de llamarme antes, sólo tráelo! Ella también preguntó por los datos para contactar a los padres de Jimmy. Peter hizo lo que pudo. Involucró a los compañeros de curso de Jimmy en su campaña, y por supuesto, a todo el coro. Hizo que sus padres contactaran a los padres de Jimmy, aunque no parecía que de esto saliera nada bueno. Después de otra semana con Jimmy aún en su actitud más autística, ante la urgencia de Bertrand decidieron apretar las cosas. Una tarde, después de un desesperante ensayo de coro al cual Jimmy asistía pero sin abrir nunca su boca, entraron en acción. Después del ensayo, pescaron a Jimmy de los brazos, uno a cada lado, y se lo llevaron a rastras. El niño los dejó hacer, como si fuera un muñeco. Caminaron con él fuera de la escuela, calle abajo, acercándose al centro de la ciudad. Después de varias cuadras, repentinamente Jimmy trató de librarse. Pero ellos lo sujetaron, y siguieron arrastrándolo. Hasta que Jimmy habló finalmente, en voz baja y alarmada. Déjenme ir, o chillaré pidiendo ayuda. Peter lo llevó hacia un lado y lo sentó en el borde de una columna que sostenía la figura de piedra de algún irreconocible héroe nacional. El se arrodilló frente a ellos. ¡Esto es exactamente lo que has estado haciendo en todas estas semanas! Jimmy, ¿no te das cuenta que tienes montones de amigos aquí? ¿Amigos que están desesperados por ayudarte? ¡Créeme, yo se cómo te sientes, pero ahora tienes que dejar detrás eso y pensar en el futuro! Puedes hacer un gran futuro o uno miserable. Es tu elección, ¿o es que quieres matarte tú mismo? Un escalofrío atravesó al pobre niño, confirmando las sospechas de Peter, por lo tanto, no hay futuro para ti. Pero eso sería realmente una torpe decisión. Hizo una pausa, se acercó a la cara de Jimmy, y le susurró al oído. ¡Porque eres muy valiente, tienes una buena voz, y el futuro te está esperando! Peter cogió de nuevo el brazo izquierdo de Jimmy. Mientras tanto Bertrand había tenido cogido el derecho todo el tiempo. Levantaron al niño, y el trío siguió de nuevo caminando. Jimmy sólo dejó que lo llevaran. ¿A dónde me llevan? Al centro, a ver una buena amiga. Caminaron silenciosamente otra media cuadra. ¿Quién es esa amiga? Peter decidió que era mejor ganar tiempo. De modo que no le respondió de inmediato, sino que sólo siguió caminando. Bertrand le siguió el juego, y también permaneció en silencio. Sólo cuando Peter sintió la inminente rebelión de Jimmy, le respondió. Es Sara Brown, Ella nos ayudó mucho a nosotros dos, y pidió juntarse contigo. ¡Eso de algún modo gatilló los frenos de Jimmy! Se puso completamente tieso, sus pies se congelaron, y el trio se detuvo. ¡DE NINGUN MODO voy a ir para allá! ¡Esa es la loquera! ¡DEJENME IRME! chilló. Peter le dio a Bertrand una mirada de aliento. Estaban sólo a media cuadra de distancia de su destino. Alzaron en vilo al niño y al perder el suelo bajo sus pies, él comenzó a chillar y a patalear frenéticamente La gente se dio vuelta para ver lo que pasaba, pero al ver a dos niños solos y sonrientes que llevaban a otro menor, , no se preocuparon mucho. Para ellos era un juego de niños. Así, Bertrand y Peter arrastraron al pataleador y chillón Jimmy derecho hasta el ascensor y luego hasta la sala de espera de la Dra. Brown. Antes que la secretaria pudiera siquiera preguntar qué diantres era lo que sucedía, se abrió la puerta de la doctora y apareció la Dra. Brown. ¡Ella comprendió de inmediato! ¡Muy bien, entren niños! Mientras llevaba a Jimmy adentro, Peter escuchó a la doctora disculparse con el paciente que debió haber hecho entrar. ¡Le dijo que esa era una emergencia, y la persona realmente pareció haberse dado cuenta!. Peter y Bertrand llevaron a Jimmy al diván, y se sentaron, sosteniéndolo firmemente. Pero la doctora displicentemente se sentó en su escritorio, contemplándolos por un momento, y luego sonrió y les dijo: ya pueden soltarlo, él no se va a arrancar. Peter realmente no se convenció de eso, ¿Cómo lo sabe? ¡tuvimos que traerlo a la fuerza! Pero la doctora estaba segura. aún a Peter y a Bertrand antes que a Jimmy, El sabe que ustedes lo estaban ayudando, y que yo lo ayudaré. Es lo bastante inteligente como para no echarlo a perder toda esta ayuda. Peter aflojó el apriete en el brazo de Jimmy, Bertrand hizo lo mismo. Jimmy se quedó quieto ahí mismo. Y ahora, si ustedes dos esperan afuera por favor…. ¡Peter casi se echó a reir, al recordar aquel día en que ella tuvo que echa para afuera a su mamá son las mismas palabras! Rápidamente se puso de pie, y junto con Bertrand salió de la consulta para tomar asiento en la sala de espera. Estaban solos allí, sólo estaba la secretaria. Ella, como muchas mujeres, era incapaz de permanecer callada por mucho rato. ¿Qué le pasó a ese niño? Dió una gran batalla. Peter sólo le dio los datos más básicos. Pensó que la secretaria no necesitaba saber nada más. Fue una larga espera. Tan larga, que Peter le pidió a la preocupada secretaria permiso para usar el teléfono, y llamó a su casa. Bertrand hizo lo mismo. Pero no llamaron a los padres de Jimmy. Quizá eso era una buena idea para darles a ellos una pequeña preocupación, que quizá les llevara a poner más atención en el problema de Jimmy. Ya estaba oscuro cuando finalmente se abrió la puerta de la oficina y una cansadísima Dra. Brown les pidió que volvieran a entrar. Jimmy estaba parado junto a la ventana, contemplando hacia fuera. La doctora cerró la puerta. No pasó gran cosa por cerca de un minuto. Luego Jimmy lentamente se volvió. También tenía un aspecto muy cansado en su cara, y ojos vidriosos. Se acercó y estrechó las manos de Peter. Peter también las de él. Y luego Jimmy se quebró, estallando en llanto. Las lágrimas corrían por sus mejillas, incapaz de sujetarlas. Peter sintió un nudo en su garganta. Comprendió de inmediato que tendrían que llevar a Jimmy de regreso con ellos. También sus ojos se humedecieron mientras sostenía al niño menor, palmoteaba su espalda, en tanto que Bertrand cogia las manos de Jimmy y las estrechaba. Por sobre la espalde de Jimmy, la Dra. Brown hizo señas a los niños que se llevaron a Jimmy. Ellos comprendieron, y el lloroso trio salió caminando pausadamente. Conversaron bastante durante la larga caminata hasta la casa de Jimmy. Hicieron planes para el futuro. Apenas si tocaron el pasado. Bertrand llegó tan lejos como para preguntarle a Jimmy por qué y cómo había hecho lo que hizo. La policía había acertado con lo correcto. Jimmy simplemente había cogido un cuchillo de la cocina, se había bajado los pantalones, y se había cortado todo el escroto, en un momento de inspiración. Sabía que eso era una locura, muy peligrosa, y realmente no podía explicar por qué había llegado a tan drástica decisión tan repentinamente. Pero por supuesto, la motivación básica había sido la misma que la de los otros castrati del coro. La desesperación acerca de la previsible pérdida de su voz blanca. Peter aún no podía entender cómo fue que Jimmy había sido capaz de cortarse a si mismo de tal manera. ¡Debe haber sido horriblemente doloroso! dijo. Jimmy disminuyó un poco la marcha en ese momento. Es extraño. Era como un trance. No lo sentí mientras lo cortaba. Era como cortar un pedazo de goma. El dolor apareció sólo cuando ya todo terminó. Pero entonces ¡Realmente llegó! Lo único que Peter y Bertrand nunca entendieron, fue cómo la doctora Brown había conseguido dar vuelta a Jimmy. Tanto Jimmy como la doctora mantuvieron su secreto por siempre. *** El año ya estaba llegando a su fin, y el niño tenía invariablemente montones de cosas que hacer. Después de todo, la época de Navidad era cuando todos se acordaban de los coros de niños, y del sonido que podían producir. Este año, a fines de Noviembre, tenían un largo campamento coral de fin de semana, para ensayar intensamente para esos conciertos de Navidad. Sólo iban los niños menores, porque los tenores y bajos se suponía que no necesitaban ese entrenamiento especial. También ellos podrían aburrirse en tal campamento, en tanto que a los menores les encantaba. "Campamento" no era quizá la palabra más adecuada. La escuela poseía una gran casa en la falda de unas montañas, que antes había sido un refugio para esquiar. Pero las modas cambian y actualmente la mayor parte de la gente prefería los nuevos y divertidos resorts de esquí, completos, con andariveles, hoteles de cinco estrellas, heli-ski, sauna, restaurante a la carta, apuestas, y todo tipo de otros lujos. El Club de Ski había vendido el viejo refugio de la montaña a la escuela, y cada año se usaba unas pocas veces como "campamento" como ahora. A Peter le encantaba el lugar. Era un viejo y oscuro edificio de madera, con dos grandes dormitorios, cada uno de los cuales contenía veinte camarotes de dos camas, lo que significaba que para este grupo, este año, bastaba con un solo dormitorio. y todos ellos se arrancharon juntos. ¡Eso sí que era divertido! El lugar era atemorizante, porque no habia luz eléctrica, y por lo tanto era costumbre que los niños mayores contaran historias acerca de fantasmas y zombies, haciendo tiritar las tripas de más pequeños. Peter recordó su primera vez aquí, y la mala primera noche que pasó después de tales cuentos. Por supuesto, sabía que no eran ciertas, pero de algún modo le hicieron pasar una noche llena de pesadillas. Esperaba el viaje de este año, ya que ahora él era el niño mayor del grupo, y así estaría a cargo de contar tales cuentos. El paisaje alrededor era esplendoroso. La casa estaba justo en el límite de la arboleda. Estaba aún rodeada por el bosque, pero a un centenar de metros de distancia de donde terminaban los árboles, y algunos arbustos pequeños daban paso a manchones de nieve. Ahora, en Noviembre, ya había nevado algo, de modo que lo primero que hicieron los niños en cuanto llegaron fue comenzar una encarnizada batalla de bolas de nieve. No siquiera el Sr. Holtmann se abstuvo. Tanto se defendía él como lanzaba sus propias bolas de nieve, o sus cantantes lo cubrían con ellas. Combatió valientemente, y cuando ya todos estuvieron cansados y completamente mojados, les ordenó entrar y ponerse ropas secas. Había una señora que vivía en la casa. Ella mantenía la limpieza cuando no había nadie ahí. y preparaba la comida, en una vieja cocina a leña, cuando se usaba el refugio. Trabajaba sola allí, lo que significaba que los niños tenían que ayudar poniendo las mesas, lavando los platos y todo lo demás. Lo hicieron con gusto, por el cambio que les traía. La mayoría de ellos estaban tan apoltronados en casa, que era una pequeña aventura para ellos el lavar los platos con sus propias manos. El dia de llegada tuvieron sólo un ensayo corto. Todos ellos estaban cansados por el viaje, que les había tomado varias horas en bus. Y estaban aún más cansados por la batalla de bolas de nieve. De modo que pronto después de la cena el Sr. Holtmann los envió escaleras arriba a dormir, A la luz de las velas, desempacaron sus sacos de dormir. La mayoría de los niños no tuvieron problemas con ellos, pero dos de los de quinto grado habían llevado los de sus hermanos mayores, y no sabían cómo abrirlos, de modo que recibieron muchas pullas del resto de los muchachos. Finalmente también se acostaron, se apagaron las velas, y empezaron las bromas. Una preocupada voz de contralto le preguntaba al niño que estaba encima de él: espero que no vayas a mojar la cama, lo que fue seguido de risas generales. La empaparé completamente y haré que gotee rápidamente con estos colchones tan delgados, respondió una fina voz de soprano. Más risas. ¿Han visto ustedes los ratones? preguntó Peter, sin dirigirse a nadie en particular. Marc recogió de inmediato la idea. Sí, claro, y son gigantescos. Vi varios hace poco rato. Surgió una tímida voz. ¿dónde? Justo aquí, en esta pieza. Se escondieron cuando yo entré. Marc lanzó esto brillantemente, puesto que él realmente había sido el primero en entrar al dormitorio ese día. Después de un rato, otro niño dijo: No creo que haya ratones aquí. No tendrían nada que comer. Se morirían de hambre. Para lo cual Bertrand ya tenía la respuesta. Ellos se comen unos a otros. Los ratones lo hacen así. ¡Pero ellos no podrían sobrevivir comiéndose unos a otros! ¡pronto se morirían! protestó la misma pequeña voz de antes. Peter apenas podía contener la risa, mientas explicaba. En realidad se comen unos a otros la mayor parte del tiempo, pero de vez en cuando consiguen algo de comida que encuentran en la sala; como ahora. Es entonces cuando se abastecen. Oyó risitas disimuladas sobre él. Era Bertrand, que no se podía contener. De modo que Peter habló antes que alguien lo pudiera escuchar. Por supuesto, ellos prefieren la comida tierna. Los niños de diez años son sus favoritos. Esa era la edad de los niños más jóvenes de la pieza, Peter oyó a alguien que siseaba. ¿Oyen? cuchicheó. ¡Ya están viniendo! Hubo un silencio, pues todos los niños escuchaban. Marc interrumpió el silencio. Peter, ¿qué es lo que se comen primero? ¿los dedos de la mano? ¿los dedos de los pies? ¿la nariz? Peter vió otra oportunidad aquí: Pero Marc, ¡debes poner más atención! ¡Te dije que ellos preferían el alimento más tierno que pudieran encontrar! ¡De modo que puedes suponer por dónde empiezan a picotear! ¡tú y yo estamos a salvo! Ahora las risas fueron estruendosas. Bertrand agregó. ¡Yo también estoy a salvo! ¡Gracias Peter! e incluso Jimmy arriesgó un tímido ¡yo también! El contralto habó de nuevo. Peter no estaba seguro de quien era, pero seguramente era uno del trio del séptimo grado. No Marc, lo que dejaba a dos. Tendría que hallarlo, puesto que su voz era buena para algunos papeles de ópera. El muchacho dijo con tono profundo y misterioso, Ustedes no deben preocuparse por los ratones hambrientos, queridos niños. Porque un cazador más poderoso caza en estas antiguas salas. Y agregó con voz aún más profunda, ¡La Poderosa Lechuza Barrenieves reina aquí! Luego cambió de nuevo su voz, haciendo un sonido como de robot. A ella le encanta comer ratones, se los come todos, y además busca qué otra cosa esté disponible. Peter se sorprendió por este niño, que continuó otra vez con su voz profunda y oscura voz: Y lo que a ella más le gusta, cuando no encuentra ratones, es la oferta de carne tierna. Ella les arranca los ojos. Y aquí cambió de nuevo a la voz pegajosa. a menos que le ofrezcamos alguna otra cosa tierna que hayan dejado los ratones. De nuevo las risas llenaron la sala. Bertrand hizo su comentario. Ya puedo ver al Sr. Holtmann cazando a la Poderosa Lechuza Barrenieves, con una escopeta oxidada. O si no, tendremos que expulsar del coro a todas las victimas. Nuevas risas. Y así pasó por más de una hora. Por ese entonces, más y más de los niños se habían quedado dormidos, y las restantes voces sonaban cansadas, y finalmente Peter también navegaba por la tierra de los sueños. Pero sus sueños no duraron mucho. Se despertó porque alguien lo estaba sacudiendo. Cogió la mano que tocaba su hombro. Era una maño pequeña. ¿qué diantres? Lo interrumpió la voz que le susurraba. Peter, estoy asustado por esos cuentos; no puedo dormir. Peter se rió. Pero, tú sabes que no son verdd, ¿no es así? Sí, lo sé, por supuesto, pero siempre me asustan. ¿Qué podría hacer Peter? Abrió el cierre del saco de dormir, ¡métete! le ordenó. ¡mantendré a raya a esas ratas hambrientas y a la Poderosa Lechuza Barrenieves! Agradecido, el niño se metió en el saco de dormir de Peter. Era un poco pequeño para ellos dos, pero de algún modo se acomodaron. Peter ni siquiera supo quién era. Por supuesto uno de quinto grado, pero él aún no los reconocía por sus voces. Y estaba muy oscuro. Una vez apretujado, el niño suspiró y luego sonrió. ¡Pero esas historias eran buenas! Se quedó callado, y pronto su respiración regular le dijo a Peter que el niño estaba durmiendo. Y eso fue la última cosa de la que se dio cuenta esa noche. Es noche Peter tuvo sueños extraños. No, no acerca de ratones ni nada de eso, sino acerca de diversas cosas confusas que sucedían en la escuela. Estaba repentinamente en un grado menor, entre niños mucho menores, y él de nuevo estaba en el vestidor, escondiendo desesperadamente su secreto de masas de gente desconocida que pasaba por ahí, y luego de nuevo estaba el doctor de la escuela hurgándolo, examinando su fimosis. En este momento él se daba cuenta que sus sueños eran demasiado alocados para gozarlos, y decidió despertar - había aprendido antes esa treta. Pero halló que en realidad había alguien tanteando con sus dedos entre sus piernas, ¡y que era una mano pequeña!. Sólo entonces recordó, aún medio adormilado, al pequeño niño que había buscado refugio con él. Peter muy lentamente movió su propia mano hasta una posición estratégica junto a sus piernas, pero decidió esperar y ver qué era lo que el niño quería hacer. El niño estaba inmóvil, y probablemente había sentido la agitación de Peter. Pero después de un rato, reanudó su tanteo. Tanteó en torno al pene de Peter, debajo de él, halló la cicatriz, dejó que sus dedos de deslizaran por ella, luego presionó ligeramente como si buscara algo, lo cual por supuesto, ya no estaba allí. En este momento Peter cogió su mano. ¡Guarda! cuchicheó. El niño se sobresaltó tan bruscamente que la cama crujió. Trató de retirar su mano, pero Peter se la sujetó firmemente, llevándola hacia su barriga. La tengo atrapada porque se portó mal. le susurró. El niño tiritó. Eso le dio una idea a Peter. Lentamente llevó su otra mano al costado del niño menor, y muy suavemente empezó a hacerle cosquillas. Todos los niños pequeño son cosquillosos, bien lo sabía él, y ciertamente este no era la excepción. Se rió tratando de mantener la mano de Peter al alcance de la suya, pero Peter, era lo bastante más fuerte para sobrepasar la defensa. Siguió haciendo cosquillas al niño, deteniéndose cuando creyó que ya lo tenía al límite. Después de todo, no quería tener un saco de dormir mojado. Cuando el niño comenzó a suplicar piedad, se detuvo, y se quedaron, cada uno sosteniendo la mano del otro sobre su barriga. Súbitamente, Peter tuvo la idea de que podría hacer algo de trabajo científico. Recordaba muy bien lo fuertemente tirantes que habían estado las bolas de Bertrand cuando hizo la cirugía. No recordaba que las propias hubieran estado tan tirantes, y ahora tenía la posibilidad de probar, en un tercer sujeto, cómo eran las cosas. Comenzó moviendo su mano por sobre la barriga del niño, haciendo caminar sus dedos. El niño pareció gozarlo, aún cuando le hacía cosquillas, y se reía. Peter amplió los círculos, y luego se detuvo algo abajo del ombligo, y llevó su mano más cerca del área de interés. El niño lo dejó hacer, pero reaccionó moviendo su propia mano en la misma dirección en el cuerpo de Peter. ¡Eso era un acuerdo correcto! Peter sonrió, e hizo que su mano derecha recorriera el resto del camino. El otro niño hizo lo mismo. Ahora Peter muy cuidadosamente palpó alrededor. Su compañero de cama tenía un pene muy delgado, con un amplio y suelto prepucio. Ciertamente él nunca habría tenido problemas con el doctor de la escuela. Peter siguió explorando. Palpó el escroto del niño, muy blando y sedosamente suave. Con extremo cuidado, palpó los testículos. Estaban bastante altos, pequeños, algo sueltos, y ciertamente no se movían fácilmente fuera de su lugar. Llegó a la conclusión de que esta condición era probablemente la normal para los niños jóvenes, y que él había sido menos normal. Pero entonces realmente no recordaba de seguro cómo había sido cuando tenía diez años. Sus recuerdos de esa parte de él eran principalmente de la época antes de su castración. Simplemente nunca había tenido ningún interés por esa parte en loa años anteriores. Peter notó que el niño se había detenido en su exploración, y que sólo respiraba ligeramente. ¿Duele? le cuchicheó Peter al oído. El niño respondió igualmente: Sólo un poco, pero se siente rico. Peter quedó complicado por esto. ¿Cómo podía sentirlo rico si le dolía aunque fuera un poco? Retiró su mano, pero el niño se la sujetó, y la llevó de nuevo al mismo lugar. Peter tomó la idea, y cuidadosamente masajeó el área. El niño hizo unos quejidos y suspiró. Peter tomó el pequeño pene y llevó el prepucio hacia atrás. Se deslizaba fácilmente, mucho más que el propio. ¿Duele? preguntó. ¡Nada, se siente rico! Peter alejó las pequeñas bolas tanto como pudo. No se podía hacer eso a si mismo, y sintiendo cómo el niño lo gozaba, empezó a hacerse la idea de que se estaba perdiendo algo. Peter hizo que el pequeño niño gozara casi por media hora, hasta que sintió que retiraba su mano suavemente. Había ganado una idea táctil bastante buena de la anatomía en esa área de un niño de diez años. Todavía se estaban sujetando sus manos, y el niño estaba comenzando de nuevo a avanzar hacia el pene de Peter. Peter lo dejó hacer. Trataba de pagar a Peter con la misma moneda, pero sin mucho éxito. El prepucio de Peter estaba demasiado apretado para deslizarse fácilmente, y allí no había mucho más para jugar. De modo que el niño exploró la cicatriz de Peter. Es suficiente, le dijo Peter, en tanto sacaba la mano del niño fuera de su pijama, y también sacaba su otra mano de la barriga del muchacho. ¿duele mucho? preguntó el otro niño. Nada de eso, rió suavemente Peter. Tú sabes que no hay mucho que pueda doler. Me entendiste mal, loquillo, Quiero decir si duele mucho al cortarlas. Esta era la primera vez que a Peter le decía así un niño más joven que él, y dentro de su mismo saco de dormir. Pero no podía portarse mal con su amante muchacho, y se rió por el error. Y decidió trabajar con el Sr. Holtmann, y no en contra de él. ¡Sí! ¡claro que duele bastante! no te lo recomiendo. El niño menor se puso tieso de nuevo. ¡no pienso hacerlo! ¡no estoy loco! Gracias, respondió Peter secamente. El niño agregó ¡eres bienvenido! Se quedaron en silencio un rato, pero luego Peter lo instó a que volviera a su propia cama. Imagínate lo que dirían de nosotros si te encontraran aquí conmigo. De modo que el niño se deslizó fuera del saco, susurró un "chao" y Peter pudo oirlo chocándose con algo, caminando por el pasillo, y finalmente metiéndose en su cama. Aún estaba muy oscuro. Lo más divertido fue que Peter aún no tenía la menor idea de quién de los niños del quinto grado había sido. Nunca alzó su voz más allá de un susurro, y no había ni un solo fotón disponible para verlo. Peter gruñó. La única forma de identificarlo a la siguiente mañana, sería ponerlos a todos en hilera y palparles entre las piernas. Después de todo, esa era la única área que él había llegado a conocer bien de ese niño. *** La semana en el campamento se pasó volando. El coro ensayó seis horas diarias, en tanto que el resto del tiempo se ocupó en caminatas, o simplemente jugando en la nieve. Hicieron hombres de nieve, igloos, y toda clase de cosas. La única cosa mala fue ue la nieve no era suficiente para esquiar. Se asomaban demasiadas puntas rocosas y pequeños arbustos diseminados por todos lados. Ensayaron todas las canciones comunes de Navidad. En "Escuchad, Cantan los Angeles", Peter tenía su obra favorita, donde lanzaba una linea de solo de contrasoprano, a alturas imposibles, al tope del último verso. "Los Doce Días de Navidad", como era tradicional, se asignó a doce niños individuales. Esta canción siempre daba a los principiantes su primera oportunidad de un solo. Johnny estaba demostrando una voz bastante buena, pero quien realmente se robó el espectáculo fue Martín, un vergonzoso y tranquilo muchacho de séptimo grado. Era el tipo de persona que nunca llamaba la atención de nadie sobre él, estaba siempre en el lugar correcto, siempre hacia un buen trabajo, y se desvanecía calladamente cuando el trabajo estaba terminado. Pero había desarrollado su voz y últimamente había llegado a dominar la sección de sopranos. Cuando cantó su solo en el primer intento de lo "Doce Días", Peter sintió una puntada de Bernard en las costillas. El se la devolvió. Se entendieron uno al otro. Después de un corto solo, aún en medio de la canción, Peter se paró a un lado, cogió la mano de Martín y la sostuvo firmemente. Martín se ruborizó, sonrió, y sigueron cantando la parte del coro. Después del ensayo, Peter esperó que todos salieran de la sala, y le ayudó al Sr. Holtmann a recoger la música. Este era su código, largo tiempo establecido, de que deseaba conversar. El profesor tomó asiento, hizo seña a Peter de hacer lo mismo, y sólo preguntó: Entonces, ¿de qué se trata ahora? Peter sonrió ¡Ese hombre lo conocía! Sr. Holtmann, es acerca de Martín. ¿Qué hay entre ustedes dos? ¿te estás poniendo celoso? Peter se rió. Era un alivio ver que el profesor hubiera notado también esa maravillosa voz. ¡No! ¡de ningún modo! Sólo quería asegurarme de que usted lo hubiera oido. ¡es fabuloso! ¡Debería darle algún gran solo, bueno, y adecuado. El profesor sonrió. Yo creí que tú los querías todos para ti. Peter bajó la vista. Estaba aun poco avergonzado. En realidad él siempre había querido asegurarse tantos solos como pudiera, y probablemente presionara a más de algún niño para quitarle su oportunidad. Lentamente, dijo: Sr. Holtmann, yo tengo toda la vida para cantarlos. A él le queda a lo sumo un año. No se preocupe por mi, y déme cualquier solo que usted pueda. El profesor alzó las cejas. ¿Y qué hay acerca de Bertrand y de los otros? ¿comparten tu idea? Esa era una pregunta difícil. Bueno, yo creo que… Bertrand es como yo, tiene montones de oportunidades en su vida. Y los otros, bueno…; dudó. Ellos no son tan buenos como Martín. El profesor pensó un rato. Peter esperaba ansiosamente. Finalmente dijo: veré lo que puedo darles. Su voz es espléndida, y en realidad sería una vergüenza que se desvanezca antes de darle un buen uso. Pero tú mantendrás tus solos de contrasoprano, ¿de acuerdo? ¡Por supuesto, Sr. Holtmann! ¡Eso es algo que ninguno de ellos puede hacer! Era un hecho que Peter estaba muy orgulloso de su alto G. Después de todo, muy pocos niños podían cantarlo, y ninguna soprano mujer lo había hecho nunca. *** Recopilando, el coro preparó el repertorio para tres diferentes conciertos de Navidad. Uno estaba compuesto de canciones navideñas muy conocidas de origen inglés, alemán, austriaco y francés. El segundo consideró obras mayores de tipo navideño, de Bach, de algunos de sus hijos y del algo más moderno Cornelius. Y el tercero era el producto de la súbita disponibilidad de nuevos solistas estrella. Un completo programa de solos y dúos de varios compositores barrocos y clásicos. Esa era la forma en que el Sr. Holtmann de daba un buen uso a la voz de Martín, sin tener que echar para atrás a sus otros solistas. Martín al comienzo se sintió un poco sobrepasado con todo esto, pero él se batió admirablemente con éxito con este súbito aumento de la carga de trabajo, y pronto fue un miembro de número del C-Club, aún cuando el pleno significado de la C realmente no se le aplicara. Sólo algunos días más tarde vino Peter a darse cuenta que su idea de incluir a Martín no había sido el factor relevante. Después de todo, ¿por qué habría traído el profesor toda esta música para solos, si él no había planeado desde el comienzo un concierto de solos? Una tarde se lo preguntó directamente al profesor. El Sr. Holtmann sonrió. Has sido un poco lento en notarlo, Peter. La voz de Martín empezó a florecer hace dos meses. Esto, y el hecho de que tú, Bertrand y Marc aún están con nosotros, me hizo soñar con un concierto de solos. Yo no estaba muy seguro de si funcionaría, puesto que Martín es tan introvertido, pero ahora tengo mucha confianza en que fue una buena idea. ¿Y qué pasa con Jimmy? preguntó Peter. Lentamente, el profesor replicó: ¿qué piensas acerca de él? Peter se mordió los labios. Habría sido de mal gusto decirlo, pero la voz de Jimmy no había mejorado mucho, y lo que era peor, Jimmy no parecía mostrar mucho placer por el canto. Hacía su trabajo, sí, pero para él parecía ser sólo una lata. Es muy cortés de tu parte el no decirlo, hizo notar el profesor. Había algo más que inquietaba a Peter: Sr. Holtmann… empezó, ¿Sí? ¿Cómo es eso del florecimiento de una voz? allí había tocado uno de los puntos preferidos del profesor. Peter tuvo una explicación de una hora de largo, completa con dibujos acerca de la anatomía de la laringe, de las cuerdas vocales, de las cavidades resonantes del cuerpo, del contenido de armónicos del sonido, de cómo se formaban, de qué modo los armónicos influían en la calidad que se notaba de una voz, y los cambios que se producían durante la pubertad. ¡La línea de fondo fue que la fase particularmente brillante y bella de la voz de un niño, que era lo que se denominaba el florecimiento, no era nada más que la primera etapa del cambio de voz! ¿Entonces, quiere decir que a Martín tiene sólo algunos meses para seguir? preguntó Peter. Realmente lo sentía por Martín. Puede ser. Si tenemos suerte, puede durar otro año, pero no cuento con eso. Su voz se ha desarrollado muy rápidamente, de modo que es posible, que el próximo año ya sea tenor. Peter estaba con el diablo en el cuerpo. A menos que… La cara del profesor se oscureció repentinamente, ¡Peter! ¡Ni siquiera lo menciones! ¡Nada de eso! ¡Si sucede algo como eso, él, y también tú, quedan fuera del coro! *** Los conciertos de Navidad fueron como siempre, agotadores pero exitosos. Cantaron uno con las canciones navideñas más de veinte veces, en diferentes lugares. La pieza más aplaudida fue "Una vez en la Ciudad del Rey David" que ellos habían montado en un arreglo muy impresionante. L voz de solista de Martín la abrió, muy lentamente, con su sonido casi sorpresivamente claro y hermoso. Luego, uno tras otro, Bertrand y Marc entraron, luego parte del coro, y luego todo el coro incluyendo los tenores y bajos y el órgano, y para la última pieza el organista echó la casa por la ventana, y Peter cantó, o más bien ¡se mandó una de las famosas líneas de contrasoprano al tope final! Era realmente una cosa masiva. Peter se sintió un poco culpable por cantar tan alto, pero con todo el coro y ese órgano, no tenía elección. Cinco de los conciertos fueron en la catedral, el último de ellos la víspera de Navidad. Afortunadamente las restantes fueron en todo tipo de otros lugares sin acompañamiento de órgano. Esto permitió la supervivencia de la voz de Peter. El gran concierto coral fue planeado sólo para una vez, en la catedral, pero lo siguió una invitación a otra ciudad. Era una noticia en pocas palabras, pero los organizadores eran eficientes, y la única cosa de la que el Sr. Holtmann y su troupe tenían que hacer era abordar el bus, cantar el concierto, arrellanarse en un buen hotel, y dejar que el bus los llevara de regreso a la siguiente mañana. Sin embargo, la real revelación fue el concierto de los solistas. Había sido planeado sólo para dos presentaciones; una en la escuela, fundamentalmente para los estudiantes y sus padres, y otra el City Hall. Pero algunos reporteros asistieron al concierto de la escuela, y al día siguiente los periódicos llevaban la gran historia acerca de los "escolares de la voz de oro". ¡Todo era acerca de Martín! Como resultado, el concierto del sábado en la tarde en el City Hall estaba vendido hasta el último asiento. ¡Peter gozó ese concierto más por escuchar a Martín que por cantar! A pesar de su timidez, el lleno estimuló Martín a superarse a si mismo esa tarde. Peter se sentía realmente empequeñecido y poco atrayente, aun cuando él también hizo algunos sobresalientes solos y obtuvo los apropiados aplausos. Marc estaba rozagante de entusiasmo; claramente el entorno y la ejecución de Martín lo estimulaban, y Bertrand dio lo mejor de si para estar a la altura de ellos. Los niños siguieron a la orquesta de cámara, y ésta ejecutó correctamente. Fue, dicho en pocas palabras, ¡de clase mundial! Al día siguiente, los periódicos usaban palabras tales como "nunca antes", "ejecución celestial", "voces angelicales", y cosas parecidas. Aún cuando se mencionó a los otros cantantes y a los músicos, Martín fue el que consiguió la mayor parte de las alabanzas. Tanto fue así, que el papá de Peter hizo un chiste: "¿no estarás ahora pensando en un cambio de carrera?” De ningún modo, pensó Peter. Aún cuando si su canto sólo sirviera para estar cerca de otros que cantaran mucho mejor, ¡él siempre sería un cantante! Y fuera como fuera, la voz de Martín tenía sus días contados… La buena noticia se esparció fuera de los límites de la ciudad, y algunos días después el Sr. Holtmann reunió a sus solistas, y sonriendo les dijo que tenían invitaciones. con todos los gastos pagados, incluyendo los pasajes aéreos, para seis diferentes lugares en todo el país. Después de todo, este concierto era muy "portátil", considerando sólo cuatro niños, cinco músicos y el profesor. En las dos semanas cercanas al Año Nuevo, fueron a los seis lugares, recibiendo ovaciones de pié en todas las partes donde fueron. ¡La prensa local preparó a la audiencia para recibirlos como dioses, o por lo menos como sus descendientes directos! Los niños lo encontraron muy entretenido, y también un poco cansador, pero se batieron muy bien con ello. El primero de Enero los encontró a más de mil kilómetros de casa, y allí celebraron el décimo tercer cumpleaños de Bertrand, con una gran torta, cortesía de un anónimo entusiasta. E incluso eso halló su puesto en los periódicos. Pese a todo el esfuerzo para mantener a los niños fuera del asedio de la prensa, en una ciudad, u equipo de la televisión maniobró para acercarse a Martín. Peter y sus amigos se rieron abiertamente cuando tuvieron la posibilidad de ver la entrevista unos pocos días después. Fue algo como esto: Martín, ¿cuándo empezaste a cantar? A las cuatro ¿Cuándo cumpliste cuatro años? No, A las cuatro de la tarde, el cuatro de abril de 1994. La reportera puso cara de estupor. Martín parecía desinteresado. ¿Qué es lo que más te gusta cantar? Música. La reportera tomó una respiración profunda. ¿qué clase de música? seguramente tienes tus preferencias. Por supuesto. Prefiero la música que tiene por lo menos una parte aguda. No puedo cantar muy bien las bajas, y el cantar la música instrumental no es muy bonito. Ahora la reportera prefirió sonreir. Un poco desesperanzada. Entonces cambió de tema. Martín, ¿tienes un hobby? Sí. ¿Y puedes decirnos cuál es? Martín mostró su más inocente sonrisa: Cantar, ¿no se ha dado cuenta? Así siguió por 15 minutos, hasta que la reportera se rindió y la cámara se cerró sobre un sonriente Martín ¡que hacía la señal de la victoria! Peter no pudo evitar pensar que Martín habia sido un poco que Martín había sido un poco inmaduro en esta entrevista, pero por otra parte ¡había sido excelente! Cuando le preguntó a Martín por qué había hecho eso, rápidamente dio una explicación. Aún molesto, Martín les dijo cómo ella lo había congratulado, imitándola con una pegajosa voz como la de Mickey Mouse: ¡Hola, ricura! Volviendo a su voz normal, agregó: Y me palmoteó en la cara, como si fuera una guagua. ¡Eso es algo que yo no soporto! *** Durante las vacaciones de invierno, los padres de Peter cumplían su decimoquinto aniversario de casamiento. Habían decidido celebrarlo con una segunda luna de miel, confiando en que Peter no sólo cuidaría de si mismo, sino también de su pequeña hermana, por tres días. Por supuesto, a Peter le gustaba ser el amo de la casa, pero lo que no le gustaba era que se le hubiera dicho que no debía dejar sola su hermana. Y ella no tenía bicicleta aún, por lo cual no tenía otra alternativa que quedarse en casa, invitar a Bertrand, y trabajar en sus modelos de barcos. Para Navidad, Peter había recibido un sistema de control remoto, y los niños estaban intensamente dedicados a la construcción de un precioso gran barco con ruedas de paletas, movido por un motor eléctrico a través de un engranaje del mecano, y controlado por el sistema de control remoto. La señora . Kerrington habría estado orgullosa de Bertrand, si lo hubiera visto haciendo esas pinturas de monstruos marinos en los costados del barco. Entretanto, la pequeña Marta jugaba a ser ama de casa, y horneó un pastel que realmente estaba casi comible. El hecho de que ella olvidara algunos de los ingredientes sólo lo hacía más interesante. Sea como fuere, el tiempo no estaba como para salir al exterior. Estaba ventoso, y en la tarde empezó a nevar tanto que Bertrand se preocupó por la posibilidad de quedarse atrapado por la nieve. Llamó a casa, pidiendo permiso para pasar la noche en la casa de Peter, pero no lo consiguió. En su lugar su padre llegó a buscarlo en su camioneta de doble tracción. Realmente no era una tarde como para andar en bicicleta. En la noche se desató una fuerte tormenta. El ruido era impresionante, las ventanas traqueteaban, el techo se estremecía, y Peter no podía dormir. Cerca de las 11 de la noche, repentinamente se encendió la luz, y se encontró con su hermanita, tiritando en su delgado camisón de dormir. Peter, ¡tengo miedo! Peter salió de la cama, le puso uno de sus pullover y luego ambos recorrieron toda la casa, asegurándose Peter de que todas las ventanas y todas las puertas estuvieran bien cerradas, que no hubiera fantasmas ni bestias salvajes escondidas en la alcoba de Marta, y cosas así. Luego la acostó, volvió a su propia cama y trató de dormir. Pero entonces comenzaron los relámpagos, y pronto los truenos se hicieron más y más cercanos. Estaba tan atemorizante que incluso él mismo encendió su lámpara. Tomó el tiempo entre el relámpago y el trueno: 6 segundos. Eso era cercano. ¡Boooom! Ahora fueron 4 segundos. ¡relámpago! ¡cataplúm! ¡corte de luz! ¡Y eso fue justo aquí! pensó Peter. Se levantó y miró por la ventana. Toda la calle estaba oscura, pero en la siguiente se veía electricidad. ¡Debe haber sido realmente cerca! Pero no podía ver señas de humo, fuego o algo así. Entonces su hermana apareció de nuevo, tanteando en la oscuridad y llorando. "Por favor, no me dejes sola, Peter" sollozaba. Peter la abrazó. Estaba helada. La encaminó hacia su cama, de memoria, puesto que estaba completamente oscuro. La acostó y se metió también, poniendo su brazo en torno de ella, y acercándola para calentarla. Luego sonrió. ¡Hacía precisamente dos meses que había estado en una situación similar, con un pequeño niño de quinto grado totalmente aterrado! ¡También había estado completamente oscuro! Sólo que ahora sabía quién estaba en su cama con él. Después de un rato, Marta se dio vuelta sobre su barriga. Peter comprendió. Deslizó su mano bajo su camisón y suavemente empezó a rascarle la espalda. El sabía que eso le gustaba. Realmente él lo gozaba también, cuando su madre a veces se lo hacía a él. Le daba una indescriptible sensación en la frente. Después del espectáculo de los relámpagos, la tormenta empezó a calmarse. Marta había tenido suficiente del rascado, y se puso de espaldas. Peter se dio vuelta al otro lado, e intentó dormir. Ya casi se había quedado dormido cuando súbitamente retornó la luz, y la lámpara de velador lo hizo saltar con su repentino resplandor. Maldiciéndola, la apagó y volvió a dormir. Su hermana ni se inmutó, estaba profundamente dormida. Peter despertó muy temprano, sintiendo mucho frío. Su hermana había tirado todos los cobertores sobre ella, y no había quedado nada para Peter. Las niñas siempre serán niñas, pensó. lo quieren todo para ellas solas. Marta dormía como una marmota, y no se dio cuenta de nada. Eso le dio una idea. ¡Nunca en su vida había tenido la oportunidad de explorar a una niña! ¡Ahora era su oportunidad! Comenzó de inmediato, deslizando suavemente su mano bajo el camisón de su hermana. Tenía puesto un calzón, pero era muy suelto, de modo que su mano cupo dentro. Suavemente palpó en torno. Varias veces había visto la hendidura por donde hacía pipí, pero era la primera vez que podía palparla. Lo que más lo sorprendió fue lo suave que se sentía en los lados, suavemente sedoso y carnoso, ¡extrañamente similar a la sensación del escroto de un niño de quinto grado! El pensaba que podría sentir algunas durezas dentro del tejido suave. Eso remeció sus ideas preconcebidas de las diferencias entre niños y niñas. Por supuesto que no tenía pene, pero el resto se sentía muy parecido al escroto de un niño pequeño. Se preguntó si ella gozaría su prueba tanto como lo hizo el otro niño. Pero Marta estaba profundamente dormida y no podía decirlo. Y Peter ciertamente lo prefirió de ese modo. Después de todo ella era una niña, y como tal no podía esperar que guardara un secreto, y él no se atrevía a pensar en lo que sus padres le harían si supieran que había estado manoseando a su hermanita. Con sentimientos de culpabilidad, retiró sus manos y se comportó como un caballero por el resto de la noche. *** Cuando recomenzó la escuela, el primer ensayo del coro les deparó una inesperada sorpresa. Martín estaba ausente. El Sr. Holtmann les preguntó a sus compañeros por él, sólo para saber que Martín había decidido dejar el coro. Fue choqueante para todos. ¿El motivo? Su voz se está quebrando, y muy malamente, informó uno de sus compañeros. Eso había sido más rápido de lo que nadie esperaba. Al siguiente día, Peter, Bertrand y Marc ubicaron a Martín en el patio de la escuela. Rápidamente se dieron cuenta que Martín tenia una buena razón para no dejarse ver; ¡el cambio había sido enorme! Su voz era rasposa, chillona, totalmente incontrolada. Realmente tenía problemas para mantener un tono constante cuando hablaba. Ya no quedaban indicios del dorado sonido de soprano que había cautivado las audiencias apenas algunas semanas atrás. Martín lo tomaba con una sabiduría más allá de sus años. ¡Qué se le va a hacer! Tuve mi época en el coro. ¡Y créanme, realmente gocé esos conciertos de Diciembre! Pero ahora ya todo pasó, y no vale la pena llorar por ello. Marc preguntó qué haría ahora. Creo que jugar fútbol. Y en lo referente a la música, preguntó Peter. Martín se rio un poco: ¡escuchar la radio! ¡Mira, no puedo hacer nada más ahora! Todos se rieron, pero realmente Martín nunca había aprendido un instrumento, y ahora no estaba de ánimo para intentarlo. Pero cuando tu voz se haya asentado podrás volver al coro como nuestro tenor estrella, dijo Peter. Pero Martín estaba extrañamente resignado. No me parece así. Segundas partes nunca fueron buenas. Tuve mi tiempo como cantante, y ahora tengo que buscar en otra parte. *** En algún momento en marzo, Peter recibió una llamada telefónica de la Dra. Brown, la siquiatra. Peter, de nuevo necesito tu ayuda. Peter se rió en el teléfono. ¿quién se cortó ahora? preguntó. Después de todo, cada vez que algo tenía que hacer con la doctora Brown se trataba de algún niño recién castrado. ¡No te rías! es serio. Su nombre es Claus, tiene tu edad y tiene cáncer. ¡Ah, mierda! se le escapó a Peter de la boca. ¡Exactamente! dijo la doctora, y necesita alguien que le muestre que hay vida después de la castración. ¿puedes hacerlo? ¿o quizá alguno de tus colegas? Peter pensó un momento. Un niño, con sus bolas cortadas a causa del cáncer, y lo más probable es que ni siquiera se lo hubieran dicho antes. Los doctores generalmente no le dicen tales cosas a sus pacientes, mucho menos si son niños. ¡Qué cagado debería sentirse ese pobre niño! Puedo intentarlo, dijo suavemente. ¡Grandioso! ¿entonces, puedo pasar a recogerte? ¡Vaya! ¡esto va rápido! ¿ahora? preguntó Peter, Sí. No podemos hacer que este niño espere demasiado. Está solo en el hospital, y en una extrema desesperación. Diez minutos después la Dra. Brown de dejó ver en un auto deportivo Jaguar. Peter quedó impresionado. No sólo ella tenía que ganar mucho dinero para tener un auto así, sino también que ella, como mujer, estaba interesada en los autos deportivos. La doctora ascendió varios peldaños en su escala de admiración. Durante el viaje al hospital la doctora le dijo a Peter todo lo que sabía acerca del caso. Claus tenía padre polaco y madre alemana, pero había nacido aquí. Había desarrollado un cáncer testicular bilateral que se había desarrollado muy rápido y había sido castrado quirúrgicamente el dia anterior. Ahora tenía una buena probabilidad de quedar libre del cáncer, puesto que aun no había señales de diseminación, pero al descubrir esa mañana lo que le habían hecho, su reacción había sido tal que el hospital tuvo que llamar de emergencia a la doctora Brown. En el hospital la doctora le preguntó rápidamente acerca de la actual condición de Claus Shkrdnszky. o algo así, que en todo caso era imposible de pronunciar. Se le dijo que estaba estable pero muy deprimido. Diciéndole a la recepcionista que iba a verlo ahora, puso su mano sobre los hombros de Peter, y lo condujo hacia uno de los ascensores. Dra. Brown ¿quién es este niño? exclamó la recepcionista tras ella. Es mi asistente, respondió, y sonrió a Peter mientras la puerta del elevador se cerraba. En el duodécimo piso caminaron hasta una de las últimas puertas. Esta es la pieza, ¡Suerte! le dijo, sentándose en una banca de madera del corredor. ¿Quiere usted que entre solo? preguntó Peter. Ahora él estaba asustado. Pero la doctora sonrió. Por supuesto. Claus no me acepta aún. Creo que a ti te puede aceptar más fácilmente. Háblale, y trata de que se comporte normalmente. Después podré hacer el resto. Peter no tenía otra salida. Resueltamente, abrió la puerta, entró y la cerró. Lo que halló dentro fue un pálido niño rubio con ojos color de océano, yacente en una cama, con los cobertores cubriéndole hasta las orejas, mirando un televisor colgando de la pared que enfrentaba la cama. El niño miró a Peter, pero no reaccionó de ninguna forma. Peter se acercó a la cama. La expresión de Claus cambió a temor y rechazo. Peter le sonrió. Se sentó en la cama. Deslizó sus manos bajo el cobertor, tratando de coger la mano derecha de Claus, pero el niño se la retiró. En eso Peter cogió de todos modos la mano y la oprimió firmemente. Hola. Claus, Yo soy Peter. ¿y eso qué? respondió. Un contralto, pensó Peter, o quizá estaba ronco… ¡Y he venido a arrancarte de esa estúpida cama, ponerte un paracaídas en el traste, lanzarte por la ventana y saltar detrás de ti para llevarte lejos de este hospital, de los doctores, y hacer que tengas una vida! Con eso, consiguió una sonrisa de Claus. Pero la sonrisa fue de corta vida. ¿tienes idea de lo que esos cagones me hicieron? Si lo supieras, arrancarías a perderte. Peter se levantó, apagó la TV, cuyo ruido era realmente molesto. Yo sé que ellos te cortaron las bolas, pero sólo para salvar tu vida. Era la única cosa que ellos podían hacer, de modo que no lo reniegues. También sé que ellos no tuvieron la decencia de decírtelo antes, ¡y por eso yo querría estrangularlos! Claus perdió el control y rompió en llanto. Al mismo tiempo oprimió la mano de Peter. El contacto se había establecido. Ahora Peter avanzó a la fase dos. ¿Sabias tú que los niños castrados no son tan escasos? preguntó. Claus lo miró. Quizá uno en cien mil adquieren ese cáncer a mi edad, reclamó. Algo he leído por ahí. ¿por qué a mi? Sólo tuviste mala suerte, Perico. A veces cae mierda. Pero ahora ya no tendrás más cáncer, de modo que mírale el lado bueno. Te levantarás, y te prometo que habrá una cantidad de cosas que podremos hacer juntos. Como ir a nadar, andar en bicicleta… En este momento se dio cuenta de un súbito cambio en la Expresión de Claus. ¿Has dicho, andar en bicicleta? Lo hacía, pero últimamente me dolía demasiado. Lo siguiente que Claus expresó fue toda su historia. Cómo sus bolas le empezaron a doler algunos meses antes. Cómo trató de mantener su vida. Cómo el andar en bicicleta, su actividad más querida, se había convertido en una tortura. Cómo sus bolas habían empezado a hincharse. Cómo había tratado de ocultarlo, de sus padres, de sus compañeros. Hasta que empezó a tener fiebre, a vomitar del dolor, y finalmente tuvo que ser llevado a los doctores. Y justo tres días después me dijeron que tenía cáncer, lo que yo sospechaba por varias semanas. Y que era perfectamente curable. Y lo siguiente es que me despierto esta mañana sin mis bolas. Me desesperé por eso, y ¿adivinas lo que me hicieron? me mandaron a un loquero. ¿Acaso creen que estoy loco? A pesar del peso de esa situación, Peter tuvo que reirse. Ellos también me mandaron a un loquero, hizo una pausa para ver el efecto, después que yo me corté mis propias bolas- Tú, ¿queeee? Claus saltó en su cama. ¡Ouch! ¡mierda, esto duele! y se tendió de nuevo, pálido, sus manos sobre el cobertor, oprimiendo sus vendada herida. No te muevas ahora, dijo Peter. Sí. yo me quité las bolas. Algo así como mi tocayo, Peter Pan, sonrió, ¡no quiero crecer! o más bien, no quiero que mi voz se rompa. Yo canto en un coro, soprano, alto soprano, y habría sido una tragedia para mí el perder mi voz. No lo creo. dijo Claus. Es la hora de un strip tease, pensó Peter. Se puso de pie, escuchó un momento en la puerta. Silencio. Luego volvió junto a la cama, se bajó los pantalones y luego sus calzoncillos. Separó un poco sus piernas y levantó el pene. Claus quedó atónito, sin habla. Cuando te digo algo, puedes confiar en mi, dijo Peter autoritariamente, en tanto que volvía a vestirse. Charlaron por más de una hora. Peter tuvo que contarle toda su historia, e incluso darle una pequeña demostración de su voz, Le dijo a Claus acerca de los otros castrati, del C-Club, y sobretodo poco a poco hacerle ver que había una vida incluso para alguien que había perdido sus bolas. Pero también se dio cuenta que Claus estaba muy adolorido. Siempre que trataba de moverse, su cara se contraía en un rictus de dolor. Después de un rato, Peter le ofreció: ¿debo llamar a alguien para que te dé un analgésico o alguna cosa? ¡Ay! no. Olvídalo. Lo último que yo quisiera es que esa vieja enfermera gorda se meta de nuevo en mis cosas. Claus aún sonrió un poco. Sé que es una tontera, pero no quiero que las mujeres me manipulen eso de ahí. Peter sabía lo que tenía que hacer. Espera un poco. Yo lo fijaré. Y salió. La doctora Brown aún estaba sentada en el banco leyendo un pequeño libro. ¿Cómo te fue, Peter? ¿te habló? Peter sonrió contento. Por supuesto que lo hizo; está hablando como un libro, y podría decir que está muy normal. Le hablé de mis amigos, y ya hemos hecho arreglos para ir a nadar, a andar en bicicleta, y todas esas cosas. Pero por el momento, está muy adolorido por su herida, y necesita alguien que le ayude. ¿Cree usted que puede conseguir un médico o enfermero varón que haga eso? La doctora Brown sonrió. Ela lo entendía muy bien. Trataré, dijo. pero sigue conversando con él, levántale el ánimo todo lo que puedas, que lo necesita. Peter volvió a entrar, y mantuvo a Claus ocupado. Le preguntó acerca de su vida, sus hobbies, de todo. Hasta que alguien llamó a la puerta. Abrió, y entró una enfermera, una mujer. Rápidamente cerró la puerta tras él, quedando ambos afuera. Perdóneme, pero ¿no sería posible tener un enfermero varón para esto? preguntó delicadamente. De ningún modo, jovencito, este es mi piso y yo estoy a cargo aquí. Ella trató de hacerlo a un lado, pero la doctora Brown vino a su rescate. Creo que el niño está en lo correcto. Peter ¿puedes tú hacer de enfermero para Claus? Yo sé que tú sabes una o dos cosas de medicina. Ella le guiñó un ojo, y Peter se puso un poco rojo. ¡Esta doctora sabía todo acerca de él, estaba seguro! El nunca le había dicho a ella el grado hasta el cual había estado involucrado en el caso de Bertrand, pero obviamente ella sabía exactamente lo que había sucedido. Creo que puedo, dijo. y a la enfermera, de modo que… ¿qué tengo que hacer? La enfermera miró a Peter, a la doctora Brown, y no pareció estar muy convencida. Realmente, Mari, puede usted confiar en él. Si alguien reclama, yo asumo la responsabilidad. ¡bravo! ¡la doctora Brown acababa de subir otro peldaño en la escala de admiración de Peter! La enfermera no tuvo objeción, y explicó a Peter lo que tenía que hacer. ¡No hay problema! como dijo Alf. Sonrió, y tomó la bandeja con loa implementos médicos de la enfermera. Ella le abrió la puerta, y él le sonrió a Claus. Aquí está tu nuevo enfermero. Claus puso grandes ojos pero también sonrió. Eso es mucho mejor , dijo Peter ayudó primero a Claus a sentarse, muy lentamente, diciéndole que usara sólo sus brazos si le era posible. Luego le dio el analagésico con un vaso de agua. Luego que el niño se hubo tomado la píldora, y bebido todo el vaso, Peter le ayudó a acostarse de nuevo. Y ahora viene la parte más complicada. dijo, y echó los cobertores hacia abajo. Claus trató de sujetarlos, pero de todas maneras, Peter lo destapó. ¿Qué estás haciendo? Preguntó Claus, evidentemente preocupado. Te aplicaré un poco de anestésico local en el lugar que duele, explicó. Es mucho más rápido que una píldora. ¿Y tú vas a hacer eso? Peter sonrió. Puedo llamar a la enfermera si quieres, ella está esperando afuera. Claus sacudió la cabeza violentamente. ¡De ninguna manera! ¡prefiero que lo hagas tú! Resignado a su destino, cerró los ojos, como para esconderse de Peter, Evidentemente estaba avergonzado. Peter levantó el camisón hospitalario de Claus. Luego miró dos veces. ¡Eso no era lo que él esperaba! La ingle de Claus estaba libre de vendajes o heridas. ¡Pero había dos vendajes de herida de tamaño mediano en los lados de su bajo vientre! También Peter notó que Claus tenía un pene bastante grande y grueso, con nada de la pequeña cobertura que el prepucio forma en los niños jóvenes. Más bien su prepucio sólo cubría el glande. ¡Y su escroto vacío era grande, impresionantemente grande! ¡Peter nunca había visto un escroto de ese tamaño! ¡Había suficiente piel como para hacer un par de zapatos, o incluso más! Colgaba todo por entre sus piernas, suelto y arrugado. Diantres, lo carnearon desde adentro, declaró. Claus abrió sus ojos. Ellos lo hacen siempre de ese modo cuando hay cáncer. Se supone que es más seguro. Consiguen más de la cosa, pueden cortar más lejos de los tumores, de modo que hay menos riesgo de extender las células malas. El doctor me dijo todo eso esta mañana, después que me di cuenta de lo que me habían hecho. ¿Y dónde duele más? preguntó Peter. En torno a las heridas, He tenido algo de dolor adentro en mis tripas, pero lo de las heridas es lo peor. Me arden constantemente, Peter se puso a trabajar. cuidadosamente retiró las vendas de las heridas. Luego admiró el minucioso trabajo del cirujano. ¡Este tipo debería haber sido bordador! Las hileras de puntadas eran precisas y regularmente espaciadas. Los lados de los cortes habían sido juntados exactamente en sus posiciones originales. Y los dos cortes eran perfectamente simétricas en ambos lados. Peter se puso sus guantes de látex, y mojó una mota de algodón en la solución anestésica que la enfermera le había dado. Muy cuidadosamente untó sobre las heridas y luego en torno a ellas, mojando la enrojecida piel que las rodeaba. ¡Se siente fresco! ¡Esa es la idea! repuso Peter. Se te dormirá un poco. Pero el principal ingrediente activo de ese jugo hizo efecto unos pocos minutos después, mientras Peter aún estaba untando el área afectada, y Claus se relajó notablemente diciendo que el dolor se había ido. Finalmente Peter aplicó nuevos vendajes a las heridas. No estaban tan profesionales como las hechas antes por la enfermera, pero funcionaron. Peter ya no podía controlar su curiosidad. No lo tomes a mal, Claus, pero dime una cosa. ¿qué tan grande eran tus bolas, con tumor y todo? La cara de Claus se oscureció un poco. Algo así como esto, dijo encorvando el dedo índice y el pulgar en un círculo del tamaño de una modesta manzana. La izquierda. La otra era un poco más chica, pero se le acercaba rápidamente. Trató de sonreir. Peter se preguntó cómo los médicos podrían haberla sacado por esos agujeros en la barriga. Todo es posible, supuso. *** Pasó el invierno y llegó la primavera. Peter y Bertrand reanudaron sus acostumbrados recorridos en bicicleta. Trataron de llevar consigo a los otros niños. Marc a menudo iba con ellos, y Robert se les juntaba algunas veces, pero se sentía un poco disparejo con sus amigos, los cuales, aún cuando tenían casi su misma edad, se veían mucho menores. Peter en realidad quería sacar a Claus al campo, pero estaba sometido a un casi brutal tratamiento de quimioterapia. Finalmente lo completó, después de muchos vómitos y pérdida de casi todo su cabello, y fue proclamado libre de cáncer. Peter a menudo pasaba un tiempo con él, en la casa de Claus, y se hizo amigo de toda la familia. Sólo cuando la primavera estuvo muy avanzada, Claus estuvo de nuevo en condiciones adecuadas para dar un corto paseo en bicicleta. pero se libró de ser bautizado en la forma tradicional de C-Club, en parte por respeto a su condición aún débil, y en parte porque aún hacía un poco de frío. Pero entonces Claus fue obligado a tomar clases privadas para recuperar lo que había perdido de la escuela durante su enfermedad y se mantuvo apartado de la pandilla por la mayor parte del tiempo. *** Era uno de esos sábados por la tarde cuando no había nadie disponible, y Peter estaba solo con su mejor amigo. Bertrand nunca lo dejaba… Decidieron ir a andar en bicicleta a los cerros. Peter se sentía como si necesitara ejercicio. Pedalearon rápido, y cuando iban subiendo el cerro, estaban empapados en transpiración, pese a que había un tiempo algo frío. A mitad de camino en la subida, se detuvieron por muy necesario descanso, y se tendieron de espaldas en el pasto. Una fresca brisa llegó desde el valle. Peter tenía sus ojos cerrados, gozando del sol en su cara y del aroma del pasto y las flores silvestres. Repentinamente algo bloqueó el sol ante su cara. Peter abrió los ojos, en tanto que Bertrand se puso a gritar ¡Peter, mira! Un gran y brillante parapente amarillo y azul estaba colgando en el cielo. No estaría a más de unos cien metros sobre el terreno. Planeaba hacia adelante y atrás a lo largo de la pendiente, a veces quedándose casi quieto, y luego tomando de nuevo una considerable velocidad. ¿Cómo te sentirías colgando de una cosa así? preguntó Bertrand. Peter pensó un rato. Creo que me gustaría, finalmente dijo con convicción. Me imagino la vista que debe gozar ese tipo. Cogieron sus bicicletas y pedalearon cuesta arriba por el camino. Quizá pudieran llegar a tiempo y ver algo de cerca. Seguramente había despegado desde el tope del cerro. Se olvidaron del cansancio y pedalearon sólo como niños que presienten una aventura. No tuvieron que ir muy lejos. Un poco bajo la cumbre, el camino hacía una vuelta, y allí los parapentistas habían hallado un buen lugar para sus despegues. Una camioneta estaba estacionada justo fuera del camino, y alguien estaba abriendo una especie de mochila grande. Peter se acercó viendo que adentro había algo que parecía un saco de dormir, y una gran masa de broches y abrazaderas. El asiento, pensó. El que hacía eso los vió acercarse. Los miró amistosamente, pero Peter de pronto se sintió un poco acomplejado de hablarse. ¡Un piloto! ¡alguien que vuela! ¡eso era la máxima clase de ser humano que pudiera él imaginar! ¡sólo los astronautas estaba por sobre él! Pero pronto se dieron cuenta que ese superman estaba fácilmente accesible. Dio la partida con un amistoso ¡hola, muchachos! ¿creo que han venido a ver a un loco amarrarse a una sábana y saltar desde el cerro? Esto los hizo reir rápidamente. Bueno, algo así. Peter sonrió. ¿Cómo se siente volar? Se ve tan libre, tan liviano… agregó soñadoramente. El otro sonrió. Se siente fantástico. Libre, liviano, silencioso, relajado, y más cómodo de lo que se pueda pensar. Después de todo, se le llama "vuelo libre" por una buena razón. Regresó a si mochila, sacando el asiento, y el bulto como saco de dormir, que evidentemente contenía el ala. De pronto se detuvo y miró a los niños. ¿Quiere alguno de ustedes volar conmigo? Por un breve segundo Peter pensó que le había entendido mal, pero luego saltó por la oportunidad. ¡Oh, sí, por supuesto que me gustaría! Casi al mismo tiempo Bertrand había gritado ¡Yo sí! Lo siento, muchachos, sólo puedo llevar a un pasajero. Y a Peter, tú fuiste más rápido, pero no por mucho. Viendo la cara larga de Bertrand, agregó. Quizá alcance a volver a tiempo para aterrizar en la cumbre, de modo que pueda llevarte también a ti. La cara de Bertrand se iluminó un poco. Sólo un poco. El corazón de Peter se aceleró, y rápidamente sus tripas empezaron a revolverse. ¡Oh, no de nuevo, pensó! ¡esto no es un concierto, sino sólo una pequeña aventura! Sus tripas no entendían, y se preguntó si tendría que correr hacia los arbustos en caso de no poder controlarlas. Entonces vio al otro empaquetando las cosas en la mochila, Su corazón se le fue al suelo. ¿Era un chiste? El otro se dio cuenta de la expresión de desilusión y sonrió. Este es de un solo puesto. Es demasiado pequeño para los dos. Usaremos el tandem. Asi diciendo se echó a la espalda el otro saco, lo puso en la parte trasera de la camioneta, y levantó otro ligeramente más grande. Peter ni lo había notado. Ven ayúdame con esta cosa; es algo pesado. Peter así lo hizo, y llevaron el saco al lugar del despegue. Bertrand también se acercó. Por de pronto, ¿cómo se llaman ustedes, niños? Pueden llamarme Rick. Dicen que es una abreviación por Richthofen, pero eso es una tontería. Los niños se rieron y se presentaron. Poco después se desplegó el ala, con la guata al viento, con el terrible enredo de cuerdas en ella. Esta tiene noventa y seis líneas, explicó Ricky. Pero algunas tienen más. Peter miró a Ricky deshacer el enredo con sorprendentemente pocos tirones. Justo un minuto después, las noventa y seis cuerdas estaban ordenadamente extendidas lado a lado, yendo desde muchos puntos de unión en el ala, hasta dos atados de anchas correas de tela que terminaban en vueltas. Peter se dio cuenta de inmediato que de ahí era de donde colgaba el asiento. ¡El ala era realmente grande! ¡Se veía mucho más pequeña en el aire! Rick recogió el asiento. Esto se llama "arnés", no asiento, por si estás pensando en esa palabra. Peter se tragó un ¿es que éste lee las mentes? Perdón, murmuró. Rick se rió a carcajadas. ¡Ya lo sabía! ¡Todo el mundo cree que esto es el asiento! No es nada ofensivo, de ningún modo. Nosotros a veces también decimos "asiento" Rick sonrió y atrajo el asiento, perdón, el arnés, sobre su trasero. Se agachó y pasó dos gruesas correas entre sus piernas, asegurándolas. Luego puso una tercera correa sobre el cuerpo y también la aseguró. Se veía divertido con toda esa maraña envolviéndolo. Ahora te toca a ti, Peter. Ponte el arnés de adelante. Las piernas de Peter se volvieron de lana, y su corazón corría más que nunca. Pero con Bertrand mirando, no podía echarse para atrás. Se puso en posición, tomó la correa superior y la abrazó en torno a su tronco. El "click" del cierre sonó fuerte. Primer error, dijo Rick. Primero debes colocar las correas de las piernas. Ambas para la seguridad, y puesto que no puedes alcanzarlas con la correa del pecho puesta. Tenía razón. Peter no pudo agacharse. Encontró el botón de soltar en el cierre, lo apretó, tiró, pero no pudo conseguir que el cierre se abriera, Debes apretar ambos botones. Es un sistema de seguridad. Peter advirtió el segundo botón bajo el cierre. Los apretó ambos al mismo tiempo y ahora la correa se deslizó fuera del cierre por si sola. Peter se agachó y buscó las correas de las piernas por entre las suyas. Encontró una, la llevó hacia delante, la tiró por sobre su pierna y la aseguró en el gancho. Ten cuidado de no aplastarte tus bolas, ¿te puedo decir que duele mucho? le comentó Rick. Peter no pudo evitar la risa. No hay por qué preocuparse. No hay peligro. dijo despreocupadamente. Un instante después se arrepentía de ello y Bertrand mostraba también una cara aproblemada. Pero Rick pareció no darse cuenta del significado de eso. Si ajustas correctamente las correas, no habrá problema, pero ten cuidado de no llevarlas muy arriba en las piernas. Te dolerá si lo haces. Enfatizó el "dolerá". Ahora, Peter no respondió. Cogió la segunda correa, la pasó en torno a su otra pierna, y luego recolocó la tercera correa en torno al tronco. ¿Así está? preguntó No todavía, dijo Rick. Se echó hacia delante, y ajustó el largo de las correas de Peter. Las hizo un poco más cortas. ¡Oye! ¡Eres muy flaco! Esas cosas son casi demasiado largas para ti. Las puso de modo que estuvieran al justo, pero no tanto como para apretar las piernas. La del frente la dejó algo suelta. ¿es suficiente? Preguntó Peter un poco preocupado. No le gustaba la idea de caerse del cielo. Si, está muy bien. Se pondrá tirante en cuanto hayamos despegado. Era preocupante el estar sujetos por correas. Siendo mucho más liviano que Rick, Peter fue tironeado al moverse Rick. Rick le pidió a Bertrand que le pasara las vueltas de las guías del ala. Peter hizo una contorsión en el arnés de modo de ver a Rick cerrando las abrazaderas. Luego el piloto le dio las instrucciones para el despegue. Lo único que tienes que hacer cuando te diga, es correr como loco. ¡No te detengas hasta que te diga! Peter podía sentir su corazón latir con fuerza. No consiguió que sus tripas se juntaran ni siquiera para dar una corta respuesta. ¡Ahora, aquí viene! dijo Rick y Peter sintió el viento en su cara levantándolo. Rick dio un tirón a las líneas del ala, y repentinamente Peter se sintió fuertemente tirado hacia atrás. Instintivamente se echó hacia adelante, sintió que Rick hacía lo mismo, y un momento después el ala estaba instalada por encima de ellos, volando en la brisa. ¡Ahora, vamos corriendo! dijo Rick, y Peter empezó, sintiendo que Rick también corría tras él. ¡Pero correr no era realmente la expresión correcta! Tiraban todo lo que podían, pero sólo avanzaba al comienzo muy lentamente. Estaban acercándose al borde del precipicio, y Peter dudó. "Corre, corre, corre" gritaba Rick. ¡Así que Peter corrió sobre el borde y derecho hacia el precipicio! El ala los tiraba hacia arriba y hacia atrás con tanta fuerza que no había modo de caerse. Rick pisó sobre el pie izquierdo de Peter, casi se cayó, pero de algún modo el ala los levantó del percance. Dos pasos más hacia abajo y Peter se encontró de repente corriendo en el aire. Estaba colgando de las correas de las piernas, y el precipicio bajo él se veía lejos hacia atrás. Ahora puedes dejar de correr, dijo Rick desde detrás. Por supuesto, pensó Peter y sonrió. Entonces se sintió un fuerte tirón y balanceo, y agarró todo lo que pudo las correas de sus lados. No te preocupes, ya estoy en el asiento. dijo Rick detrás de él. Puedes hacer lo mismo ahora. y le mostró a Peter cómo levantar su trasero hasta el asiento. Peter cuidadosamente levantó su pequeño cuerpo hasta el lugar. ¡hola! ¡qué lindo! Todas las correas estaban ahora sueltas, y estaba sentado en un nido que era más cómodo que un sofá. Soltó las correas, al no sentir la necesidad de sujetarse a nada ahora. Miró el paisaje debajo de él. Los árboles eran pequeños, y la pequeña marca de abajo era la camioneta. Apenas pudo ver a Bertrand. Se dio cuenta que habían ascendido un poco, y se habían alejado algo del lugar de despegue. Miró entonces hacia arriba, al ala. Permanecía allí en el cielo por sobre ellos, poderosa y estable, viéndose tan sólida como cualquiera, con sus brillantes colores destellando al sol. ¡Fabulooooooso! dijo convencido. Volaron a lo largo del risco, dieron la vuelta, volaron de regreso, dieron de nuevo la vuelta, y paulatinamente ganaron altitud hasta que estuvieron un poco por sobre la cumbre del cerro. Rick comenzó a explicarle cómo vuela el parapente, como es que el risco lo hace ascender, y cosas así. Peter se empapaba de todo. Unos pocos súbitos "baches" que le provocaron una extraña sensación en su estómago, le fueron explicados como "térmicas". Se encontraron en el aire con otros que volaban, y algunas veces pasaron muy cerca de ellos, con ambas alas tratando de usar el mismo viento elevador. ¿estás asustado? ¿por lo menos un poco? Preguntó Rick No mucho, respondió Peter. Supongo que sabes lo que haces, y puesto que no te has estrellado, yo tampoco quiero hacerlo. Rick se rió. Luego, un poco puntudo, preguntó, ¡Qué diría tu mamá si supiera que estás volando libremente en el aire, en un parapente, con un extraño como piloto. Peter se rió. Prefiero no decírselo. Pero ella me ha pillado haciendo cosas más extrañas aún. Peter extendió sus brazos, sintiendo el viento, sintiendo el aire que los transportaba. Súbitamente, recordó su gloriosa canción, la que hizo a Aled Jones tan famoso, pese a haberla "robado" de otro soprano que nunca consiguió su merecido crédito por cantarla en una película. No podía evitarlo, ¡tenía que cantarla! Comenzó suavemente, pero decidido: Vamos volando en el aire flotando en el cielo a la luz de la luna. la gente lejos por abajo duerme mientras volamos Salvo la luz de la luna y la gente que duerme, es sólo esto Me siendo muy firme Cabalgo en el azul de la medianoche Encuentro que puedo volar tan alto contigo De nuevo, lo único fuera de lugar era la medianoche Por todo el mundo los pueblos pasan como en sueños los ríos y los montes las selvas y los torrentes. Ahora Peter estaba cantando a toda boca. ¡Los ríos y los montes, las selvas y los torrentes! ¡qué verdad! ¡Podía verlo todo, como juguetes debajo de él! Los niños abren la boca, admirados tomados por sorpresa Nadie allá abajo cree a sus ojos ¡Seguro que eso era para Bertrand! Peter estaba un poco compungido por su compañero, pero ni siquiera consideró el pedirla a Rick el bajar pronto de modo que Bertrand pudiera también volar… Surfeamos en el aire nos bañamos en el helado cielo a la deriva sobre heladas montañas flotando Hace frío aquí. Pero ¡qué importa! ¡es grandioso! Lanzándonos de pronto en un profundo océano Despertando a un poderoso monstruo de su sueño ¡Hey! ¡sería divertido! ¡en verdad es lo único que falta! caminamos en el aire Danzamos en el cielo de la medianoche todos los que nos ven nos felicitan por volar Repitió la última estrofa, más lentamente, dándose todo en ella. Muy pequeño, allá abajo, vio a Bertrand agitando su mano, saludándolo mientras volaba. Aled Jones, descansa en paz. dijo Rick con voz ronca. ¡Vaya, Peter! ¡tienes voz! Peter sonrió. ¿conoces la canción? ¡Por supuesto! ¡Es casi el himno oficial de los parapentistas! Dieron una vuelta, invirtiendo la dirección. El aire estaba suave, frio pero suave. ¿Cantas en un coro o algo así? Peter le contó acerca de su escuela, y orgullosamente agregó que él era no sólo miembro del coro, sino uno de los principales solistas. ¡Entonces, dijo Rick, somos compañeros de escuela! Sólo que yo me gradué hace nueve años. También estaba en el coro, como soprano, pero nunca tuve ningún solo. Era del promedio, supongo… Me retiré cuando mi voz cambió. Esa era la época… Peter pasó su mano derecha por las correas, Rick cambió la manilla derecha del freno a la mano izquierda y se dio un apretón de manos con Peter. Después de un rato de volar en silencio, escuchando sólo el viento pasar veloz entre las líneas, Rick preguntó. ¿qué edad tienes, Peter? ¿trece? Sí, pero cerca de los catorce. Sólo faltan cuatro meses. Tienes suerte que tu voz haya durado tanto tiempo. Suena como si aún te quedara tiempo como soprano. La mía cambió cuando yo aún no tenía trece. Peter se preguntó si le diría a Rick su secreto. Después de todo, ya le había dado bastantes pistas. No creo que mi voz cambie pronto. Rick repuso: No cuentes con eso. Un día estás cantando y de pronto una nota ya no la consigues. Pronto después no puedes cantar nada. Es muy deprimente. Luego agregó en tono reconfortante. Pero estoy seguro que tendrás una gran voz de tenor. ¡Sigue cantando, Peter! Sé que yo debería haberlo hecho, pero me retiré y ahora a veces me arrepiento. Peter no contestó. Realmente no estaba listo para contarle su secreto a Rick. Pero pronto quizá lo estaría. De algún modo tenía gran confianza en él. Peter se sentía muy cómodo ahora. Este era el lugar en que uno podía olvidar todas las preocupaciones terrenas. Gozó inmensamente la sensación de estar sentado en un confortable nido que colgaba del aire, cruzando por sobre los montes. A veces el viento disminuía y perdían altitud, pero luego los recogía con una venganza, ¡y de nuevo para arriba! En algunos casos ellos pasaban un poco debajo del sitio de partida, pero nunca por mucho tiempo. Las condiciones están excelentes, dijo Rick. Este tiempo del año es ideal para volar. Repentinamente Rick dio la vuelta al parapente de modo que encaraban el cerro. Miraban derecho al camino que subía. Había una camioneta roja trepando el camino. En la parte trasera llevaba dos bultos oscuros. El ala iba derecho hacia el cerro a gran velocidad impulsado por el viento, y Peter se preocupó, pero Rick lo tenía todo controlado. Viró elegantemente, y dejó el cerro a la espalda mientras decía, parece que tu amigo tiene suerte hoy dia. ¿por qué? Preguntó Peter aún cuando lo sospechaba. Esa camioneta es de Edward. Lo llamamos Eddie, por Eddie Riesemberger, si es que eso te dice algo. Es un parapentista, y también tiene un támdem. Y hay dos alas en esa camioneta. Una es simple, y la otra es doble. Y no hay otro pasajero a la vista más que tu amigo. Miraron a medida que la camioneta llegaba al sitio de partida. Salio una pequeña figura. El punto aún más pequeño que era Bertrand se aproximó. Un poco más tarde los dos descargaron uno de los planeadores de la camioneta. Luego Peter perdió de vista al lugar pues quedó a sus espaldas. Estoy cansado, dijo de pronto Rick. Te toca ahora ser el piloto. Peter se preocupó. Pero nunca he hecho esto antes. Rick se rió. Siempre hay una primera vez para todo. Levanta las manos. Así, correcto. Agarra esas manillas. Siiii, bien. Cogio los puños de Peter que estaban firmemente cerradas sobre las manillas, y suavemente le mostró al niño cómo llevar el planeador en una vuelta, muy suavemente, cómo mantenerlo recto. Luego soltó las manos de Peter y le dijo Ahora tienes el control. Haz cada movimiento suavemente, y no habrá problema. Puso sus manos heladas en sus bolsillos. Peter estaba casi electrizado. Cogio rápidamente las manillas y condujo el gran pájaro lo largo del risco. ¿Dónde debo virar? Allí sobre la roca saliente es un buen lugar. Tiene buen levante. Peter enfiló hacia ese lugar. Debes virar hacia fuera, alejándote de los cerros, por supuesto. Peter no contestó. Se mordió los labios, absorto en el vuelo de su máquina. Cuando estuvieron por sobre la roca, tiró el freno izquierdo. El planeador empezó a entrar en el giro. Puedes tirar bastante más fuerte. La calmada instrucción vino desde detrás de él. Peter tiró. El planeador se ladeó más y el giro se hizo un poco más cerrado. Correcto, ahora volvamos al risco, o perderemos demasiada altitud. Peter así lo hizo. El sitio de partida estaba ahora a la vista, trató de volar directamente sobre él. ¿Podría Bertrand ver que él estaba pilotando esta ala? Difícil. Bertrand estaba entrampado con Eddie, una gran ala blanca y roja detrás de ellos. No te acerque demasiado al sitio de despegue ahora, instruyó Rick. Deja espacio para la partida y enfila hacia el risco. ¡Un poco más tarde, Bertrand y Eddie estaban también en el aire! Suavemente ellos ascendieron y pronto estuvieron cerca de la altitud en que volaban los otros planeadores. Rick le explicó a Peter acerca de las reglas aéreas, quien tenía que ceder el paso a quien, y Peter puso gran cuidado en volar correctamente. Cuando cruzaron cerca del aparato de Bertrand, los vio saludando. Peter no pudo saludar, porque tenía las manos ocupadas en las manillas del freno. ¿Podría Bertrand verlo? Peter estaba muy orgulloso de su arrojo. Volaron cerca de otra media hora, pero Peter notó que a cada pasada frente al risco terminaban un poco más abajo. Después de un rato. Después de un rato, Rick tomó de nuevo los mandos. Basta por hoy. Las condiciones se están echando a perder. Eso sucede cuando el sol está en declinación como ahora. Pero aún tenemos bastante para aterrizar en la cumbre. ¿Qué es eso? preguntó Peter. El aterrizaje en el lugar de partida. De modo que no tenemos que esperar que alguien nos recoja abajo en el valle o caminar de regreso hasta la camioneta. Nosotros, los voladores libres somos perezosos. ¿Sabías? Peter se rió. Realmente se sentía perezoso sentado allí mirando el mundo que flotaba. ¿Qué debemos hacer para aterrizar? No mucho. Sólo pararnos en los arneses cuando te avise, y tratar de no tropezar cuando aterricemos. Ahora volaban bajo a lo largo del camino, ¡Ahora, sal del asiento! Peter cuidadosamente se enderezó. Era una extraña sensación el hundirse fuera del asiento, hasta que las correas de las piernas se pusieron tirantes y lo sostuvieron. Ahora estaban justo en su ingle. Podía imaginar lo que habría sucedido si tuviera sus bolas y si estuvieran en el lugar equivocado… Ahora iban veloces sobre el camino, acercándose al lugar en que estaban estacionadas las camionetas. Peter se puso tenso. Eso era rápido. Un choque a esa velocidad realmente dolería. Cuando estuvieron casi junto a las camionetas, Rick llevó el ala hacia una abrupta pendiente. Repentinamente Peter vio todo el mundo inclinado, girando en torno a él, balanceándose hacia atrás hasta la horizontal, y antes de darse cuenta de qué pasaba, estaba parado en la tierra, con el ala cayendo lentamente del cielo, y Rick detrás de él preguntándole, ¿te lastimaste? Iba un poco rápido cuando no quedaba viento. Un poco nervioso, Peter se soltó las correas, apretando ambos botones de cada una. Se soltó del arnés, y Rick hizo otro tanto. Sentía una indescriptiblemente excitado. ¡Su primer vuelo! y él mismo había gobernado el vuelo por un buen rato. ¡Y había sido fácil! Pero luego ayudó rápidamente a Rick a reempaquetar el ala, porque Bertrand y Eddie ya venían llegando velozmente. El piloto solitario era el único que estaba algo más alto en el cielo, y tendría que aterrizar pronto. Bertrand llegó en picada, y parecía un poco sorprendido cuando de repente se encontró sobre sus pies. ¿Cómo estuvo? ¡Fabulooooooso! ¡super fabuloso! En el intertanto, Eddie se acercó a Rick. ¡Hola Richthofen! ¿ningún muerto aún? No, señor Riesenberger, sólo una golondrina novata. Quería volar como un verdadero pájaro. Eddie se rió. El mio parecía un ruiseñor. ¡No pude conseguir que se elevara! ¡Seguía cantando! Rick miró a Bertrand y luego a Peter, y contestó. Pues mi golondrina hizo el ocaso de Aled Jones. ¡Son grandes pescados del coro del Viejo Holtmann! Los niños echaron una ojeada. Rick explicó. Eddie también fue un gran cañón. Escucha mi plegaria, media docena juntos, Ave Maria y Pie Jesus, y toda esa cosa. Y Bastian y Bastiana. ¿Correcto, Eddie? ¿me olvido de algo? Sí, Richthofen, tres casos de Amahl, y dos de Zephiro, en Apolo y Jacinto. En ese tiempo Holtmann estaba realmente tras la opera Peter y Bertrand vinieron muchas veces al cerro en los meses siguientes. Se hicieron realmente buenos amigos de Eddie y Rick, y consiguieron muchos más vuelos. Pero los pilotos nunca supieron por qué esos niños no tenían problemas con las correas de las piernas. *** Una tarde, Peter y Bertrand pedalearon de nuevo al lago. Se había puesto lo bastante caluroso como para reiniciar oficialmente su verano e ir a nadar. Habían tratado de hacer un gran evento de esto, invitando a todos sus amigos. Peter imaginó la llegada de un lote de seis o siete niños, pero Marc y sus compañeros tenían clases esa tarde, Robert tenía ensayo de coro, de la sección de varones, Claus tenía también clases en su escuela, y así finalmente sólo Peter y Bertrand pudieron ir. Los niños generalmente tenían agendas muy apretadas. Hicieron su secuencia usual: llegaron acalorados por su viaje en bicicleta, se desvistieron, saltaron desde la rama del árbol al lago, (¡ufff! ¡qué fría está!) Tuvieron su combate acuático, luego nadaron alejándose. Cuando estuvieron de regreso en la playa, tiritando y sin aliento, se acostaron boca abajo y se empaparon de los aún débiles rayos del sol. Sólo porque estaban tan blanqueados después de un largo invierno es que sus cuerpos reflejaban la mayor parte del calor. Los dos se habían puesto a leer. Cualquier cosa y de todo. Devoraban los libros y las revistas. Tanto así que llevaban algo de material de lectura en sus viajes. Cuando Peter estuvo seco, cogió su ejemplar de "Harry Potter y el Cuchillo de Klingsor" que había descubierto sólo el día anterior en la sección de libros nuevos de la biblioteca de la escuela. Ciertamente el bibliotecario no había leído aún el libro, o seguramente no lo habría dejado al alcance de los niños. Siendo Harry Potter, sólo lo dejó pasar y Peter se deleitó enormemente leyéndolo. Estaba tendido de espaldas, el sol tras él, su cabeza sobre un montículo con pasto que era una buena almohada. Luego Bertrand se acercó. Buscó otra almohada, y halló sólo una adecuada, de modo que se tendió al lado derecho de Peter y apoyó su cabeza en su estómago. Luego se sumergió en el último ejemplar de "Niklas y sus amigos". Peter realmente gozaba con el libro. No pudo evitar el comparar entre el Nimbus 2000 de Harry Potter, y el parapente en que había volado ya más de diez veces. ¿Qué habría hecho Harry con un parapente? Probablemente, embrujarlo y transformarlo en un palo de escoba. Después de todo, cada uno se siente más cómodo con lo que conoce. Peter gozaba con la idea de Rick manejando una escoba con él. En todo caso sería más rápido que el parapente. Pero el arnés del parapente era mucho más cómodo que una escoba, incluso para un castrato. Bertrand también se divertía. Cada vez que se reía con las aventuras de Niklas, Peter recibía un ligero masaje en su hígado, cortesía de la cabeza de Bertrand. En algún momento, dejó su libro y miró por el borde la revista de Bertrand. En esa página había una de esas divertidas escenas que tanto gustaban a Niklas. Peter estuvo tentado de hacer un ataque de cosquillas a su amigo. Sabía que si empezaba de repente, Bertrand se descontrolaría tanto que no podría responderle, de modo que Peter podría llevarlo hasta el límite de hacerle perder el control de su vejiga. Eso siempre era divertido, por supuesto más para Peter que para Bertrand. Pero en ese momento, habiendo llegado al final, su amigo bajó la revista. Tenía una expresión meditativa en su cara. Peter, ¿dirías tú que … esteee… piensas que somos gay? Eso picó a Peter. El siempre había desechado la idea, considerándola irrelevante para ellos. Pero ahora, se sintió forzado a hallar una respuesta. Para ganar tiempo, dijo ¡Parece que estás leyendo demasiado Niklas! Podría ser. dijo Bertrand. Pero sólo piensa. Andamos siempre juntos, no nos gustan las niñas, tenemos combates de cosquillas, y gozamos bañándonos juntos desnudos. Eso le dio a Peter la clave. Agregó en el mismo tono, con cara muy seria. ¡Y nos metemos el pirulo en los culos de nosotros, nos chupamos y langüeteamos por todos lados, y nos besamos en la boca metiendo las lenguas en el otro! ¡claro! Bertrand se había incorporado de repente. ¡Eeeh! ¡No! ¡Nunca! Peter se rió aliviado. ¿Lo ves? Lo que hacemos e lo que hacen los amigos. Diría que las parejas gay hacen mucho más. Ellos no dicen ¡eeeh! cuando van a culiar, sino que dicen ¡ahhh! Bertrand se puso a reir y Peter lo siguió- ¡Pero el asunto con las niñas? Realmente no me siento tratando de conseguir que una niña sea mi amiga. Ellas son tan… tan… ¿Tan qué? preguntó amablemente Peter. Tan… ¡afeminadas! Peter rompió en carcajadas, y Bertrand, sin saber qué decir, se le unió. Ahora Peter tenía ventaja y partió haciendo cosquillas a Bertrand, locamente, hasta que su amigo estuvo a punto de reventar. Después de recuperar el aliento, Bertrand hizo su último intento. ¿Qué piensas de las niñas? ¿sinceramente? De nuevo Peter se puso pensativo. Bueno, no es mucho lo que sé. Después de todo estamos en una escuela de niños, y pensándolo, no hay niñas de mi edad en mi calle. Igual que yo, agregó Bertrand. Pero tienes una hermana. ¿qué pasa con ella? ¡Oh! ¡Marta! Peter pensó en el caso. Era difícil llegar a una conclusión firme. ¿Sabes qué? Realmente ella no es mala. Sólo es chica, con todo lo que eso acarrea. Y si lo pienso bien, creo que las niñas pequeñas son realmente igual que los niños chicos. Bertrand ni sospechaba cómo Peter había aprendido eso. *** Al siguiente día los niños tenían ensayo de coro en la tarde, de modo que el ir a nadar quedaba fuera, pese al buen tiempo. Pero al otro día, viernes, Peter maniobró para juntar a toda la pandilla: Johnny, Marc y Claus vinieron con él al lago, y por supuesto Bertrand. Peter había intentado hacer que IIMI se le juntara también, pero este niño estaba de nuevo con una de sus depresiones, y simplemente no quiso ir. Había dificultades con Jimmy. Era una reunión algo ruidosa y alborotadora de niños en bicicleta por el camino del bosque. Para Johnny y Claus esta era la primera vez en el lago. Ambos se quedaron un poco asombrados cuando en cuanto llegaron, los otros se quitaron sus ropas, todos ellos, y desnudos como el dia que nacieron, corrieron por la playa, se subieron al viejo árbol, y desde una rama sobresaliente saltaron al agua- Johnny había sospechado algo, pero Claus aún no sabía que el paseo en bicicleta incluia el baño desnudos. Johnny aún era un niño pequeño, libre de complejos. No lo pensó mucho sino que siguió el ejemplo de los otros. Momentos más tarde el único que quedaba con ropas era Claus que aún no podía convencerse. Johnny corrió hasta el árbol, pero siendo un poco regordete y no muy fuerte, falló en el primer intento y se resbaló por el tronco. Sin abandonar, trepó metódicamente, paso a paso, pero el moverse por las cimbreantes ramas sobrepasaba su habilidad. Se aferró con brazos y piernas lo mejor que pudo, pero falló. Separando sus piernas y gritando como Tarzán saltó al lago. Una vez en él, nadó muy bien, y se juntó con los otros tres. Pero esta vez Peter no nadó derecho adentrándose en el lago. El ver la constitución física de Johnny le dijo que eso no sería seguro para él. Después de media hora de chapotear en el agua, los cuatro cansados niños se salieron, Fueron a encontrar a Claus que estaba sentado en un limpio manchón de pasto. Se había sacado su camisa, la había doblado cuidadosamente y la había colocado en una roca, y se estaba tostando al sol, pero eso parecía que era todo lo que estaba haciendo. Peter le hizo un gesto de invitación, Claus movió su cabeza, ¡Estoy bien aquí! ¡El sol está rico! Pero tus piernas también deben tostarse, ¡ni seas vergonzoso! Peter se rió. Pero Claus sólo se rió y se quedó tendido de espaldas al sol. Peter le hizo un guiño a sus tres compañeros. Hizo señas que eras obvias para ellos. Ellos entendieron. Silenciosamente, se acercaron, rodearon a Claus y súbitamente agarraron sus manos y pies, uno en cada una. Claus se retorció, gritó, intentó un nuevo vocabulario, pero nada le sirvió. Sin piedad fue llevado hasta el lago y lanzado a la frías aguas. Salió tan pronto pudo. ¡Maldita mierda! ¡Se pusieron de acuerdo! Furioso, los miró a la cara. Pero al verlos sonriéndole amistosamente no pudo evitar la mascarada y empezó a reirse. No necesito eso. Me di una ducha en la mañana. ¡Pero no me digas que no te gusta nadar! ¡Eso si que es raro! dijo Peter. Claus miró al suelo. En voz baja dijo,, pero no desnudo. Bertrand cermoniosamente se puso al frente. En el nombre del honorable C Club, propongo que en vista del encantador recato de Claus, se le permita mantener puestos su ropa interior, ¡pero sólo por hoy! Todos se rieron, salvo Bertrand que permanecía callado y serio. ¡La hilaridad general aprueba mi moción! ¡así será! Entonces se sentaron. Todos miraban a Claus, Hizo algunos gestos, pero viendo que no tenía elección se quitó sus zapatillas y sus calcetines, sus chorreantes pantalones, dejando a la vista unos calzoncillos rosados y amarillos estampados con el Ratón Mickey y el Pato Donald. Daisy sonreía desde si glúteo izquierdo, y Pluto desde el derecho. Desconsolado, Claus se quedó así en tanto que los otros s fueron riéndose. Cuando Bertrand retomó el control de si mismo, se puso de pie y palmoteó a Claus en la espalda. ¡Lo siento, compadre, pero no tenía idea de eso. Mejor sácatelos rápido. Pero Claus movió su cabeza. Dijiste que podía quedarme con ellos. Me gustan. Luego murmuró. También se ha dañado el parche. Y quitó un parche de color carne de su pierna. Por lo menos, ahora se metió voluntariamente al agua. Los otros se le juntaron y estuvieron otra media hora nadando y lanzándose agua unos a otros. Peter estuvo un buen rato buceando. Aun cuando el agua estruviera turbia con tanta gente en ella, siempre encontraba algo interesante el buscar cosas bajo el agua, con la distorsión que resultaba del agua en los ojos. Bertrand realmente no compartía este placer, por tener los ojos muy sensibles y cuando trataba de abrir los ojos bajo el agua le dolía y luego le quedaban rojos e inflamados. Pero Peter no tenía ese problema, y ese día sacó ventaja al gozar de la belleza de sus amigos, deslizándose por el agua como peces, avanzando con suave movimiento gracias al casi inexistente peso del cuerpo sumergido. Conocía a Bertrand mejor que a si mismo, pero comprobó a Marc. No quedaban restos visibles de sus bolas, Obviamente el burdizzo había funcionado. Su pene era tan pequeño como el suyo o el de Bertrand. Peter también le echó una mirada rápida a Johnny, pero eso no tenía interés. Johnny era sólo un niño normal, y teniendo un grueso pene, no era muy interesante de mirar. De modo que Peter se detuvo más en los otros. Y por supuesto, más de alguna vez se sumergió en el agua bajo alguno de ellos y lo cogió por el pie. ¡Y los calzoncillos de Claus, le agregaban un bello toque de color! De todos modos no le daban mucha privacidad. Peter pudo ver la forma de su contenido con bastante claridad. El pene de Claus era aún tan grande como lo que vio en el hospital, pero por lo menos el gran escroto parecía haberse encogido un poco. Cuando los niños estaban tendidos al sol, Peter se acercó a Claus. ¿Qué clase de perche es ese de tu pierna? Testosterona, respondió Claus. ¿Testosterona? Eso a Peter le sonó a veneno? Los otros niños también abrieron tamaños ojos, salvo Johnny que no pareció reaccionar. Claus sonrió. Yo sé que ustedes tres querían perder sus bolas. Pero yo no. Por eso recibí esos parches. Se suponen que me hará un hombre grande, peludo y hediondo. Risa general. Pero tu vos e perfectamente de contralto. dijo Peter, Claus se rió fuerte. Peter, ¡no es tan rápido! Se supone que demorará por lo menos un año. Pero ya hay un efecto. No puedo verlo, respondió Peter, te ves igual como en el hospital, sólo que ahora tienes más color. Especialmente en tu ropa interior. agregó Bertrand. Nuevamente hubo una risotada general. Entonces, ¿cuál es el efecto que has notado? insistió Peter. Claus lo miró. No te lo diré Eso era una receta segura para atraer la atención de cualquier niño. Le insistieron, hasta que lo dijo. Echó su mano derecha hacia adelante, dejándola colgar sola, Luego, lentamente, enderezó su dedo índice y lo levantó hasta que estuvo apuntando hacia arriba. Peter suspiró. ¡Oh! fue lo único que pudo decir. ¿duele? preguntó Bertrand, Para nada, le aseguró Claus. ¡En realidad se siente muy rico! ¡A menos que suceda en la clase de deportes! *** Peter sacó la mala idea de decirle al Sr. Holtmann que se había encontrado con un cierto Edward, que decía haber cantado solos cerca de doce años atrás. ¡Oh! ¿Eddie? ¿Cómo está? ¡Era un maravilloso cantante! Tal como… bueno, tú sabes lo que quiero decir. El profesor sonrió. ¿Como Martín antes de su cambio de voz? preguntó Peter. La expresión del Sr. Holtmann se entristeció un poco. Si, podría ser, pero no me refería a él. ¡Entonces, como Bertrand! dijo Peter. El profesor sonrió. No seas más modesto de lo necesario Peter. Pero la idea de devolver esas memorias al doctor fue realmente mala, diria Peter más tarde. Porque al día siguiente, el Sr. Holtmann juntó sus cantantes estrella, y les lanzó el "Apolo y Jacinto". Tenían el resto del año escolar para aprenderlo. Mozart lo escribió cuando tenía once años, y sus compañeros de curso lo representaron. Por lo tanto también ustedes pueden. A los niños les gustaban tales desafíos y se pusieron a trabajar de inmediato. Sólo que había un pequeño problema: ¡la ópera estaba escrita enteramente en latín, y eran cantidades y cantidades de largos textos! En la época de Mozart el latín había sido la lengua de norma en las escuelas y todos los escolares la hablaban. Pero ahora ya no era así. Peter sabía los textos típicos de la música religiosa. Después de todo, todas las misas tenían el mismo texto, sólo unas pocas líneas, y no había mucho más. Pero este era un libro lleno de conversación en latín, lo que sonaba como trabalenguas para ellos. De todos modos los niños se metieron con todo entusiasmo. Bertrand tenía que cantar Jacinto. Marco era no menos que el dios Apolo, Como Zephirus se puso uno de los contraltos del curso de Marc, Michael. Tenía sólo trece, más alto que Peter, delgado como una varilla, y tenía una sonora voz de contralto en todo su esplendor. El Sr., Holtmann sólo esperaba que se mantuviera por suficiente tiempo, y estuvo entrenando también al tercero de los contraltos, sólo por si acaso. Roberto tomó el rol de bajo del padre de Apolo, pero Oebalus, un tenor, fue el problema. ¡Si sólo pudiéramos conseguir que lo haga Martín! ¡tiene la voz precisa! soñaba Holtmann. Pero Martín estaba convencido que su nueva voz era mala, y fue imposible conseguir que se incorporara. de modo que un cierto Derek, del undécimo grado se unió al equipo. Estaba perfecto, pero no brillante. ¡Martín lo habría hecho mejor! Lo único realmente malo estaba guardado para Peter. ¡Tenía que cantar Melia! ¡un papel de niña! ¡qué fastidio! Después de pelear un poco con el profesor, y por supuesto, perder, decidió cumplir con su declaración a Berteand de que él no tenía nada en contra de las niñas, y puso sus mejores esfuerzos para ser una Melia de primer orden. Más tarde, cuando empezó a estudiar y a entender el texto, se le hizo muy divertido. La opera era una ecléctica historia de dioses griegos enamorados de los mortales, mortales enamorados de los dioses, dioses muy humanos tal como humanos divinos. ¡Algunos cambios respecto de la aburrida música religiosa cristiana! *** Un sábado por la tarde Peter recibió una llamada telefónica. Es un cierto Rick, dijo la mamá al pasarle el aparato. Rick fue muy breve. ¿Vendrán ustedes al cerro hoy día? Peter quería precisamente eso, y si no hubiera podido, habría cambiado sus planes. ¡Por supuesto! Excelente. Deben estar ahí a las cuatro. ¡Te tengo una sorpresa! ¿Una sorpresa? ¿Me puedes decir qué es? ¡Nada de eso! ¡Sólo llega! Después de colgar, Peter espió a su madre. Había regresado a la cocina. ¡Excelente! Habría tenido que darle una larga y difícil explicación acerca de quién era Ricky, y de qué era lo que hacía allí. Cuando Peter se encontró con Bertrand después de almuerzo, discutieron la situación. Lo vi con una cámara el otro día. Quizá gaya tomado algunas fotos de nosotros en el aire. Dijo Bertrand. Peter sabía que últimamente su amigo se estaba obsesionando con la fotografía, de modo que no le creyó la teoría. Pero no tenía otra mejor. De modo que cogieron sus bicicletas y se fueron al cerro. Llegaron mucho antes de las cuatro, y no había ninguna camioneta a la vista. De modo que se tendieron en el pasto hasta que oyeron la camioneta de Rick viniendo por el camino. Rick llegó, saludó y le preguntó: Peter, ¿cuánto pesas? Eso tomó a Peter con la guardia baja. Nunca se habría preocupado lo más mínimo por su peso, y realmente no lo necesitaba. Se encogió de hombros. No tengo idea. dijo. Rick lo miró, como un granjero que mira a un ternero en el mercado. Unos 45 kilos, quizá… debe ser lo adecuado. ¡Menos 30 gramos! exclamó Bertrand. Si las miradas mataran, la que Peter le dio a su amigo lo habría fulminado. Rick sólo los miró a ambos, sin entender el chiste. Pesca la bolsa color naranja. ordenó. Peter fue a la camioneta. Había tres parapentes en la camioneta. Tomó la bolsa naranja, notando que era un poco más liviana y pequeña que la otra que contenía el tandem. La llevó al lugar de partida. Abrela, ordenó Rick, Peter así lo hizo. Sacó el arnés, y luego la bolsa del planeador. Extiéndelo. Silenciosamente, Bertrand fue a ayudarle, y extendieron una hermosa y colorida ala. En realidad era mucho más pequeña que el tándem. Fíjate en la placa, dijo risueño. Peter. Peter la vió y la estudió. Se leía: APCO Prima S. Peso del piloto, 45 a 60 kg. Las tripas de Peter se pusieron en modo de alerta. ¡Eso sólo podía significar una cosa! Su voz le falló, su corazón se aceleró, pero tomó una respiración profunda y lo intentó. ¿Solo? preguntó. ¡Exacto! ¡Está más que listo para eso! Peter se infló de orgullo, aunque también tenía muchas preguntas. Sabía que podía volar, sabía que podía comandar también el despegue, en tanto Rick le ayudara a levantar el ala. ¿pero aterrizar? Rick no estaba preocupado- Tendrás una radio. Te diré cuando debes abrirte. ¿Y si la radio no funciona? Funciona, y si la dejas caer, o si la apagas, o si me canso y me voy, podrás aterrizar tú solo. Esta es una escuela de viento, y casi vuela sola. Peter no estaba muy seguro, pero si Rick lo decía… El niño se metió en el arnés. Sabía perfectamente cómo ajustarse las correas. Cuidado con tus bolas, le dijo Rick aparte. Había oido bastante la respuesta de Peter, y sabía que el niño no se preocupaba por tales cosas. Peter lo dejó con su creencia. El lo sabía mejor, pero ¿por qué decírselo a Rick? Cuando tuvo puesto el arnés y listo, Rick sacó un radio transceptor, y lo enganchó en la hebilla del pecho de Peter, No necesitas transmitir, sólo escucha, y mueve las piernas cuando entiendas. Peter asintió. Luego Rick fue a la camioneta y volvió con un casco. Debe ser del tamaño adecuado para ti, le dijo, y lo empujó contra la cabeza de Peter casi rompiéndole el cuello. El casco entró ajustado. Luego ordenó la maraña de líneas y enganchó el planeador al arnés. Las piernas de Peter se pusieron muy temblorosas. Se le mostró cómo agarrar las manillas del freno desde debajo de las líneas, y luego agarró los elevadores frontales. Luego vino el problema mayor. Rick lo hizo volverse de modo que terminada de cara al viento con los brazos cruzados. Desde esa posición tenía que tirar el ala hacia arriba mientras la tenía a la espalda, cuesta abajo. Siempre cuesta las primeras veces, no te preocupes. Rick se rió. Bertrand miraba fascinado. La brisa lo levantó al instante. ¡Tira hacia arriba ahora! Peter tiró de los elevadores frontales. El ala se levantó de tierra, cogió la brisa, rápidamente empezó a llenarse, y tiraba como loca, Tironeó un poco pero Rick lo tomó por el arnés, lo sujetó y Peter pudo concentrarse en tomar derechamente el viento. El lado derecho estaba más bajo, El lado derecho, visto cuando se mira hacia atrás, es el lado izquierdo, la mano izquierda, pero es la que está al lado derecho, porque tiene sus brazos cruzados. Peter tiró un poco más el elevador de su mano izquierda, y el ala se enderezó. Bien, muy bien. dijo Rick. La mayoría de los aprendices hacen mal esto al comienzo. Peter tiró un poco más, y de repente el ala decidió volar y se elevó derecho sobre su cabeza. Ponle un poco de frenos. dijo Rick. Ahora, girando. Peter lo hizo así, y el enredo se disolvió bellamente en un haz de líneas que se extendían derechas. El lado derecho más adelante. Peter tiró el freno derecho, y obedientemente el ala se enderezó de nuevo. ¡Bien! ¡ya lo tienes! dijo Rick. Luego Peter se dio cuenta que Rick había retrocedido. ¡Ahora estaba solo! El viento lo tiraba hacia arriba, pero no lo bastante como para levantarlo. ¡Cuando quieras! dijo Rick, Peter intentó dar un paso adelante. Inmediatamente sintió que el ala lo levantaba con más fuerza. Luego decidió lanzarse y caminó bajando el abismo. ¡Pero no funcionó! En cuando alcanzó el borde, el viento simplemente lo levantó de la tierra, y dejó el sitio de despegue hacia arriba y no hacia abajo. ¡Estaba volando! Primero voló derecho alejándose del cerro. "Ahora ponte en el asiento" la voz de Rick le llegaba por la radio. Peter trató de mover las piernas. No podía moverlas mucho así colgando de las correas. Dobló su cuerpo pero el asiento estaba demasiado arriba. Lo dejó ir, y miró hacia arriba, Las manillas del freno tenían gazas que las sujetaban dentro de su alcance. Cuidadosamente, las soltó. El ala volaba recta y segura. Entonces rápidamente bajó sus manos, se levantó hasta el asiento y agarró de nuevo los frenos. ¡Ahora sí estaba cómodo! Pero estaba lejos del risco, y había perdido algo de altitud. Llevó el parapente hacia una vuelta. Giraba mucho más fácil que el gran tándem. Un leve impulso y se sintió como una caricia. Pronto Peter estaba elevándose por el risco y después de algunos minutos estuvo sobre la cumbre del cerro. Peter ¿me oyes? Peter movió sus piernas. OK, no te alejes más allá del cerro. El sabía, Rick le había dicho a menudo lo peligrosa que podía ser la turbulencia detrás del risco. Voló, se sintió totalmente con el control, y lo gozo completamente. Después de mirarlo por 15 minutos, Rick sacó el tándem, lo armó con Bertrand, y pronto ambos se juntaron a Peter en el cielo. Muchas veces se cruzaron en el aire, y todas las veces Bertrand estaba pilotando el tándem con Rick como pasajero. Eso le daba tiempo a Rick para darle a Peter algún buen aviso por la radio. Incluso lo guió en sus primeras térmicas solo. Después de más de una hora, las condiciones empezaron a debilitarse, y pronto ya no pudieron sostener el tándem. De modo que Rick hizo su acostumbrado aterrizaje en el tope, y empaquetó el ala. Pero Peter aún colgaba en el cielo. Su ala con una carga mucho más liviana lo mantenía volando. Experimentó cuánto tenía que tirar de los frenos para conseguir la mejor posibilidad de mantenerse arriba, y buscó como loco las últimas térmicas del día. Pero quince minutos después que Rick y Bertrand hubieron aterrizado, el levante se hizo muy débil incluso para él, y empezó a bajar. Por supuesto no podría hacer un aterrizaje en el tope. Rick ya se había dado cuenta de ello. De modo que decidió alejarse tanto como pudiera del campo, y volar derecho sobre campo abierto, lejos del cerro. Descendió rápidamente, pero el terreno bajaba aun más rápido, y pronto estuvo a una respetable altura sobre el terreno plano. Justo abajo estaba el campo de aterrizaje. Volaría en círculos sobre él cuando estuviera más bajo. Peter ¿puedes oírme? En vez de mover sus piernas, Peter soltó el freno izquierdo y apretó el botón de hablar de la radio. ¡Sí, te oigo muy bien! ¡esto es grandioso! ¡Mantén tus manos en el freno, diantres! Peter suspiró y movió sus piernas. ¿OK, ves el campo de aterrizaje? Peter respondió con sus piernas. ¿sabes cómo harás la aproximación? Peter de nuevo movió las piernas muy ampliamente. Bien, te estaré mirando y sólo te corregiré si te equivocas. Ahora Peter estaba perdiendo altura muy rápidamente. Dio la vuelta, y voló hacia el risco, pasó el campo de aterrizaje y luego lentamente dio de nuevo la vuelta y comenzó a hacer su acercamiento hacia el campo. Parecía que estaba apuntando bien, pero no estaba muy seguro. ¡Estaba muy nervioso! Flotó sobre el terreno con pasto, los árboles, arbustos, cercas. Y ahora estaba en campo abierto. De aquí en adelante, el aterrizaje era seguro. Pero el terreno parecía moverse más y más rápido. El corazón de Peter se aceleró. Se alzó y se deslizó fuera del asiento, hasta que lo sujetaron las correas. Ahora el terreno se aproximaba a toda velocidad. ¡Tira un poco de los frenos! Peter lo hizo Más, más… Todo abierto, ¡AHORA! Peter tiró los frenos todo lo que podía hasta su trasero, y se encontró de repente detenido en medio del campo, con las alas lenta y suavemente hundiéndose detrás de él. ¡Aterrizaje perfecto! ¡felicitaciones! Peter estaba empapado. ¡Lo había hecho! ¡su primer vuelo solo en el aire! Pensó en lo que diría el Sr. Holtmann, si le contaba que hoy dia había tenido su primer solo. Se quitó el arnés, empaquetó el ala, y tenía todo listo cuando llegó la camioneta. Rick intercambió el parapente por la bicicleta de Peter y charlaron un poco. Peter supo que lo había hecho bien, pero que definitivamente no era bueno que los alumnos pilotos soltaran los frenos para hablar por la radio. ¿Vendrás de nuevo mañana? preguntó Rick. ¡por supuesto! dijo Peter sonriendo. Pero mañana es el día de Bertrand, No se lo digas, o si no, no podrá dormir esta noche. Sonriendo, abordaron la camioneta, y se fueron, Peter esperó a su amigo, que llegó un poco después y lentamente pedalearon hasta sus casas. Peter no le dijo a Bertrand que estaba de turno para el día siguiente, pero Bertrand lo sospechó y de todos modos durmió mal. Bertrand tuvo su primer vuelo solo y de ahí en adelante su progreso fue bastante claro. Los sábados Peter tenía el ala APCO. Los domingos eran para Bertrand. Los demás debía volar con Rick. A veces Eddie también se lucía, y uno o dos voladores más, pero los niños se habían acostumbrado a Rick de tal modo que Eddie casi volaba solo. Más aún, él traia siempre su tandem consigo, y a veces encontraba otros pasajeros. Especialmente cuando alguna joven bella dama se dejaba ver, no había caso, ¡Eddie volaba solo! En los días de semana los dos tenían poco tiempo entre las clases en la tarde, los ensayos de coro y el trabajo adicional para Apolo y Jacinto. Pero cuando podían , pedaleaban hasta el lago. Se acercaba Junio, y el sol estaba generoso. Los niños estaban muy bronceados pero por supuesto sin marcas de traje de baño. Una tarde en el lago tuvieron un visitante inesperado. Bertrand fue el primero en oírlo. Una motocicleta traqueteaba por el sendero del bosque. Cuando estuvo cerca, los niños recogieron sus ropas, y se internaron en el bosque, jugando a los indios acechando al enemigo. Vieron un hombre que venía en una vieja Honda. Había un saco pardo atado en la parte trasera de la moto. Guió hasta la playa, y detuvo la máquina. Se bajó de la moto, estiró las piernas y desató el saco. ¡Eso era intrigante! Súbitamente Peter oyó un sonido de quejidos como los que hacen los perritos chicos. Al mismo tiempo Bertrand le agarró el brazo, temeroso. Repentinamente se dio cuenta de lo que sucedía. Se sintió paralizado por el choque, ira y desesperación. En el intertanto, el hombre recogió el saco, caminó hacia la playa mientras silbaba una cancioncilla de moda, agitó el saco y lo lanzó lejos al agua. Peter entró en modo automático. No lo supo cómo, pero saltó de su escondite y corrió, saltó, voló hasta la playa, diciendo ¡asesino! ¡sanguinario asesino! Corrió como loco oyendo a Bertrand que le hacía eco desde muy cerca detrás, viendo que el asesino saltaba a su motocicleta, la echaba rápidamente a andar y se alejaba en una nube de polvo. Peter corrió desesperadamente. Alcanzó la playa, corrió al agua, y saltó hacia delante cuando estaba con una profundidad a las rodillas, y nadó hasta el centro del anillo de ondas que aún marcaba el punto de caida del saco. Junto al lugar, tomó una respiración profunda y buceó derecho hacia abajo. El agua estaba lodosa, con nubes de sedimento flotando por todas partes. Buceó hasta el fondo en esa espesa sopa. Allí hurgó con su cara en la capa de lodo. Escarbó la masa pegajosa y espesa tratando de encontrar el saco. Lo encontró y lo levantó, pero era demasiado pesado para nadar hasta arriba con él. Debía haber algo pesado dentro para asegurar que los pobre perros se hundieran, Peter tuvo que poner sus ojos muy cerca del saco para ver algo, pero halló el nudo y con manos temblorosas desesperadas lo desató. Ya no le quedaba respiración, pero ya a los perros les debía quedar menos. Agarró el saco, halló una cosa caliente y suave, y la sacó, buscando con su otra mano y agarró dos más que estaban juntas. Entonces Bertrand llegó donde él, y Peter pudo ver sus ojos muy abiertos. Su amigo no se cuidó de su inflamación ocular en una emergencia como ésta. Vio que Bertrand cogía el saco, y dejaba el fondo buscando la superficie a respirar aire. Entonces se fue nadando de espaldas y empujó los cachorritos juntos sobre su pecho. Estaban vivos, estornudaron y empezaron a caminar sobre sus costillas fuera del agua. Y Allí estaba Bertrand mostrando otros dos perros en sus manos. Los puso sobre la barriga de Peter, fuera del agua, tomó una respiración profunda y se sumergió de nuevo. Y luego volvió. ¡No hay más perros! ¿Seguro? La idea de un perrito ahogándose abajo era terrible. Entre las respiraciones, Bertrand dijo ¿espera un poco! y se sumergió de nuevo. Segundos después regresó, llevando el saco vacío a la superficie. ¡Sólo deje la piedra abajo! Peter nadó hasta la playa, de espaldas, con los cinco cachorritos pegados a su cuerpo. Cuidadosamente evitó que las olas pasaran sobre él. Bertrand se rió. ¿Sabes qué pareces? Pareces un portaaviones. Peter se rió ¿acaso esos perros tienen alas? No me parece. Y mi mástil de radio es también un poco pequeño. Se rieron, en parte por el chiste, y en parte por el final feliz de lo que había empezado tan terriblemente. Un rato después estaban sentados en el pasto, con los cinco cachorritos entre ellos. Se subían uno encima de otro, rodaban, y trataban de chupar todo lo que encontraban. Los que tienen dos botones en la guata son los niños, comentó Bertrand. Peter se rió. Realmente había un modo de ponerlo. Los cachorros eran un poco más suaves allí debajo de lo que era él. Sus bolas se asomarán cuando sean mayores, dijo. Lo sé, tonto, le respondió Bertrand un poco ofendido. Sólo era aun chiste. Entonces Bertrand dijo: ¿qué habrá pensado ese idiota cuando repentinamente dos muchachos completamente desnudos surgieron del bosque, corriendo derecho hacia él y gritando como locos? Peter se echó hacia atrás y se rio. Se lo merecía, ¡ese montón de mierda! ¡Cómo puede alguien ser tan cruel! Y ahora qué. Esa era la gran pregunta. Se sentó, recogió dos de los cachorros, los puso en el pasto entre sus rodillas y les hizo cariño. ¡Son tan lindos! Bertrand Vio pocas esperanzas en sus padres. No es que ellos odien a los animales, pero no quieren tenerlos muy cerca. Nunca me dejaron tener un perro. Peter sabía que sus padres tampoco querrían hacerse cargo de cinco perros desconocidos, de raza quizá indefinida. Pero había más esperanza, a lo menos por un tiempo. ¡Oye! ¿qué te crees que estás haciendo allí? Uno de los cachorros había hallado la punta del prepucio de Peter y trataba con ansias de chuparlo. ¡Hey!, ¡hey! ¡ahí no hay leche! Bertrand se rió hasta reventar. ¡Realmente pareces como una teta de perra, Peter! ¡No puedo culpar a ese chiquitín! Peter también se rió, en tanto que mantenía los cachorros en resguardo. ¡Los otros habían captado lo que hacía su hermano, y estaban tratando de pelear por la supuesta fuente de alimento! ¡debían estar muy hambrientos! Los niños se vistieron, ¿Cómo los llevaremos a casa? Preguntó Peter, El único modo era el sucio saco. ¡lo siento, muchachos! les dijo, mientras los acomodaba en el húmedo saco. Fue bastante engorroso el llevar a los cachorros a salvo a casa. Pero funcionó. Peter abrió la puerta, y silenciosamente los niños entraron su cargamento. Extendieron el saco en el piso sacando los perros y dejándolos encima. Miraron en torno. Bertrand miró por encima de ellos en tanto que Peter iba a su difícil maniobra diplomática. Halló a su madre en la sala, tejiendo. ¡Hola, mamá! ¡Hola Peter, me asustaste. ¿Por qué tan silencioso? Mami, tengo un problema. Muy grande. Necesito tu ayuda. Ella dejó su tejido. Peter, ¡realmente me asustas! ¿qué pasó? Ven, dijo Peter tomándola de la mano. Por favor, no te enojes conmigo. Llevó a su madre hasta la entrada. ¡Hola Bertrand! le dijo al niño arrodillado. ¿qué te pasa? El está bien, mamá, pero mira esto. Entonces ella vio el asunto. ¿De dónde salieron esos perros? Vienen del fondo del lago, mamá. Alguien estaba tratando de ahogarlos. En un saco, con una gran piedra adentro. Los sacamos cuando ya estaban casi muriéndose. Peter no pudo evitar los sollozos. La emoción lo sobrepasó. No podía entender cómo un hombre pudiera haber hecho eso. Y tenía el temor de que la mamá los lanzara afuera sin mayor discusión. Pero fueron interrumpidos por Marta que bajaba corriendo la escala. Ela tenía buenas intenciones y se fue derecho hacia los perros. ¡Qué lindos! exclamó, tendiéndose boca abajo y empezando a jugar con ellos, acariciándolos y tocándoles sus naricitas. Era una tierna escena. Peter tuvo que contar toda la historia. No tenía intenciones de contarle a la mamá que habían estado bañándose con Bertrand sin permiso. ¡Eso era tan insignificante comparado con lo que ahora estaba en riesgo! Mientras él le contaba cómo había sucedido, los ojos de Marta se agrandaban, llorosos, y luego excitados. En algún momento ella no pudo contenerse, saltó y abrazó a su hermano plantándole un gran y húmedo beso en su mejilla. ¡Eres un héroe, Peter, gracias! El niño sonrió por la inesperada demostración de amor. Pero Marta fue a abrazar a Bertrand y darle también un beso tan grande y tan húmedo. ¡Y tú también! Ahora la señora Andrews tenía poco donde escoger. Después de regatear un poco, el acuerdo fue que los perros serían tolerados hasta que estuvieran lo bastante grandes para encontrarles buenos hogares, que todo el trabajo involucrado sería de Peter, y que Bertrand vendría a ayudarle. Pero Peter necesitó poca ayuda de Bertrand y realmente encontró poco que hacer por sí mismo. La pequeña Marta literalmente adoptó a los cachorros, los alimentó con mamadera con gran amor y dedicación, mantuvo limpia su cama, y algunas semanas más tarde encontraron tres de los cinco hogares necesarios. Peter y Bertrand encontraron los otros dos entre sus compañeros, especialmente los de los grados inferiores, La despedida fue difícil, con muchas lágrimas de parte de Marta, pero ella se portó valientemente. Y Peter no quiso confesarlo, pero tuvo varios episodios de ojos mojados cuando los preciosos, vivarachos y agradecidos perritos se fueron *** El "Apolo y Jacinto" para junio era, según Peter, un fiasco total. Ninguno de los niños podía recordar todo el texto, y sucedieron todo tipo de accidentes. Versos saltados, recitativos equivocados, y cosas así. El actuar junto con cantar era definitivamente un problema para Peter, y también para la mayoría de los niños, salvo para Bertrand que se sentía como pez en el agua, haciendo un espectáculo con su cara que cautivaba al público, especialmente a aquellos que se sentaban lo bastante cerca como para ver los detalles. Obviamente gozó haciendo el rol del amoroso Jacinto. Pero eso no pudo evitar que se olvidara de la mitad del texto… Los ejecutantes, que tenían las partituras frente a ellos, pasaron un difícil momento saltando hacia atrás y adelante tratando de hallar dónde los niños se habían saltado. Pero de todos modos el público quedó encantado y no pareció darse cuenta del desbarajuste. Por supuesto, nadie entendía latín ni estaba familiarizado con esta ópera. ¡Y el año escolar había terminado! En uno de los últimos días escolares, tuvieron su concierto coral anual. Era una tradición de larga data en la escuela, y era menos un concierto que una función que la cual algunos cantantes recibían premios y trofeos, y en cierto modo renovaban sus votos de permanecer en el coro por otro año. Todo el coro, niños y jóvenes, se acomodaron en el escenario con casi todo el resto de la escuela, incluyendo muchos padres que repletaban el Aula. Peter, Bertrand y Marc recibieron todos premios por extensos y destacados servicios como solistas. Robert fue coronado "el bajo del año". Entonces, el Sr. Holtmann dio un pequeño premio de reconocimiento a varios niños que habían empezado a cambiar su voz durante el año, y deberían cambiarse a la sección de mayores, generalmente con período de silencio de casi medio año. Esos fueron denominados jocosamente "premios de la octava" por la baja en el rango de la voz de sus poseedores. Y luego vino el inevitable proceso de presentar premios para aquellos niños que habían elegido dejar el coro al cambiar de voz. El profesos agradeció a cada uno por sus servicios, les deseó suerte, y les recordó que nunca dejaran que la música desapareciera de sus corazones. Puso a Martín al final de ellos. Cuando llamó a Martín al escenario para entregarle su premio, el anciano empezó a relatar al auditorio una pequeña historia. Hace cuatro años un pequeño de quinto grado se incorporó al coro. Tenía una voz alta pequeña, pero muy clara y bella. Este niño trabajó como un castor, fue amado por todos, y pronto llegó a ser uno de los pilare de la sección de altos. Al pasar los años, su voz maduró, el pequeño niño pasó a ser un niño grande, y también llegó a ser uno de los mejores altos que esta escuela haya tenido jamás en los treinta años que yo llevo aquí. Hizo una pausa para apreciar el efecto, y continuó: No necesito decirles que cantó durante la última estación de Navidad. La mayoría de ustedes lo han escuchado, y saben también lo que se piensa de él. Baste decir que él nos ganó para nosotros las invitaciones de todo en país. La cara de Martín estaba roja. Incómodo, se paró en un pie y luego en el otro. Bueno, las cosas siguieron su curso usual, y cerca de las vacaciones de invierno, la bomba de tiempo biológica lo alcanzó. Algunas personas de la audiencia se rieron. Su voz cayó a una tasa de casi una nota por semana, más risas, y el pobre joven tuvo que dejar el coro. Silencio total. Ahora Martín estaba evidentemente incómodo. Pero debo decirles algo más. En los últimos meses, este joven ha estado desarrollando una poderosa y buena voz de tenor. He tratado de hacer que regrese donde pertenece, aquí en el coro, hizo un gesto hacia sus ordenados cantantes, pero he fallado lamentablemente. Levantó el premio de Martín, en el que se leía, "para el mejor solista soprano en los últimos treinta años", e hizo una seña a Martín para que se acercara. Tomó la mano de Martín, estrechándola mientras le entregaba su premio. Y le dijo al niño, pero cerca del micrófono para que todos pudieran escucharlo, Martín, muchas gracias por lo bueno que nos trajiste. Y si te decides y quiere volver, ten la seguridad de que nuestras puertas estarán ampliamente abiertas para ti. La cara de Martín temblaba, sus párpados trataban desesperadamente de mantener clara su visión mientras estrechaba la mano de su profesor. Luego caminó, casi corrió hacia la escalera que le permitirían escapar del escenario. Peter tuvo una idea. Se volvió hacia sus compañeros de coro, y empezó a cantar ¡Mar-tin-vuel-ve! ¡Mar-tin-vuel-ve! En cosa de segundos todo el coro estaba cantando, ¡Mar-tin-vuel-ve! ¡Mar-tin-vuel-ve! Martín había alcanzado la escala, y allí estaba dudoso. Hizo un saludo a sus amigos, bajó un par de escalones. El público empezó a corear el canto. Martín terminó los escalones, pero la gente en la fila delantera se puso de pie y le cerró el paso. Martín miró rápidamente a todos lados como conejo rodeado de perros, mientras una pared de gente sonriente le cerraba la única posible ruta de escape. El ¡Mar-tin-vuel-ve! ¡Mar-tin-vuel-ve! se volvió ensordecedor. Martín miró al escenario, a la gente frente a él, al Sr. Holtmann, desesperado. El profesor estaba allí parado, mirándolo amistosamente, dándole valor. Martín estaba sobrecogido. Se retiró de la muralla humana frente a él, volvió a subir la escala, y se encontró de nuevo en el escenario. Allí tuvo la visión completa de toda la gente del Salón, que le cantaba, Repentinamente se rindió, se volvió y caminó y luego corrió hasta el medio del coro. SU coro, donde aterrizó en los brazos de uno de sus amigos, lo rodearon, muchas manos palmotearon su espalda, se deslizaron por su cabello, y buscaron su mano para estrecharla. El público aplaudía, y el Sr. Holtmann permanecía allí con dos gruesas lágrimas corriendo por su avejentada cara. Cuando el ruido se hubo aquietado un poco, tomó el micrófono, aclaró su garganta una, dos, tres veces, y dijo solemnemente: ¡Parece que tendremos que imprimir otro octavo premio! *** Estaban comenzando las vacaciones de verano cuando una tarde, el papá de Peter comento en la mesa del comedor. El tío Augusto me llamó hoy día a la oficina. Se siente solo en su castillo. Me preguntó si le podía prestar a Peter por dos semanas. El papá sonrió Peter, ¿te gustaría? El tío Augusto era el hermano del papá. Peter lo conocía sólo muy poco: que era varios años mayor que el papá, que vivía solo en una extraña casa en el medio de un bosque como selva, accesible sólo navegando río arriba, y algo oscuro acerca de haber perdido a toda su familia algunos años antes. Peter había estado en el lugar sólo una vez, varios años antes, cuando estaba muy pequeño. Recordaba un gran río oscuro y una interminable caja de escaleras, pero no mucho más. De su tío, lo que recordaba más vívidamente era una larga y descuidada barba. Más bien él hubiera querido agarrarla y tironearla. Bien, Peter, ¡qué te parece? preguntó la mamá. ¡Creo que lo gozarías! Peter también pensaba lo mismo, pero tenía un gran problema. Mami, papi, realmente me gustaría ir, pero… el estar por dos semanas con el tío Augusto, y dejar solo a Bertrand para que se aburra no es justo. El papá estalló en risa, mirando amistosamente a su amado hijo. ¡Lo sabía! ¡lo sabía! Peter, la invitación es para dos. Pregúntale a Bertrand si quiere ir. Y asegúrate que sus padres estén de acuerdo. ¿Y yo? ¿por qué yo no? exclamó la pequeña Marta. Estás demasiado pequeña, querida. Quizá el próximo año. Trató de consolarla la mamá. Por su puesto Bertrand estuvo contengo de ir, y fue fácil conseguir el permiso de sus padres, luego que Peter hubo llamado a Bertrand. En realidad, los padres de Bertrand vieron su oportunidad para unas pequeñas vacaciones por su cuenta, algo que no habían podido gozar por bastante tiempo. De modo que todo se acomodó, y pocos días después el papá de Peter conducía la los niños a la marina cerca de la desembocadura del río Blackwater, donde el tío Augusto los recogería. El viaje algo largo fue un poco conflictivo. A mitad de camino en la ruta se pinchó un neumático. ¡El auto casi se salió del camino! No sólo se molió la llanta, sino que también el aro, el cual había golpeado contra un bloque de concreto en el lado del camino. Tuvieron que poner la rueda de repuesto, la que no estaba en condiciones para la velocidad de la autopista, y luego perdieron mucho tiempo, y dinero, en la siguiente ciudad principal para conseguir una rueda y llanta nuevas. La llanta fue fácil, por supuesto, pero conseguir una rueda nueva no fue tan fácil. Y no había modo de contactar al tío Augusto. Era un alma demasiado solitaria como para usar algo como un teléfono celular. Cuando finalmente llegaron a la marina, hallaron al tío Augusto muy preocupado, pero aliviado al ver que estaban allí. Peter estudió a su tío. Por supuesto, la barba estaba allí, ¡blanca como la nieve y realmente larga! El tío tenía una cara que inspiraba confianza, con ojos pequeños y vivarachos. Peter decidió que se parecía un poco a Santa Claus. Pero estaba algo preocupado por la hora. ¡Vámonos luego, niños, o se nos hará oscuro en el río! De modo que rápidamente cargaron sus mochilas en el bote, el tío hizo andar el motor diesel produciendo una gran nube de humo negro. Luego él salió del bote, soltó las amarras, le lanzó un rollo de cordel a Bertrand que casi se cayó por la borda al cogerlo, otro a Peter que estaba mejor preparado y lo cogió con elegancia. Luego el anciano saltó dentro del bote, hasta la cabina y aceleró el motor. Peter admiró la habilidad de ese anciano. La máquina echó otra bocanada de humo negro, pero luego el escape se aclaró y pudieron ver de nuevo. Siempre tizna cuando está frío, explicó el tío. El bote tomó velocidad y enfiló rumbo por la marina hacia río abierto. Entonces el tic Augusto le dio todo el acelerador y el motor empezó a rugir haciendo perder la esperanza de toda otra comunicación. Peter examinó el bote, Era una vieja embarcación de madera con un motor marino diesel de dos cilindros, y otro auxiliar algo más grande fuera de borda. Supuso que eso era para seguridad y respaldo, pero era algo grande para eso. La mayoría de los motores fuera de borda que había visto en otros botes en la marina, eran mucho más pequeños. El bote tenía una pequeña camarote bajo cubierta a proa, en tanto que la cabina estaba abierta hacia popa. Los controles se veían bonitos hechos a mano, y la rueda del timón estaba bellamente elaborada en madera maciza de rico color rojizo. El tío Augusto se paraba allí, sus ojos fijos en el río, haciendo pequeñas correcciones en el rumbo. Peter miró el agua. Pasaba a su lado muy rápida, aún cuando el bote parecía moverse más lentamente. Debía haber bastante corriente en este río. Trató de estimar su velocidad pero era difícil sin una buena referencia. Casi tan rápido como su bicicleta, supuso. Bertrand se acercó y hurgó algo en su oreja. No podía entender una palabra. ¡Oye, ese motor es ruidoso! Bertrand hizo un signo de no hacer caso, y volvió a sentarse en su asiento. Ya el sol se estaba poniendo. Al mismo tiempo, el río se estaba haciendo mucho más angosto, y las granjas en sus riberas se veían interrumpidas por manchones de bosques. Algo más tarde, las granjas desaparecieron completamente, y un denso bosque cubrió ambas riberas. La corriente se hizo aún más fuerte, y ahora que el río era tan angosto, Peter pudo ver que el bote iba aún más lento. Súbitamente, el tío le hizo una seña de acercarse. Peter se puso de pie. El tío lo tomó por los hombros, caminó con el hasta la rueda, puso las manos de Peter sobre ella y le señaló cierta línea a lo largo del río. Miró mientras Peter mantenía el bote en línea, y luego fue a popa y bajó el motor fuera de borda hacia el agua. Regresó, hizo andar el motor, y retomó la rueda de Peter. El desacompasado traqueteo del gran motor de dos tiempos se pudo oír sobre el rugido del diesel. Entonces el tío lo aceleró primero un poco y luego más. El bote ganó velocidad en el río casi oscuro, y pronto estuvieron navegando con ambos motores a máxima potencia, Peter sintió el aire frío en su cara, en tanto que el bote surcaba las aguas cada vez más turbulentas. Luego de un recodo del río en que iban, allí, ante ellos, apareció una apretada franja de fuertes rápidos. El bote chocó contra el primer remolino de agua, voló por encima, el tío hizo girar la rueda, lanzando el bote entro otros dos remolinos, y derecho contra un cuarto. Peter se sostuvo en el asiento mientras el bote se balanceaba. ¡Eso era divertido! ¡Ahora sabía para qué era el motor más grande! Sin él, el agua les habría ganado. Un poco después, los rápidos quedaron tras ellos, vencida, y el tío le dio un descanso al fuera de borda. El diesel se mantuvo rugiendo su uniforme canción. Siguieron el río, ahora pacífico y de suave fluir, por varias curvas más. Se estaba poniendo realmente oscuro, y el tío encendió una luz buscadora en la cubierta de la cabina. Se podía dirigir por medio de una manilla que pasaba a través de la cubierta, y Peter tuvo la misión de mantener el haz de luz alineado con el río frente a ellos. Después de otro rato, el río di paso a un amplio y tranquilo lago. Peter pudo ver apenas las alturas del bosque, pero ahora estaba ya casi muy oscuro. El tío desaceleró el motor fuera de borda, y luego de un rato lo detuvo. Luego también empezó a desacelerar el diesel. Finalmente, con el diesel en ralentí, el bote entro a una pequeña bahía en el lago, un pequeño puerto natural. La proa se fue contra la playa, el tío Augusto saltó a tierra con un rollo de cordel y procedió a amarrar el bote a un tronco de árbol. En el haz de luz descargaron las mochilas y algunas bolsas de provisiones que el tío había comprado. Luego el tío fue de nuevo a bordo, apagó las luces y detuvo el diesel. ¡Estaba completamente oscuro. Peter no podía ver nada! Pero el tío regresó con una linterna y con ella se fueron caminando por un estrecho sendero de suelo compactado que entraba en el bosque y pronto fueron subiendo un cerro. Pronto se encontraron en una larga hilera de escalones hechos de rocas y troncos. Peter empezó a transpirar, llevando su mochila y varias bolsas de provisiones. Llegaron a una escalera de madera, que subía hasta una terraza, y el tío abrió la puerta y encendió la luz de adentro. ¿Tienes electricidad aquí? El tío se rió. ¡Por supuesto! Podré ser un anacoreta, pero no estoy en contra de los buenos aspectos de la tecnología. Tengo una pequeña turbina abajo en el rió. ¿Qué es un anacoreta? se atrevió a preguntar Bertrand. Un ermitaño. ¿Un qué? Alguien que vive sólo, un solitario, dijo Peter. La casa era enteramente de madera, y bastante rústica pero muy acogedora. Peter quedó impresionado por la enorme cantidad de fotografías que colgaban de todas las paredes. El tío preparó algo para comer, y después de eso todos estuvieron listos para irse a dormir. Tengo sólo una pieza de huéspedes, de modo que uno de ustedes puede usarla, y el otro dormirá aquí en el sofá cama. Peter miró a Bertrand, que devolvió la mirada. Tío Augusto, ¿te importaría si compartimos la pieza de huéspedes? El miró a los dos amigos, y luego sonrió. Como quieran, dijo. Peter y Bertrand hallaron que la cama simple de la pieza era lo bastante amplia para ambos. De modo que tendieron sus sacos de dormir sobre el colchón y poco después ambos estaban acostados. Peter se quedó dormido con el agradable aroma de la madera verde en su nariz, y la agradable sensación de tener a su mejor amigo cerca de él. A la mañana siguiente Peter despertó por su amigo, desnudo salvo por sus calzoncillos, que lo sacudía. ¡Peter, despierta! ¡debes ver esto! Peter saltó de la cama, tomándose su tiempo para recuperar la orientación. Bertrand lo sacó de su saco de dormir. Riendo, aterrizó en el piso. El pantalón de su pijama había preferido quedarse dentro del saco de dormir. Bertrand también se rió. Peter se puso de pie, y Bertrand ceremoniosamente lo llevó hasta la ventana. ¡Mira esto! le dijo, orgullosamente como si fuera su propia creación. Peter miró, y miró, y miró. ¡Ohhhh! dijo después de un rato. Lo que veía realmente no se podía describir con palabras simples. La ventana daba a una gran quebrada, con un enrocado de brillantes rocas negras, y el resto cubierto por un denso bosque. La quebrada se abría hacia el lago, con una vista tanto del río que alimentaba el lago, como del que lo vaciaba. Una sola y gruesa nube blanca colgaba sobre el lago, como si alguien la hubiera olvidado allí. El cielo estaba completamente despejado, y tan profundamente azul como raras veces Peter hubiera visto. En el lago había aves acuáticas, y los árboles cercanos se agitaban con los pájaros que efectuaban sus actividades matutinas. Lejos a la distancia, las nevadas cumbres de las montañas brillaban sobre los cerros boscosos. La mañana ha despuntado, el pajarillo ha hablado, dijo Bertrand. Tu tío tiene muy buen gusto. ¡Qué lástima que aún no tenga cámara! ¡Esto se ve como si esto estuviera listo para ponerse en película! ¡Mira esa nube de allá! ¡preciosa! Los niños se vistieron. Estaba bastante frío en ese momento. Luego fueron a la cocina, donde hallaron al tío preparando el desayuno. Mientras el trío comía y charlaba, Peter mencionó que su amigo estaba ansioso por una cámara cuando vio el increíble paisaje. Se había dado cuenta que su tío era entendido en fotos. Bertrand, ¿realmente te interesa la fotografía? ¡Oh, sí! pero he estado cateteando a mi viejo por años por una cámara, y hasta ahora no he conseguido nada. Dejó caer su cabeza. Quizá para Navidad, o para tu cumpleaños. Peter trató de levantarle el ánimo. Pero el tío se paró, salió de la cocina y pronto regresó con una cámara colgando de su cuello. Trata y ve si puedes conseguir algo bueno con esta vieja cosa, dijo. Bertrand quedó medio alelado, y apenas podía contenerse. ¡Oh! ¡Una Canon AE-1! En su tiempo fue una muy buena cámara, comentó el trío. Ahora ha está algo obsoleta, pero aún funciona bien. Y es una cámara ideal para el principiante. Puedes tomar unos cuantos rollos de Sensia que tengo en el refrigerador. Yo ya no uso este viejo aparato desde que salió la nueva Provia 100F. Después podemos revelarlos y ver si tus tomas son tan buenas como tu canto. Bertrand miró hacia arriba. El tío sonrió. Ya hice mi tarea, niños. Sensia es película para diapositivas, ¿verdad, tío? ¿por de pronto, puedo llamarlo tío? Bertrand estaba aún un poco tímido. ¡Por supuesto! o llámame sólo Augusto, como tú quieras. No tiene importancia. Sí, Sensia es película para diapositivas. Bastante buena, mejor que muchas otras, pero Provia se la gana. Más aún, para experimentar es buena. ¿y se revela en la casa? ¿aquí? Por supuesto, ¿por qué no? Y sabes qué, jovencito, ¡tú procesarás la película. ¡Verás que no es difícil! Bertrand recibió cuatro rollos de película y los amigos salieron en su safari fotográfico. Bertrand le disparó a toda cosa interesante que vio Peter se dio cuenta que Bertrand sabía mucho de abertura, velocidad de obturación, composición, contraste, y cosas así. Bertrand se subió a los árboles para disparar a vista de pájaro, se tendía de espaldas en el suelo para disparar a un tronco de árbol desde las raíces hacia arriba. y gastó media hora colocando una flor silvestre en la posición justa para dispararle con el ajuste más cercano del lente, e incluso intentó con algunos pájaros, pero sin un lente largo no era mucho lo pudo hacer con ellos. Pronto consumió dos rollos, y Peter ni siquiera había tenido la oportunidad de tocar la Canon. Dejó que Bertrand gozara. No podía ponerse celoso de su mejor amigo. Cuando los niños volvieron al lago, la costumbre obtuvo la mejor parte de ellos. Las ropas quedaron fuera, la cámara asegurada envuelta en ellas, y ellos se lanzaron al lago. ¡Ohh! ¡estaba helada! ¡No se comparaba con el bajo lago de la casa! Este era alimentado por el agua del derretimiento que venía de las altas montañas. Nadaron tanto como pudieron soportar, y luego casteñeteando los dientes, salieron y se calentaron al sol. Peter estaba allí, boca abajo sobre la negra roca plana, mirando hacia el lago. El agua era verde esmeralda, con el bosque del otro lado reflejándose en ella. Había vida por todos lados. Los pájaros acuáticos nadaban, los peces saltaban fuera del agua, miríadas de insectos revoloteaban al sol sobre el agua y las golondrinas iban tras ellos. Era la naturaleza en funciones. CLICLACK, escuchó Peter tras él. Miró a su alrededor. Era Bertrand, arrodillado detrás de él dejando la cámara y sonriente. ¡Tuve que usar compensación de exposición para evitar la sobreexposición de tu blanco y brillante trasero en contra de la roca negra! ¿Estás loco, o qué? ¿Qué crees que el tio va a pensar si ve esa foto? El dirá, buena exposición, bien hecho. ¿qué más? ¡Después de todo es sólo una foto de estudio! Peter un pudo sino reírse. Por lo menos sólo mostraba su trasero. No sería tan terrible. Pero con un Bertrand armado de cámara por ahí, tendría que tener cuidado mientras estaba desnudo. Poco después trató de distraer a su amigo y tomar su desquite. Su primera foto con la Canon fue de Bertrand aprontándose para saltar desde la roca al agua. Fue tomada desde el costado, ligeramente de atrás, de modo que el frente de Bertrand no se podía ver. Una foto segura. Con exposición automática, debería salir correcta. Bertrand ni siquiera se dio cuenta que Peter lo estaba fotografiando. Saltó y Peter guardó la cámara y rápidamente saltó tras él. Intentaron de nuevo ver cuánto podían soportar, pero pronto salieron nuevamente del agua. ¡Era demasiado fría! Peter miró a su amigo, y tuvo que reírse. ¡Perdiste algo en el agua! le dijo, señalando el pene de Bertrand que se había encogido hasta casi desaparecer. ¡Tu también! respondió secamente su amigo. Realmente, Peter estaba casi liso allí abajo. Todo lo poco que le quedaba estaba adentro. Eso les hizo pensar. Bertrand… podemos hacer creer al tío Augusto que nuestras bolas no se ven debido al frío. Realmente quería tener unas cuantas fotos de Bertrand en ese prístino estado, en ese entorno, y por qué no admitirlo, también de él. Pronto los dos niños estuvieron inmersos en una intensa sesión de "fotografía naturista". Podría habérsela llamado porno si no hubiera estado hecha por dos jóvenes, empeñosos y divertidos niños. No había nada de ofensivo, sino sólo un poco infantil en lo que hicieron. Bertrand empezó a usar el auto disparador, de modo que ambos pudieron aparecer juntos en las fotos. se divirtieron grandemente y posaron para fotos cada vez mejores hasta acabar la película. Esa misma tarde armaron el laboratorio fotográfico. Era un simple procesador rotatorio que el tío Augusto colocó sobre la mesa de la cocina. Tenía varios tanques de procesamiento, y puesto que había cuatro rollos para procesar, escogieron uno que tenía espacio precisamente para los cuatro. Así los podemos hacer todos de una sola vez, dijo. Peter y Bertrand mezclaron los reactivos según sus instrucciones. Las sustancias venían como líquidos espesos en botellas oscuras, y debían diluirse con agua tibia. Había que mezclar varios licores, en cantidades precisamente controladas. Los niños trabajaron cuidadosamente. Después de todo, eran sus propias fotos, las que se podían estropear si había cualquier error. Al final, tenían las tres botellas de medio litro llenas con cada uno de las tres soluciones de trabajo. Una era casi clara, la siguiente un poco parduzca, y la tercera era violeta y oscura como tinta. El tío colocó las tres botellas en el procesador, lo llenó con agua temperada y encendió el termostato. Debe tenerse todo a la temperatura precisa. Esa es la principal clave para obtener buenas diapositivas. De un closet sacó una caja de madera con dos mangas de género. La puso sobre la mesa de la cocina, abrió la cubierta y puso adentro los cuatro carretes de película, el estanque de procesamiento, las tijeras y las tenazas. Luego cerró la cubierta y metió sus brazos por las mangas. Todo eso era novedad para Peter, pero Bertrand sabía perfectamente de qué se trataba. Hablaba en términos desconocidas en el tío de Peter. ¿No vuelve a usar los carretes? No, la película a granel no es mucho más barata que la precortada. ¿usa espátulas de metal o de plástico? De metal. Acero inoxidable. El plástico es bueno para la película en blanco y negro, pero se contamina con los reactivos del E-6. ¿qué sucede entonces? Las diapositivas se ponen todas verdes. No está mal para estos paisajes, Bertrand se rió. En su lugar Peter pensó en cómo su trasero se habría visto de verde. No mucho después, el tanque estaba en el procesador y giraba y giraba. Peter manejaba el cronómetro, Bertrand cambió los baños, el tío miraba y corregía pequeños errores antes que surtieran algún efecto. Después de media hora llegó el gran momento. El tío abrió el tanque, tomó el primer carrete y desenrolló la película. ¡Ah diantres! dijo Bertrand. La película estaba y muy lechosa, y en ella no se veía casi nada. Pero el tío se rio. ¡No se aflija, señor Adams! está perfecta. La película se aclara al secarse. Bertrand se veía abatido. Supongo que Ansel Adams debería haberlo sabido. La película se colgó para que se secara, y entonces el tío Augusto los hizo salir de la cocina. Es mejor dejarlo solo. Menos polvo volando cerca, De modo que se fueron a la sala, y aprendieron acerca de las muchas imágenes que el tío tenía allí. Dos horas después volvieron a la cocina. Peter pudo ver los brillantes colores de la película de diapositivas que brillaban desde lejos. El tío cogió el primer rollo, se sentó y lo deslizó entre sus dedos contra la luz. Se ve bien, dijo. Era uno de los rollos de paisajes. Tendré que prestarte el lente de macros para esas flores, Bertrand. Miró más fotos. No, no, no puedes tomar a los pájaros con un lente de cincuenta milímetros. Tendrás que llevar también el del 400… y eso es pesado. Con cada frase, la cara de Bertrand brillaba un paso más. En su lugar Peter estaba preocupado de qué sucedería con el siguiente rollo, o por lo menos, el que siguiera… El tío dejó el rollo a un lado. Tienes muy buen ojo Bertrand. ¿Las tomaste tú todas, o te ayudó Peter? Bertrand le dijo que en ese rollo todas eran de él. Pero compartimos los dos últimos rollos casi por igual, agregó, como para justificarse. El tío Augusto tomó el siguiente rollo. Lo miró y se largó a reír. ¡Los niños siempre serán niños! ¿No te sientes avergonzado de ti mismo, verdad? ¿También habrías tomado estas fotos si tuvieras que enviarlas a un laboratorio? ¡Qué pregunta… por supuesto que no! Mmmmh Veo que Peter también tiene buen ojo. Obviamente era una foto de Bertrand. El tío hizo algunos otros comentarios, en tanto que los niños miraban cada foro a medida que él avanzaba al siguiente. Finalmente dijo. ¡Ahora, montémoslos! Armaron un equipo. Peter cogió las tijeras y cortó la película cuidadosamente entre foto y foto. El tío Augusto comprobaba los detalles de las fotos en un visor, y descartaba aquellos que estaban fuera de foco o alguna otra cosa mala. Bertrand los colocaba en los marcos de plástico. Ahora, vamos a comer, y después tendremos una sesión de diapositivas. Cuando estuvo oscuro. acomodaron el proyector y la pantalla. El tío Augusto parecía tener de todo en la casa. Las diapositivas se veían realmente grandiosas cuando se proyectaban en la pantalla de ese tamaño en la sala oscurecida. Realmente todos ellos lo gozaron. El tío hizo muchos buenos comentarios, y también hizo notar muchos detalles que se podrían mejorar. Peter tuvo unos pocos reparos por mal enfoque. En cambio las fotos de Bertrand estaban todas exactas. Quizá necesites anteojos, Peter. El tío hizo además una cantidad de comentarios acerca de la fotografía del cuerpo humano, acerca de cómo expresar tanto la inocencia o el erotismo en una foto de desnudo, y cosas así. Fue muy interesante para ambos niños. Después de la función preguntó derechamente al tío si él había hecho alguna vez fotos de desnudo. Oh, sí. Muchas. Yo me dediqué cuando hice muchas. Pero la mayoría eran de mujeres. nunca he fotografiado niños castrados- La boca de Peter se abrió completamente, y tuvo dificultados para cerrarla de nuevo y recuperar su respiración. Era una sensación diferente a cuando su madre hubo descubierto su condición. Pero la experiencia ayuda, y recuperó el habla sin tener que hacer una escena. También Bertrand parecía estar sudando. Pensamos que no había nada tan obvio en estos fotos, tío. El tío se rió. Peter, no era obvio después de todo. En esas fotos ustedes dos se ven como dos niños que se han estado bañando en agua helada. ¿Pero crees tú que siendo hermano de tu padre, él nunca me lo diría? Hijo, ¡él es casi el único al cual yo le hablo! ¡Necesitamos cosas de las cuales hablar. *** En las dos semanas los niños se comieron toda la existencia remanente de película Sensia, provocando una severa caída en la reserva de Provia 100F del tío Augusto, y usaron todos los marquitos de montaje, a tal punto que empezaron a desmontar las diapositivas menos merecedoras para volver a usar los marcos. Sólo la química estaba aún abastecida. Peter consiguió nivelarse con Bertrand en habilidad fotográfica, Pronto estuvieron hablando como profesionales acerca de la profundidad de campo, de la distancia hiperfocal, de la luminosidad del lente, y del error recíproco. El tío Augusto era un buen profesor. Bertrand se especializó en fotografía macro, y no hubo insecto o flor a su alcance a salvo de su lente. En su lugar, Peter desarrolló un atractivo para bellos pájaros cercano al cercado que habían construido. Estaba junto al lago y Peter aprendió a silbar como la llamada de un pájaro, haciendo que se acercaran l suficiente para llenar el marco fotográfico del lente de 400 mm. Hicieron muchas fotos de paisajes, y se levantaron a las 4 AM una noche para subir el cerro del bosque y tomar algunas fotos de la salida del sol entre una camada de nubes. Desarrollaron completa confianza en el tío Augusto. Le preguntaban cosas que nunca hubieran osado hablar con sus propios padres. Obviamente el hombre gozaba ayudando a los niños, enseñándoles fotografía y otras habilidades, incluso cocinar. ¡Y También hicieron música! El tío Augusto era un pasable ejecutante de guitarra, y cantaba con voz de barítono. En otros momentos los niños exploraron su enorme colección de CD y LP. ¡Era el doble que la del papá de Peter! Mozart estaba allí, más que ningún otro compositor. Apenas faltaba alguna composición de Mozart. La última tarde de su estadía, Peter decidió hacerlo, y averiguar acerca de la vida de este singular hombre. Cuando se sentaron en la sala después de un largo día de navegar en el lago, nadar y desarrollar las últimas diapositivas, lo intentó: Tío Augusto, ¿cómo era tu vida antes de llegar aquí? Entiendo que tenías una familia… Hubo una larga pausa. Luego, quedamente, él empezó a hablar. Es una larga historia, y con un capítulo muy triste. Me casé muy joven; tu padre era aún un niño, Peter. Me había enamorado perdidamente de Katja, una compañera de colegio. Nuestro hijo nació muy pronto después de habernos casado, imposiblemente pronto, si entiendes lo que quiero decir. Los niños hicieron un gesto. Lo llamamos Brian, nuestro Pequeño Brillante Brian. Era un niño muy inteligente, y muy activo. Participaba en todo. También cantaba en el coro de la escuela, igual que tú. Nuestra hija nació cuatro años después. Ella era diferente, suave y gentil. Eramos una familia feliz. Terminé mi diplomado mientras trabajaba. Katja también trabajaba, y de alguna forma sobrevivimos. Entonces empecé a trabajar como abogado, y gané mucho dinero con algunos casos. Y entonces, repentinamente, todo se vino abajo. Una mañana Katja fue a dejar los niños a la escuela, pero nunca llegaron. Un idiota que había pasado la noche bebiendo y luego se puso al volante de un camión de 50 toneladas, los aplastó. Todos murieron instantáneamente, los tres. Lo único bueno es que no sufrieron. Tomó una respiración profunda y aclaró su garganta. Los niños se quedaron helados. ¿qué podrían haber dicho? Ciertamente había alguien que había sufrido mucho. Hice lo único que quedaba por hacer. Sepulté mis seres queridos, dejé todas mis causas pendientes y me concentré en encarcelar al idiota. Tú sabes, un abogado profundamente herido puede ser muy peligroso. El tipo aún está en prisión. Se lo merece, dijo Bertrand con convicción. Peter asintió. ¡Y entonces dejaste todo en el mundo y te viniste aquí? No todavía. no todavía, Estuve un tiempo tratando de reconstruir de nuevo mi vida. Dios fue bueno conmigo de nuevo y me envió a Alex. Lo encontré en la calle, en una helada noche de invierno. Estaba en muy mala condición, terriblemente herido y completamente sin esperanzas. Esperaba morir cuando lo encontré. Creo que fue eso lo que me devolvió el deseo de vivir. Yo tenía que vivir, para hacer que este niño viviera. ¿Qué edad tenía? preguntó Peter. Doce años, tal como Brian cuando murió. Incluso se parecía a Brian, y actuaba un poco como él. Bertrand terció. Usted dijo que estaba herido, ¿qué le había sucedido? Si. Había sido castrado y tenía una avanzada infección allí abajo. Los niños abrieron tamaños ojos. Fascinados esperaron más. Alex había perdido a sus padres un año antes, y estaba viviendo con una tía. Algunos primos le hicieron la vida imposible, hasta que el se fue. Hizo todo tipo de cosas, vivió como un muchacho de la calle. Cuando no le quedaba nada más que hacer, empezó a vender su cuerpo. Peter suspiró. Sólo esa idea lo hacía enfermarse. Una tarde alguien lo llevó a un extraño club, una especia de secta pseudo religiosa. Alí Alex fue castrado. Le cortaron sus testículos con una navaja de afeitar, lo encerraron y lo dejaron desangrándose. Luego el grupo desapareció, y Alex se las arreglo para escapar de su prisión. Volvió a las calles, enfermo y totalmente abatido. Los otros muchachos de la calle lo rechazaron y lo golpearon hasta dejarlo casi muerto. Fue entonces cuando yo lo encontré. Peter no sabía qué decir. ¡Había tanta miseria en este mundo! A veces él pensaba que su vida era dura, con la carga de ser un castrado voluntario. Pero contra un destino como el que tenía Alex… él tenía infinitamente más suerte. ¿Y qué fue después de Alex? Bertrand quiso saber. Peter no lo habría preguntado, temiendo lo peor. Bueno, continuó el tío Augusto, Alex obtuvo a tiempo ayuda médica, se repuso y llegó a ser legalmente mi hijo. Yo lo adopté. Lo amé como amaba a Brian. El también hizo de todo. Comenzó a cantar, y tomó lecciones de violín. Por varios años hubo una lucha entre el canto y el violín. Finalmente ganó el violín, e hizo su carrera con él. Es un viajero nato. Ahora está con la Orquesta Sinfónica de Munich en Alemania. Cuando empezó su carrera internacional vendí mi puesto en la ciudad y me vine para acá. Además de tocar, Alees aún gusta de cantar. Ha hecho varias grabaciones especializadas, en un sello privado, sólo para conocedores. Peter preguntó, ¿soprano? Sí. Esa fue decisión de él. Le dije acerca del tratamiento con hormonas de reemplazo y cosas así. Esperaba que él las tomara y sobrepasara el terrible incidente. Pero realmente él no lo quiso, siempre dijo, "quizá el próximo año", y terminó como un real castrato. Pero él es un poco reservado acerca de eso. Lo mantiene todo dentro de un pequeño círculo de amigos. El tio Augusto se puso de pie, y fue a uno de sus estantes de CDs. Buscó un poco y sacó un CD, lo colocó amorosamente en el aparato, lo hizo funcionar, se sentó en el sillón y cerró sus ojos. Una Viola da Gamba abrió la grabación, en la escala menor. Luego entró un hapsicordio. Y luego una voz de soprano, flotante, pura, encantadoramente cristalina. Tenía muchos de los elementos de una voz alta, con un bello sonido acampanado, pero al mismo tiempo era poderosa e intensa como nunca una voz de niño podría haber sido. Peter también cerró sus ojos, y silenciosamente los tres escucharon todo el CD. Ahora Peter sabía que él no era el primero, Sólo era el primero voluntario. El siguiente día encontró a los dos niños empacando sus sacos de dormir y sus ropas. Tenían equipaje adicional, varios cientos de diapositivas. Cuando sacaron sus mochilas a la terraza, el tío Augusto preguntó. Bertrand, ¿estás seguro que no estás olvidando nada? Inseguro, Bertrand volvió a la casa y revisó. Regresó. No, tío, creo que tengo todo. ¡No lo tienes! dijo el hombre, y sacó un atado de detrás de él. Se lo pasó a Bertrand. Era la Canon AE-1, con dos lentes extra colgando de la correa. Bertrand perdió el color. ¡Tio Augusto! ¿realmente? ¿en serio? El hombre sonrió ¡Por supuesto! Te lo mereces. De todos modos yo ya no la uso, puesto que mi nuevo equipo es más versátil que éste. En vez de que esté coleccionando polvo aquí, es mejor si alguien le da un mejor uso. Y Peter, pronto tendrás catorce años. Pide a tu padre una cámara para tu cumpleaños. También te mereces una, pero sólo tengo una para darla. Me aseguraré con él que te consiga algo adecuado. *** Dos meses más tarde, Peter celebraba su décimocuarto cumpleaños. Recibió una cámara, ¡y era una muy buena! Nunca supo si era su padre o el tio Augusto el que la había pagado. Quizá hubiera sido 50-50, quién sabe. Las cámaras fueron a todas partes con los niños, ¡incluso las llevaron a volar! La mayor parte de sus mesadas se consumieron en película y procesamiento, puesto que no tenían procesador de película en casa. Pero hicieron los montajes en casa para ahorrar dinero. Peter una vez trató de tomar negativos, pero la calidad de las impresiones era muy deficiente comparada con las diapositivas, de modo que no repitieron el error. Bertrand se lo había advertido. *** Poco después del cumpleaños de Peter, una tarde, su papá lo llamó aparte. Tenemos que hablar ahora, seriamente, de hombre a hombre. Peter revisó rápidamente su registro mental de desaguisados, pero su conciencia estaba tranquila. El papi lo llevó a la sala y cerró la puerta. Hijo, ahora tienes catorce años. Si quieres alguna vez llegar a ser un hombre normal, ya es tiempo para que empieces una terapia de reemplazo hormonal. Peter sintió la boca seca, su corazón se aceleró. ¡Nunca había esperado algo así! Castañeteando, se puso de pié. ¡Pero papá! ¡yo no quiero nada de eso! ¡mi vida es cantar, y mi voz de soprano es lo mejor de lo mejor! ¡Si cambia, estoy perdido! ¡me siento tan bien así como estoy! ¡por favor, no me hagas eso! y la desesperación lo sobrepasó haciendo humedecerse sus mejillas por más que lo evitara. Peter, Peter, mírame. No te forzaré. Peter lo miró a través de sus llorosos ojos. Realmente pareces tomarlo muy en serio. ¡Por supuesto, así es! ¡Siempre lo tomado en serio desde que empecé! ¿Acaso crees que no lo hacia en serio cuando enrollé esas bandas de goma en torno a mis bolas y las dejé morir? ¡duele como diablos, pero casi no lo sentí por lo mucho que lo deseaba! ¡Eso es tan serio como nada más podría ser! El papá se rió. Alégrate, muchachín. Sólo quería probarte. No habrá hormonas para ti, te lo prometo. Peter de inmediato se sintió aliviado. Pero entonces hay algo más. Peter se puso de nuevo en tensión. No puedes quedarte como miembro de la sección de voces blancas del coro escolar. Esos niños tienen diez a doce años ahora, y quizá algunos pocos, trece. ¿cómo te verás entre ellos, de quince o dieciséis años, medio metro más alto? Más aún, el Sr. Holtmann puede ser un gran profesor, pero hay límites a lo que él puede hacer. Debes tomar lecciones con un profesor de canto particular. Eso era algo que Peter había pensado por largo tiempo. Pienso lo mismo, papi, pero ¿quién? ¿conoces alguno que sepa como entrenar una voz de castrato? He nacido unos pocos cientos de años tarde, y en el lugar equivocado. El papá se rió. No seas tan pesimista. ¿Conoces a Raymond Wilson? El tenor, el que enseña en el College of Music? Sí, él mismo. He hablado con él. Dice que tendría interés en probar suerte con cierto joven castrato. Ahora, necesito conocer tu currículum en la escuela, tan pronto como empiecen las clases, de modo de poder definir cuándo empezar las lecciones de canto. Peter se iluminó de placer. ¡Gracias, papá! ¡esto es muchísimo mejor que lo del comienzo! Luego su cara se oscureció de nuevo. ¿Papá? Sí, hijo. Peter dudó. luego preguntó, ¿crees que el Sr. Wilson querrá tomar también a Bertrand. El Sr. Andrews rompió a reir. ¡Lo sabía! ¡lo sabía! ¡Peter, tú no cambiarás nunca! Luego de calmarse, agregó: También le pregunté acerca de eso. Estuvo de acuerdo que dos castrati serían mejor que sólo uno. ***FIN***
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